Sopa "solidaria" y racista en la estación de tren
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La iniciativa se multiplicó en otras ciudades -Niza, Estrasburgo- y en otros países -Bélgica-, sobre todo porque la sopa cristiana es la excusa propagandística de un movimiento político que demoniza la inmigración en el nombre de las prosaicas consignas neonazis.
El discurso coincidió con el decálogo discriminatorio del movimiento SDF, aunque sus dirigentes y voluntarios también detestan las oleadas balcánicas y polacas.
El problema es que no existe la receta de una sopa identitaria para los pobres franceses de quinta generación.Sería una proeza de la gastronomía, una manera de repicar en el cielo del paladar el eslogan que manejan con orgullo los camareros del SDF: «Nosotros antes que los otros».
La sentencia se incorporó a la ideología bastarda de otras asociaciones y grupúsculos que operan en la semiclandestinidad. No podía faltar, entre ellos, el Bloc Identitaire, cuyos patrones o jerarcas se propusieron consolidar la propaganda más a la derecha de Le Pen.
De momento, distribuyen la sopa en las zonas deprimidas de Niza y ofrecen sándwiches... de jamón de cerdo a los hambrientos necesitados.
• Estrategia publicitaria
Se trata de una eficaz estrategia publicitaria. Las campañas penetraron en el debate público y provocaron el contraataque de las medidas disciplinarias. Empezando por París, donde la policía prohibió la distribución de sopas con ingredientesdiscriminatorios. No importa. La ONG Médicos del Mundo se propuso hacer la competencia a SDF mediante una campaña de asistencia real a todos los necesitados. Primero, con la ubicación de unas carpas en varios puntos de París que permiten cobijar a los mendigos del frío. Y, en segundo término, con un menú al alcance de todas las religiones.
La estrategia representa una novedad en la política humanitaria, aunque no va a conseguir disuadir los planes xenófobos de la liga neofascista. Dentro de ella, ganan terreno Solidarité y el belga Renaissance social, con las aspiraciones de hermanarse políticamente para dar respuesta a un electorado inquieto y defender la identidad del croissant.
Ya se sabe, el símbolo de la victoria europea sobre el ejército otomano en Viena (1683). Mucho más sabroso preparado con manteca de cerdo, según sostuvo vehementemente el voluntariado del grupo SDF.
«Con la sopa de cerdo -señaló el líder carismático Roger Bonnivaerd- queremos volver a nuestros orígenes. Es una receta que hacían nuestros antepasados y que nosotros queremos retomar. Si a alguien no le gusta, que no la tome», añadió el tipo al frente de la piara.




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