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Incluso los musulmanes más moderados consideran que la «guerra de Bush» no es la suya. Recientemente sufrieron los daños colaterales cuando una oleada de atentados suicida sin precedentes dejó 300 muertos en todo el país en tres meses. Osama bin Laden declaró en persona la «guerra santa» a Musharraf, al que Al-Qaeda califica de «perro de Estados Unidos».
«Y esta guerra es todavía menos popular en Pakistán porque pasa por el apoyo al régimen de Musharraf, de contornos democráticos dudosos», considera Hasan Askari, ex decano del departamento de Ciencia Política de la Universidad de Pendjab.
Por su parte, Shafqat Mahmood, analista político y editorialista del diario «Dayly News», considera incluso que esta alianza reforzaría a los partidos fundamentalistas, representados en el Parlamento, que sueñan con tomar el control de esta potencia nuclear.
«Nuestros amigos estadounidenses piensan que poniendo a Bhutto y Musharraf juntos en el poder crearán un equipo de ensueño, pero este 'dream team' no puede erradicar el extremismo porque ambos son considerados como hostiles a los religiosos», considera Mahmood.
«No les quedará otra opción que el recurso a la fuerzay la era Musharrad ha demostrado que esta estrategia no funciona», concluyó.
Por otra parte, en ambos partidos se elevan las voces críticas con sus líderes.
En el campo de Bhutto, algunos evocan la «traición» de la ex antimilitarista de los años 90, en un país que ha vivido más de la mitad de sus 60 años de existencia bajo el mando de los generales golpistas.
En el bando de Musharraf, numerosos políticos rechazan la alianza con Bhutto, que amenaza con hacerles perder sus puestos.



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