5 de enero 2005 - 00:00

Se entregaron los golpistas en Perú

El líder de la asonada en Perú, Antauro Humala, ayer, al llegar detenido a Lima. Hugo Chávez, quien antes de acceder al poder por el voto popular había realizado una intentona golpista, es uno de sus modelos.
El líder de la asonada en Perú, Antauro Humala, ayer, al llegar detenido a Lima. Hugo Chávez, quien antes de acceder al poder por el voto popular había realizado una intentona golpista, es uno de sus modelos.
Lima (ANSA, EFE) - Fuerzas militares y policiales peruanas sofocaron ayer la rebelión armada desatada cuatro días atrás, que lideró el mayor retirado del ejército, Antauro Humala, desde la localidad andina de Andahuaylas.

Seis muertos y una decena de heridos fueron el resultado de la asonada contra el presidente, Alejandro Toledo, llevada a cabo por 350 reservistas armados encabezados por Humala.

El militar postula la necesidad de crear en Perú un régimen nacionalista, indigenista y antichileno. Su movimiento « etnocacerista» (que evoca al ex presidente Andrés Cáceres, héroe de la guerra con Chile entre 1879 y 1883) denosta también a EE.UU. e Israel, ha adoptado una bandera similar a la nazi, propugna el fusilamiento sumario del generalato y los políticos corruptos e idealiza el pasado incaico.

Toledo advirtió ayer que no tolerará acciones como las de Humala, un militar que en octubre de 2000 se alzó en armas, junto a su hermano Ollanta, contra el gobierno de Alberto Fujimori, cuando estaba a punto de caer como consecuencia de graves denuncias de corrupción.

El líder golpista fue recluido en los calabozos de la Dirección contra el Terrorismo y enfrenta cargos de homicidio, rebelión, terrorismo, asalto de instituciones públicas y secuestro. El y la mayoría de sus seguidores corren el riesgo de ser condenados a más de 30 años de prisión.

El jefe rebelde empezó a sentir la derrota cuando su propio hermano, Ollanta, el aparente ideólogo del «etnocacerismo», tomó distancias desde Seúl, donde ocupa un cargo diplomático, al negar su participación en la asonada.

• Arengas

Humala, según analistas, pensó que su acto de sedición recibiría apoyo de sus camaradas de armas y desataría un estallido social contra el «corrupto e inepto» Toledo.

Desde el inicio de la asonada, tras la toma del cuartel de policía de Andahuaylas, Humala lanzó arengas y discursos de corte nacionalista, dirigidos a campesinos indígenas y sectores pobres. Sin embargo,
no recibió el esperado apoyo popular.

El arresto de Humala cuando negociaba anoche la rendición de sus seguidores puso punto final a una crisis que pareció jaquear al gobierno de Toledo, el mandatario con el más bajo nivel de aprobación popular que recuerde Perú: menos de 9%.

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