Caracas (AFP) - Católico fervoroso, amigo de Fidel Castro, sobreviviente de un golpe de Estado y un paro petrolero, el presidente venezolano Hugo Chávez, que hizo del culto a Simón Bolívar el corazón de su revolución, superó una prueba de fuego al ganar el domingo el referendo para revocar su mandato.
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Un crucifijo, una Biblia, una boina roja, un librito azul -la Constitución-han sido las armas blandidas por Chávez, de 50 años, frente a sus detractores. Son los mismos símbolos que enarboló tras sobrevivir al golpe de Estado opositor de abril de 2002, cuando fue rescatado por un grupo de oficiales y decenas de miles de desamparados que bajaron de los cerros de Caracas gritando «¡Volvió, volvió, volvió!».
Chávez intenta hacerse heredero de Bolívar, amparado en el testamento escrito por el héroe, a seis de días de su muerte en 1832: «El deber de los militares es emplear la espada en defensa de las garantías sociales».
Llegó a la presidencia en febrero de 1999, impulsó una reforma constitucional que fue refrendada en diciembre de ese mismo año, y en 2000 fue relegitimado en la presidencia hasta 2006.
Ex teniente coronel del ejército, intentó un golpe el 4 de febrero de 1992 contra el gobierno del dos veces presidente Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993), lo que le valió la baja y la cárcel hasta 1995, cuando fue indultado por el entonces mandatario Rafael Caldera. Para cuando salió de la cárcel, Chávez había adquirido una enorme popularidad que le permitió lanzarse de lleno -y con éxito-a la arena política.
Buena parte de los venezolanos se mostró decidida a poner fin a décadas de mala gestión de los partidos tradicionales Acción Democrática (socialdemócrata) y Copei (demócrata cristiano).
El ejercicio chavista del poder se basa en una simplificación bipolar de revolución y contrarrevolución, adhesión o rechazo. El resultado ha sido una profunda polarización de Venezuela.
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