Temor al fracaso ensombrece una cumbre clave en Europa

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Bruselas (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Los líderes de la Unión Europea (UE) iniciaron ayer una cumbre para superar la crisis desatada por el rechazo de Francia y Holanda a la Constitución en 2005, en la que se prevén tensas negociaciones, sobre todo por las exigencias del Reino Unido y Polonia, que amenazaron con bloquear el encuentro.

Al cierre de esta edición, la canciller alemana, Angela Merkel, en su calidad de presidenta de turno de la UE, anunció que no hubo avances concretos en la primera cena de la que participaron los jefes de Estado y de gobierno e indicó que las conversaciones continuarán hoy.

Horas antes del encuentro, el primer ministro británico, Tony Blair, había vaticinado un debate difícil. «Esta puede ser una negociación muy dura. Hemos fijado cuatro áreas en las que queremos cambios significativos», afirmó el premier cuyo gobierno había ido endureciendo su postura en los últimos días.

  • Oposición

    Londres se opone a que la Carta de Derechos Fundamentales de la UE sea legalmente vinculante para los Estados miembro y a que se refuerce la política exterior común europea, porque considera que por esa vía se debilita su propia influencia en el mundo. Gran Bretaña es el más estrecho aliado de EE.UU. en Europa, por lo que detrás de esa resistencia puede verse el rechazo de la propia Casa Blanca a una UE fortalecida en torno al eje franco-alemán en temas diplomáticos.

    El Reino Unido tampoco aceptará en el nuevo texto una cesión de competencias en el control del sistema judicial y policial, y es contrario a que se vote por mayoría calificada cualquier cuestión que pueda tener influencia en el sistema británico de impuestos y beneficios sociales.

    Polonia, por su parte, critica el sistema de voto por doble mayoría -con el cual las decisiones deben ser avaladas por 55% de Estados que sumen 65% de la población-, aunque fuentes alemanas insisten en que los demás miembros rechazan reabrir el debate. El presidente polaco, Lech Kaczynski, no hizo declaracionesal respecto. En el lado de los países que no quieren más cambios al tratado, el primer ministro italiano, Romano Prodi, afirmó ayer que la propuesta de la presidencia alemana es «el último texto aceptable». Asimismo advirtió a los países que quieren recortar algunas de las reformas institucionales acordadas en 2004 que «no podemos volver atrás».

    En la misma línea, el premier holandés, Jan Peter Balkenende, dijo que está «muy contento» con el borrador presentado por la presidencia alemana, pero insistió en que aún no tiene «ninguna garantía» de que se atenderán las peticiones de su país.

    En este sentido, recapituló que los holandeses quieren que se aumente el papel de los parlamentos nacionales en el proceso legislativo de la UE y que los criterios para la ampliación de la Unión sean incluidos en el tratado.

    Los jefes de Estado y de gobierno buscan superar la crisis constitucional abierta por el «no» de los votantes franceses y holandeses en 2005, aunque las reticencias del Reino Unido y Polonia amenazan con llevar este nuevo intento al fracaso.

    El martes pasado, tras seis meses de conversaciones, Alemania presentó el primer borrador del nuevo tratado para sustituir a la Consititución, que hasta la fecha ratificaron 18 socios.

    El texto, de 11 páginas y una gran complejidad técnica y jurídica, mantiene los cambios institucionales previstos en el primer proyecto -instaurar un ministro de Relaciones Exteriores y un presidente permanente o limitar las actuales votaciones por unanimidad, entre otros- y deja afuera la definición de los símbolos de la UE, como el himno, la bandera y la moneda.

  • Preservación

    El documento incluye, asimismo, los 12 puntos que el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, presentaron el domingo a los demás socios con el fin de preservar la esencia del tratado constitucional, incluso si pierde ese nombre y pasa a ser una reforma tradicional -sin referéndum- de otros anteriores.

    Sobre las acusaciones de que se intentan evitar nuevos referendos sobre el tratado por miedo a que se repitan los anteriores fracasos, Merkel consideró «injusto» el análisis. «Es responsabilidad de cada Estado miembro decidir si se va o no a un referéndum, es una cuestión a resolver en cada país», afirmó.

    La meta es acordar un acuerdo claro y preciso para lanzar en julio una Conferencia Intergubernamental (CIG) que ponga por escrito los cambios institucionales, de forma que para las elecciones europeas de 2009 haya entrado en vigor el nuevo tratado.
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