En campaña, Trump prepara otro paquete de estímulo y repite la carta del nacionalismo duro

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Enfrenta la oposición del ala más fiscalista del Partido Republicano en el Congreso. Además, firmó un decreto para impedir el ingreso de trabajadores extranjeros altamente calificados y se enfrentó con los gigantes de internet.

Washington - El presidente Donald Trump está dispuesto a enfrentarse con los líderes republicanos del Congreso en su afán por imponer un nuevo paquete de estímulo para acelerar la salida de la recesión, urgido por el calendario electoral y por la posición rezagada que registra en las encuestas de intención de voto.

El mandatario hizo saber que respalda la idea de darles a los estadounidenses una segunda ronda de ayuda financiera para mitigar los efectos de los confinamientos impuestos por la pandemia del nuevo coronavirus, pero choca en ese objetivo con el ala más ortodoxa en lo económico de su Partido Republicano, recelosa de la expansión reciente del gasto público.

De hecho, los líderes republicanos del Congreso y hasta algunos altos funcionarios del propio gabinete dudan de la conveniencia de esa estrategia debido a su potencial efecto inflacionario futuro, dijo ayer The Washington Post.

De acuerdo con el influyente diario de la capital, el secretario del Tesoro Steven Mnuchin respalda un plan fiscal expansivo que complemente el aplicado en marzo, mientras que el principal asesor económico de Trump, Larry Kudlow, se opone a la idea y, como mínimo, sugiere que tenga un alcance menor que el del programa original.

“Vamos a hacer otro paquete de estímulo” con el Congreso, dijo, ajeno a las polémicas, Trump, a la vez que afirmó que una medida bipartidaria en ese sentido se concretaría “probablemente en el próximo par de semanas”.

Los republicanos y demócratas en el Congreso acordaron entregar cheques directos de hasta 1.200 dólares cada uno a millones de estadounidenses, con pagos adicionales de 500 dólares por niño, en una legislación promulgada por Trump en marzo.

Otro proyecto de 3 billones de dólares aprobada por la Cámara de Representantes el 15 de mayo contiene una segunda ronda de pagos de hasta 6.000 dólares por hogar. Pero el Senado -controlado por los republicanos- no trató el paquete de la Cámara Baja.

En tanto, preocupado por un desempleo que al compás de los confinamientos pasó del 3,5% en febrero a un 13,3% en mayo, el presidente vuelve a jugar, tal como hizo en la elección de 2016, la carta antiinmigración. Para eso firmó ayer un decreto que suspende hasta fin de año algunas visas de trabajo para extranjeros.

Según dijo a la prensa un alto funcionario de la Casa Blanca, esta restricción liberará cerca de 525.000 empleos para estadounidenses.

Amazon, Google y Twitter criticaron la decisión del Gobierno de limitar la inmigración, incluyendo puestos de visa H-1B, que permiten a las empresas emplear temporalmente a trabajadores extranjeros en ocupaciones que requieren la aplicación de conocimientos altamente especializados.

“Nos oponemos a la decisión miope del Gobierno. Impedir el ingreso de trabajadores altamente especializados en el país pone en riesgo la competitividad estadounidense”, afirmó Amazon en un comunicado.

“La inmigración ha contribuido inmensamente al éxito económico de Estados Unidos y de Google. Estamos desilusionados de la decisión y seguimos estando junto a los inmigrantes”, sostuvo, por su parte, el delegado de Google, Sundar Pichai.

Twitter, en tanto, expresó que la decisión de Trump “mina uno de los más grandes activos económicos de Estados Unidos: su diversidad”.

Trump rezagado en las encuestas de cara a las elecciones de noviembre, enfrentaba anoche una nueva prueba de convocatoria en una visita a Arizona, uno de los focos del nuevo coronavirus que amenaza a Estados Unidos con una segunda ronda de contagios.

La expectativa era grande ayer dado lo ocurrido dos días antes en Oklahoma, el primer mitin de Trump en su campaña por la reelección, donde registró una concurrencia mucho menor que la esperada.

Estados Unidos es el país más afectado por el coronavirus, con más de 2,3 millones de contagios y más de 120.400 fallecimientos. En tanto, el Estado de Arizona registra 1.351 muertes y más de 50.000 casos, según el balance de la Universidad Johns Hopkins.

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