Teherán (EFE, AFP, Reuters, ANSA, El Mundo) - La inédita segunda vuelta de los comicios presidenciales en Irán enfrentará hoy al centrista Hashemi Rafsanyani contra el conservador Mahmud Ahmadinayad, que se presenta como «defensor de los pobres».
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La cuestión económica, en un país asfixiado por el desempleo y la inflación, se ha convertido en el eje de la disputa, y se perfila como la clave que decidirá un desenlace que, según las encuestas, se presenta muy reñido.
El último sondeo divulgado por la agencia estudiantil de noticias «ISNA» pronostica un virtual empate entre Rafsanyani, ex presidente del país, y Ahmadinayad, ex alcalde de la populosa Teherán.
En la primera vuelta, el líder centrista obtuvo 21% de los votos, mientras que su sorprendente rival de mañana superó al principal candidato aperturista, Mehdi Karrubi, y terminó en segundo lugar con 19,5% de los sufragios.
Desde entonces, Rafsanyani ha agudizado aún más su novedosoperfil moderado con el objetivo de captar el apoyo de los reformistas desencantados y de la clase media, a la que ha prometido prosperidad económica y una distensión de las relaciones con el exterior -incluso con EE.UU.- que permitan abrir el país a nuevos inversores. Pero también ha puesto en juego su tinte más tradicionalista para llegar a los más desfavorecidos, a quienes ha prometido un incremento en los subsidios de desempleo. Tal estrategia parece haber calado en las clase medias, proclives a entregar mañana su voto a este político que durante su primer mandato (1989-1997) abrió el camino a las reformas.
Entre los más desfavorecidos ha cuajado, sin embargo, el discurso acerado de Ahmadinayad, quien ha prometido luchar contra la corrupción y la discriminación, y se ha comprometido a repartir la riqueza.
En una de sus últimas intervenciones antes del cierre el miércoles a la noche de la campaña electoral, el aspirante conservador denunció que las ricas reservas de petróleo de Irán «están controladas por una familia poderosa», en clara referencia a su oponente.
Muchos sectores de la sociedad, en especial, las mujeres y las clases más acomodadas, temen que la pasión de Ahmadinayad por los principios islamistas lo conduzca a desarrollar un régimen de corte radical religioso similar al que implantaron los talibanes en Afganistán.
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