San Pablo recupera la normalidad, pero sigue intranquila
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La ciudad continúa bajo un fuerte esquema de seguridad.
"Llamo a la población a que no deje de lado el ocio", dijo el comandante Teixeira. "Será una forma de demostrar que Sao Paulo no se rinde a los bandidos", dijo el presidente de Sao Paulo Turismo, Caio Luiz Carvalho.
La Policía informó no obstante que la ciudad permanecerá bajo un fuerte esquema de seguridad policial.
Además, fueron anuladas temporalmente las visitas familiares en numerosos presidios, para evitar nuevos motines con rehenes. En esas cárceles, los principales líderes del PCC que desató la violencia fueron aislados y la señal de telefonía móvil bloqueada, para evitar que organicen nuevos ataques.
Mientras, las organizaciones de derechos humanos reclaman explicaciones, ante el saldo de 109 presuntos delincuentes muertos en los últimos días, cuyos nombres las autoridades dijeron que no informarán.
La ola de ataques comenzó hace una semana con ataques en las calles y motines carcelarios, pero desde el martes se reportaron solamente bajas de "sospechosos". El auditor de la Policía, Antonio Funari Filho, admitió que "todos los homicidios no aclarados que la Policía no asume pueden ser de un comando paralelo o de policías vengando las muertes de sus colegas".
Un portavoz de la secretaría de Seguridad Pública afirmó ayer a la AFP que "no hay ninguna denuncia contra policías", pero que las investigaciones seguirán su curso, en base a los informes de la morgue y de las operaciones.
Ante crecientes presiones de organizaciones de derechos humanos, fiscales y abogados, reclamando que se hagan públicos los nombres de los fallecidos, el portavoz policial dijo que el sigilo se debe a que "es una operación de inteligencia" y que solo así conseguirán detener a más implicados.
El gobernador, Claudio Lembo, dijo a la prensa que los nombres no serán divulgados porque se preserva la intimidad de la familia.
Las autoridades permitieron el entierro de 64 de los fallecidos, cuyos nombres fueron revelados a las familias.
Exactamente una semana atrás, el sábado, el más rico y populosos estado brasileño amaneció bajo una onda de ataques atribuidos a la peligrosa organización PCC, que es comandada desde las prisiones y que según fuentes policiales tiene 140.000 presos a sus órdenes y otras 500.000 personas en las calles.
Esa fuerte estructura se dedica al crimen organizado: desde secuestros hasta tráfico de drogas, lo que le garantiza un gran poder financiero. Su líder, según la policía, es un preso llamado Marcos Camacho, alias "Marcola", que cumple sentencia por robo a banco.
La ola de ataques dentro y fuera de las cárceles fue una protesta contra la transferencia de más de 700 presos de esa facción a un presidio a 600 km de Sao paulo.
La ola de violencia tuvo consecuencias políticas, y convirtió a la seguridad en tema de la campaña para las elecciones generales de octubre. El favorito a la presidencia según las encuestas, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y su principal contrincante el socialdemócrata y ex gobernador de Sao Paulo Geraldo Alckmin, se acusaron mutuamente por la gestión de la crisis.



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