3 de enero 2005 - 00:00

Turistas toman sol entre los escombros

Turistas toman cerveza ayer en la playa tailandesa de Patong.
Turistas toman cerveza ayer en la playa tailandesa de Patong.
Phuket, Tailandia - Bastaron pocos días para que los turistas vuelvan a bañarse en la misma playa de Patong que el mar puso patas arriba.

La ruta que recorre el arenal más famoso y masificado de Phuket está cortada poco antes de llegar al Club Andaman -un resort de bungalows-, y una brigada de operarios -cerca de un centenar o más-prosigue con las tareas de limpieza de la plaza principal y el paseo marítimo. Mientras los empleados de saneamiento, protegidos con casco, mascarilla y botas de agua barren el pavimento, acarrean bolsas de basura y riegan, frente a ellos, a escasos metros, un grupo de torsos desnudos de piel blanca enrojecida por el sol juega a voley, una veintena de turistas se refresca en el mar y alrededor de otro centenar se tuesta en la amarillenta arena.

«¿La réplica? Puede haber otro tsunami hoy, dentro de díez días o dentro de diez años, qué más da. Si llega, correremos», afirma sin darle importancia el austriaco Hantschk Werner, acompañado de su esposa, Hildika, y su hijo adolescente Daniel, mientras todavía se seca con la toalla.

Muchos turistas se tomaban con mucho temple la posibilidad de un nuevo maremoto. Tal vez la calma venga proporcionada por la celeridad con que las autoridades locales están ejecutando la recuperación del lugar. La playa ya ha sido limpiada y no queda resto alguno de los escombros que esparció el mar ni del barco de unos quince metros de eslora que quedó tumbado cerca de donde ahora se juega a voleibol, como muestra Hantschk Werner en su grabación casera de la tragedia.

«Hemos decidido quedarnos hasta el final de nuestras vacaciones, hasta el día 7, porque el hotel sigue abierto y porque no estuvimos en peligro en ningún momento, simplemente estábamos acabando el desayuno, vimos a gente corriendo y el agua nos llegó hasta las rodillas», explica Hantschk Werner, de 61 años, que trabaja en una empresa de fabricación de plásticos y quien no parece dar importancia a las víctimas:

«Hemos oído noticias de que hay mil alemanes desaparecidos, y si hay alemanes también habrá austriacos, pero no sabemos nada».

La planta baja del restorán japonés Todai ha quedado completamente destrozada, aunque se mantiene en pie. Enfrente hay un descampado donde se acumulan montañas de basura; las grúas y las excavadoras siguen trabajando, llevándose coches empotrados, pero ya no quedan motos acuáticas, que llegaron a ser arrastradas hasta los hoteles, y las calles fueron limpiadas de fango.

• Número de bajas

En Patong, una vez retirados los postes electricos derribados y las conducciones dañadas, sólo unos cuantos faroles caídos al suelo, algunos tejados desplomados y cierto desorden en algunas calles delatan la tragedia.

Se calcula que el tsunami puso en peligro unos 200.000 puestos de trabajo relacionados directamente con el turismo.
«En dos semanas, si todo va bien, abrimos de nuevo», dice convencida Irina Gruneva, una joven rusa propietaria del restaurante U Ksenii, en primera línea de mar. «Sabés, es que inauguramos el restaurante el pasado 27 de noviembre y sólo ha durado un mes».

Pasados los primeros días de confusión, el número de bajas indica que Patong en concreto y Phuket en general (281 muertos, 1.283 heridos y 2.182 desaparecidos) fue la tercera provincia más castigada de Tailandia. En zonas como la isla de Phi Phi, la que la pelicula «La playa» convirtió en icono de los adolescentes que buscan el paraíso tropical, se prevé que habrá centenares de fallecidos, mientras que en la provincia de Phang Nga, que incluye la playa de resorts exclusivos de Khao Lak, se contabilizaron hasta el momento 3.854 muertos -de ellos, 2.151 extranjeros-, 5.597 heridos y 2.430 desaparecidos.

Por la ruta que lleva a Patong, los campos de golf vuelven a estar activos, y las estatuas de bronce de Buda siguen mirando al horizonte con su sonrisa complaciente y enigmática.

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