Tabaré Vázquez va por la vuelta (pero piensa en un difícil balotaje)
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"La crítica desembozada hacia el Gobierno y hacia su performance no encontraría recibo en los votantes, ya que la mayoría de los ciudadanos piensa que el FA y la administración de Mujica hicieron las cosas razonablemente bien. Más de la mitad de los uruguayos aprueba la gestión del presidente", agregó Piñeiro.
Lacalle Pou, hijo del expresidente Luis Lacalle, con una intención de voto de entre el 31% y el 32%, tendría asegurado un lugar en el balotaje. Un logro realmente, dado que a principio de año las encuestas lo ubicaban a 30 puntos de Vázquez.
Su estrategia, denominada "la positiva" es, coinciden observadores, una de las claves de ese éxito, sumado al tono descontracturado en los mensajes y al plus que le da ser el actor novedoso de la elección, más cuando su rival ya gobernó y pertenece a una fuerza que lleva una década en el poder.
"La positiva" consiste en no confrontar y focalizarse en mensajes optimistas como propuesta de Gobierno.
"Lacalle Pou ganó la interna del PN y creció en la opinión de la gente más como una propuesta sobre un modo de hacer política que sobre contenidos. Sin duda le dio resultado", le dijo a esta enviada el docente e investigador del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República, Antonio Cardarello.
No obstante, los buenos resultados económicos y de políticas sociales fueron un arma de doble filo para el FA, porque sacaron a relucir problemas que para sectores de la sociedad los gobiernos frenteamplistas no supieron resolver, principalmente la clase media.
La calidad de la educación y la seguridad tomaron espacio en la agenda política en la recta final. Ésa es una de las razones de que el oficialismo haya perdido entre una porción, aunque minoritaria, de su base electoral que llegaba al 48% y que le permitió hasta ahora tener mayoría absoluta en el Congreso, algo que podría cambiar el domingo.
"Hay cierto desencanto o malestar por parte de sectores de la clase media que sienten que fueron descuidados por el Gobierno, pagan impuestos altos y no reciben servicios acordes a los mismos", señaló Cardarello.
El analista recordó que a principio de año las encuestas mostraban que un 70% de los uruguayos, a diferencia de lo que pasó cinco años antes cuando ganó Mujica, no deseaban más de lo mismo sino un cambio.
"El FA tardó en interpretar este mensaje que sí fue bien captado desde el principio por la oposición, sobre todo por Lacalle Pou. Luego de la interna, el FA dio un viraje en su estrategia y una de incógnitas es si podrá obtener la confianza de los mismos sectores que les prestaron el voto en 2004 y 2009", añadió.
En tanto, Bordaberry (15 a 17% de intención de voto), quien especulaba hasta el miércoles a la noche, cuando se divulgaron los últimos sondeos, con emular al aspirante de la socialdemocracia brasileña, Aécio Neves, e ingresar sorpresivamente al balotaje, comenzó ayer a analizar un eventual apoyo a Lacalle Pou.
Ayer aseguró que el mismo domingo definirá ese respaldo, decisión que será tomada por la dirección del Partido Colorado y no por él individualmente.
Esa alianza, que tiene la complicación de sumar votos de dos partidos tradicionalmente rivales pero hoy ubicados en el mismo bando en reacción a la izquierda, abre una incógnita sobre la resolución del balotaje ya que dejaría a ambos candidatos en un escenario de empate técnico.
* Enviada especial



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