23 de junio 2008 - 00:00

Rajoy jubiló a Aznar en congreso del Partido Popular

Mariano Rajoy
Mariano Rajoy
Valencia - Tardó casi cinco años. Pero el fin de semana, Mariano Rajoy puso finalmente punto final a la era del aznarismo y culminó un proceso de renovación del Partido Popular (PP) que sólo se atrevió a iniciar tras su segunda derrota electoral consecutiva en los comicios españoles de marzo y al que se aferró contra viento y marea en una de las peores crisis del partido.

«No quiero que nadie vote al PSOE para que no gane el PP.» En esa frase pronunciada en Valencia durante el XVI Congreso Nacional de la formación principal de la oposición española, Rajoy condensó mucho de lo que en los últimos años ha ocurrido en su agrupación. Dejó claro que quiere que el curso del partido conservador sea ahora «de centro» y apeló al diálogo con los partidos nacionalistas para evitar el aislamiento.

Lo hizo sólo unas horas después de que José María Aznar, presidente de honor del partido, hablase ante una inmensa y abarrotada sala plenaria del congreso del PP sin que se moviese una mosca y entre fuertes aplausos.

  • Legado

  • Aunque con guante blanco, el ex presidentedel gobierno arremetió contra la gestión de quien él mismo eligió en setiembre de 2003 para sucederlo y ahora rompe con su legado. Sólo le otorgó un «apoyo responsable» como «militante más disciplinado» y por la tarde no estuvo presente durante el discurso de Rajoy.

    Llamado a convertirse en presidente del gobierno en las elecciones de marzo de 2004, Rajoy, gallego de 53 años, presenció cómo el Ejecutivo de Aznar echaba por tierra sus posibilidades con la gestión de los atentados islamistas del 11-M, perpetrados sólo tres días antes de los comicios, y que el gobierno se empeñó insistentemente en atribuir a ETA. Después llegaría la «teoría de la conspiración», una vez perdidas las elecciones frente a los socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero, que apuntaba al 11-M como un complot para desalojar al PP del gobierno y que, además de a ETA, implicaba a policías, servicios secretos y funcionarios.

    Fue promovida por los sectores del PP identificados con el aznarismo y la línea dura y medios de comunicación afines al partido, los mismos que en estos últimos cuatro meses han azuzado la crisis del PP y cuestionado una y otra vez el liderazgo de Rajoy, proponiendo incluso candidatos alternativos.

    El PP quedó aislado durante los últimos cuatro años. La gran crispación en torno al proceso de diálogo del gobierno de Zapatero con ETA, apoyado por todos los partidos con la única excepción del PP, contribuyó mucho junto a un discurso antinacionalista mal recibido en el País Vasco y Cataluña.

    En las elecciones generales del 9 de marzo de este año, el centroizquierda y sectores nacionalistas apoyaron al PSOE para evitar que el PP volviese al gobierno.

  • Frase

    «No quiero que nadie vote al PSOE para que no gane el PP.» A todo ello se refería Rajoy con esta frase. Y en ello debió pensar cuando, después de valorar la dimisión tras la derrota electoral de marzo, decidió seguir adelante e ir sustituyendo al ala dura aznarista por personas de su confianza, más jóvenes y con un perfil más moderado.

    En el congreso clausurado ayer culminó el proceso, eligiendo una ejecutiva en la que los críticos y los aznaristas fueron castigados.

    Paradójicamente, Rajoy queda ahora en ella como único superviviente de la «era Aznar» y a la vez representa la renovación del partido que él mismo está girando al centro.

    Hace dos meses, su futuro no estaba claro, con críticos como la presidente regional de Madrid, Esperanza Aguirre, y el ex ministro Juan Costa considerando presentar candidaturas alternativas en este congreso para echarlo del poder y con destacados dirigentes criticándolo públicamente y achacándole falta de liderazgo.

    Finalmente, con la suya como única candidatura, Rajoy sale triunfante de la batalla, posiblemente la más dura de su vida política. Pero aún falta ganar la guerra. La crisis se ha cerrado, pero sólo provisionalmente.

    Su candidatura fue aprobada sin el apoyo del 21% de los compromisarios -sumando abstenciones, votos nulos y en blanco-, algo nunca antes ocurrido en la historia del partido, en el pasado siempre muy disciplinado. Y las críticas al líder, aunque no tan vehementes como en los últimos meses, quedaron también patentes.

    Rajoy se la jugará muy pronto: las elecciones autonómicas del próximo año en el País Vasco, Galicia y los comicios europeos serán la prueba de fuego. Si el PP sale airoso de ellas, el líder estará mucho más cerca de su objetivo de ser confirmado como candidato a la Moncloa para las elecciones de 2012. Si no, los críticos agazapados volverán seguramente a saltar al ruedo.
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