Rusia pide explicaciones a EEUU por el caso de espionaje y habla de "acciones infundadas"
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El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov.
Según el jefe de la diplomacia rusa, el momento en que se llevó a cabo el desmantelamiento de la supuesta red de espionaje fue elegido "sutilmente", en alusión a las relaciones cada vez más amistosas entre los presidentes Barack Obama y Dmitri Medvedev.
Los dos mandatarios se reunieron el pasado jueves en la Casa Blanca. En el encuentro acordaron una cooperación económica más estrecha, así como un trabajo conjunto reforzado de los servicios secretos y en la guerra contra el terrorismo.
El Departamento de Justicia en Washington había informado el lunes que policías estadounidenses disfrazados de funcionarios del gobierno ruso habían arrestado a los diez sospechosos en varias ciudades del noreste de Estados Unidos y que uno más aún está prófugo. La operación en Nueva Jersey, Nueva York, Massachusetts y Virginia se realizó tras varios años de investigaciones por parte del FBI, la policía federal estadounidense.
La Justicia norteamericana también acusa a ocho de los detenidos del delito de lavado de dinero.
El politólogo ruso Mark Urnov, crítico con el gobierno de Moscú, habló de un "caso sin precedentes con tantos detenidos al mismo tiempo". Fuera de eso, sin embargo, no habría nada extraordinario en el hecho de que los Estados empleen sus servicios secretos. "Esta vez, sin embargo, hasta descubrieron a nuestros agentes". Según Urnov, el caso no enturbiará el nuevo comienzo, más positivo, en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.
Sin embargo, el veterano del servicio secreto ruso Mijail Liubimov expresó sus dudas de que los agentes estuvieran implicados en actividades de lavado de dinero. "Nunca hubo algo así" y consideró que si el escándalo resulta ser una provocación política, Moscú tomaría quizá "medidas represivas" contra, por ejemplo, ingenieros estadounidenses que trabajan en Rusia.
Al parecer, los hombres y mujeres implicados reclutaron desde los años 90 informantes en círculos políticos y reunieron datos para Rusia. Hasta el momento el Departamento de Estado no reveló los objetivos del supuesto espionaje, por lo que aún no se sabe si los agentes tuvieron acceso a secretos de Estado o documentos secretos.
Según contaron los investigadores estadounidenses, algunos de los supuestos espías adoptaron la identidad de personas muertas. Trabajaban intercambiando maletines idénticos con gente de contacto rusos, ocultando mensajes cifrados en páginas web y para transmitir información empleaban técnicas de onda corta o una red de Internet inalámbrica en lugares públicos para transmitir datos de una computadora a otra.
En Estados Unidos las actividades de espionaje para un gobierno extranjero pueden ser castigadas con hasta cinco años de prisión. El lavado de dinero tiene un castigo máximo de 20 años.




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