Nueva York (ANSA, EFE) - La traición de un alto funcionario del gobierno de Irak, que le informó a la Delta Force dónde dormiría el presidente iraquí, Saddam Hussein, la noche en que concluía el ultimátum de 48 horas impuesto por los EE.UU., hizo que George W. Bush decidiera adelantar el ataque contra Irak, en un intento por matar a Hussein y a sus principales aliados, informó el semanario «Newseek» citando a fuentes del servicio de inteligencia estadounidense.
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Según «Newsweek», el funcionario iraquí reveló a los servicios secretos de su país que la noche del 19 de marzo pasado Saddam Hussein, acompañado probablemente por sus hijos Uday y Qusay, estaría durmiendo en el búnker blindado construido por ingenieros alemanes bajo una casa en el área residencial del sur de Bagdad.
La información llegó al cuartel general de la CIA poco antes de las 15 (hora de Washington, las 23 de Bagdad). La orden de atacar fue tomada por el presidente Bush cuatro horas más tarde. Por otra parte, «The Washington Post» informó que originalmente la Casa Blanca tenía previsto comenzar la guerra con su campaña de bombardeos aéreos masivos el viernes hacia las 18 GMT, mientras que la ofensiva terrestre comenzaría nueve horas después.
•Sabotajes
El artículo del «Post» asegura que Estados Unidos inició las operaciones de forma secreta horas antes, con el envío de varios cientos de soldados de las fuerzas especiales a varios puntos de Irak para iniciar sabotajes y operaciones. Alrededor de 31 grupos de las fuerzas especiales, unos 300 hombres en total, habían sido infiltrados en Irak en la tarde del miércoles hora de Washington, antes incluso de que concluyera el ultimátum que Bush había lanzado a Saddam Hussein para que abandonara el país.
Sin embargo, el director de la CIA, George Tenet, acudió a la Casa Blanca con información de última hora acerca de la presencia de Saddam y otros importantes miembros de su régimen en un complejo en el centro de Bagdad, aparentemente para pasar la noche.
Luego de una reunión de tres horas en la Casa Blanca, Bush y sus asesores cambiaron los planes y decidieron lanzar un ataque «quirúrgico» para tratar de descabezar al régimen iraquí, al que se seguía la pista desde hacía tiempo.
Un avión «furtivo» F-117 lanzó dos bombas dirigidas de 900 kilos cada una sobre el edificio, denominado en clave Granja Dora, que luego recibió unos 40 misiles de crucero Tomahawk procedentes de varios buques de la marina.
A la mañana siguiente, el general Tommy Franks, jefe del mando central de las fuerzas armadas, recomendó adelantar la ofensiva terrestre, que finalmente se lanzó a las 22 del jueves (hora de Washington), exactamente 24 horas antes de lo previsto.
En cambio, el bombardeo a gran escala, denominado el «Día A», se mantuvo como estaba previsto y comenzó el viernes.
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