Washington (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El presidente de EE.UU., George W. Bush, develó ayer detalles de un ataque aéreo frustrado de la red terrorista Al-Qaeda contra el edificio más alto de Los Angeles en 2002, poco después de los atentados del 11 de setiembre de 2001.
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Bush dio a conocer datos, hasta ahora confidenciales, de esa trama, a la que presentó como un ejemplo de los éxitos cosechados en la lucha global contra el terrorismo y de la colaboración multinacional en este ámbito. «Sabemos que en octubre de 2001, Khalid Shaikh Mohamed, el cerebro de los atentados del 11-S, ya había puesto en marcha un plan para que un grupo de terroristas secuestrara un avión», dijo Bush en un discurso en la sede de la Asociación de la Guardia Nacional, en Washington.
El mandatario fue más allá al afirmar que los terroristas tenían previsto llevar bombas en sus zapatos para «derribar la cabina de mando y dirigir el aparato contra el edificio más alto de la costa oeste», la torre US Bank de Los Angeles, California, más conocida como torre «Library» porque está al lado de la biblioteca de la ciudad. El edificio mide 300 metros.
En esa ocasión, los terroristas elegidos para la misión no eran de origen árabe como los del 11-S, sino que Mohamed -quien fue capturado en Pakistán en 2003- «buscó hombres del sudeste asiático» que no levantaran tantas sospechas, prosiguió.
Cuando los reclutó, los llevóa Afganistán para reunirse con el líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, y comenzar los preparativos de su ofensiva.
Bush hizo hincapié en que se logró frustrar el atentado «a principios de 2002, cuando una nación del sudeste asiático detuvo a un miembro clave de Al-Qaeda», aunque no dio a conocer ni el nombre del país ni el del terrorista.
Una de sus asesoras de Seguridad Nacional, Frances Fragos, explicó posteriormente, en una conferencia de prensa telefónica, que no pueden desvelar el nombre del país en cuestión porque ni esa nación ni ninguna de las otras que colaboraron en la misión «quieren ser nombradas».
Tampoco quiso revelar si en ese operativo el gobierno estadounidense utilizó el polémico «programa de vigilancia» o de espionaje de presuntos terroristas, cuya legalidad es cuestionada por algunos responsables políticos, y se limitó a afirmar que « utilizamos todas las fuentes disponibles de la comunidad de inteligencia».
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