11 de agosto 2008 - 00:00

Resultado amenaza unidad del país

La poblaciónindígena deBolivia votóayerabrumadoramenteporMorales,pero ésteno puedeimponer elliderazgo enlas zonasmás ricas.
La población indígena de Bolivia votó ayer abrumadoramente por Morales, pero éste no puede imponer el liderazgo en las zonas más ricas.
Bolivia debe prepararse desde hoy para una perpetuación de su peligrosa-crisis política, definida por los analistaslocales con la acertada expresión de « empate catastrófico». Es que, en caso de que se confirmen las proyecciones extraoficiales conocidas anoche, si bien Evo Morales revalidó su legitimidad, también lo hicieron sus principales enemigos políticos, quienes se sentirán libres para avanzar desde hoy con renovados bríos hacia una autonomía que, en un extremo, podría poner en peligro la propia unidad del país.

El resultado anticipado por las firmas encuestadoras no entregaba demasiadas sorpresas y,
más allá de nombres propios de vencedores y derrotados y de la sorprendente polémica por el criterio legal que debe definir las revocaciones, reflejaba un ahondamiento dramático de la brecha entre el gobierno central indigenista e izquierdista y las regiones ricas orientales que acaudillan la rebelión en su contra.

Más allá de las controversias y conflictos que han atravesado su gestión, el ex líder cocalero puede exhibir un incremento del porcentaje de votos que lo llevó al poder hace casi tres años. También lo alentará seguramente la derrota de dos referentes de la oposición regional a su gobierno, sobre todo la del cochabambino Manfred Reyes, cuya anunciada desobediencia al referendo deberá medirse ahora en los hechos.

Sin embargo, el saldo dista de ser completamente favorable para el principal aliado de Hugo Chávez en Sudamérica. En lo inmediato, deberá digerir la derrota de uno de sus hombres más fieles, el prefecto (gobernador) de Oruro, Alberto Aguilar. No fueron allí, en pleno Occidente indígena, las fuerzas de derecha las que oradaron la autoridad de éste sino los constantes roces que tuvo con los gremios mineros. Pero, más allá del componente local de ese resultado, la derrota de Aguilar revela una fuga de apoyos por izquierda que seguramente debe preocupar al Palacio Quemado.

Por otro lado, el presidente tendrá que reconocer que su autoridad sigue estando acotada al Occidente indígena del país y que el referendo de ayer no resolvió el hecho de que últimamente ni siquiera ha podido viajar a ciudades tan importantes como Sucre, Tarija y Santa Cruz de la Sierra. De hecho, entre 60 y 70% de los ciudadanos de Santa Cruz, Beni, Tarija y Chuquisaca votaron ayer directamentepor su salida del poder.

Esto actualiza los temores a una fractura de hecho de Bolivia, por más que ninguno de los principales responsables de la ofensiva autonomista se anime a definirla con todas las letras por temor a las reacciones internacionales y, en lo interno, a la de las Fuerzas
Armadas, que han alertado reiteradamente contra cualquier intento separatista.

El prefecto cruceño, Rubén Costas, obtuvo un aval contundente en las urnas (anticipado el 4 de mayo último en ocasión del voto por el estatuto de autonomía de la región) que lo refuerza en su rol de líder de la oposición y motor de una ofensiva autonomista que cobrará desde hoy nuevo ímpetu. Costas ya había anticipado que leería una derrota de Morales en su departamento como una autorización para avanzar con la autonomía, desconociendo en los hechos a un poder central sin legitimidad en su región. La mera anunciación del argumento tiene un nítido color separatista.

Evo Morales soñó los referendos revocatorios como una solución a la crisis política crónica que aqueja a su gestión. Pero lo visto ayer se asemeja a cualquier cosa menos a un avance. Cuando hoy Bolivia despierte seguirá caminando al borde del precipicio.

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