Un año sin Castro, la economía explota

Mundo

La Habana - ¿Reformas sí? ¿Reformas no? Ya no queda tiempo para deshojar la margarita con preguntas de este tipo. Es la hora de cambios, lo dice el consenso social. E ignorar esa realidad supondría conducir a Cuba al indeseado escenario del caos. Porque quizás nunca en décadas anteriores se había hecho tan visible, al menos en la capital, una opinión tan generalizada a favor de destornillar el oxidado modelo socialista vigente y reconstruir otro, con una arquitectura política y económica ajustada a la realidad de la sociedad actual.

El propio Fidel Castro, en su discurso del 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, confesó que, entre los «muchos errores» cometidos, «el más importante era creer que alguien sabía cómo se construye el socialismo».

La equivocación comenzó, a juicio de varios analistas locales, en 1971, cuando la revolución cubana se contaminó con el virus del modelo stalinista soviético, que impuso en la desenfadada cultura caribeña de la isla los patrones de la centralización estatal extrema, en virtud de la cual las oficinas de una élite burocrática toman decisiones sobre todos los aspectos de la sociedad, oponiéndose a cualquier pensamiento social crítico.

El punto de ruptura entre la sociedad y el citado modelo de socialismo germinó en el llamado «período especial» de la década del 90. La crisis económica vivida en Cuba por el efecto del derrumbe de la Unión Soviética quebró en la isla el contrato social a partir del cual el Estado era aceptado como único benefactor.

Una de las causas de esta ruptura fue la instauración de una economía dividida por dos monedas, el peso nacional y el peso convertible. La adquisición de bienes de consumo fundamentales quedó en el territorio de la moneda convertible, y el salario en moneda nacional pasó a tener valor adquisitivo sólo para costear una calidad de vida precaria. A su vez, la apertura a la inversión extranjera y el turismo pincharon la burbuja del aislamiento que había protegido durante décadas a los cubanos de a pie de las tentaciones capitalistas.

  • Valores sociales

    El país que ha entrado en el siglo XXI tiene una geografía de valores sociales muy diferente de la que existía en las tres primeras décadas del proyecto revolucionario de Castro. Sin embargo, el Gobierno ha decidido mantener la misma retórica de épocas anteriores para que el Estado siga siendo considerado como benefactor social. No obstante, el pensamiento ideológico oficial no ha logrado frenar la contracorriente popular que ha empezado a servirse de la iniciativa personal -legal o ilegal- al margen del Estado con el fin de mejorar las maltrechas economías familiares de los isleños.

    Los cubanos han comenzado así a vivir en dos escenarios diferentes en el mismo espacio. Por un lado, la participación en los rituales políticos para testimoniar fe revolucionaria; por el otro, la necesidad cotidiana de utilizar la iniciativa privada anárquica como única vía para solucionar los problemas desatendidos por el Estado en materia de servicios, transporte público, vivienda, alimentación y bienes de consumo básico.

    La enfermedad de Castro, cuya última aparición pública se remonta al 26 de julio de 2006, ha provocado el efecto de desatar en la opinión pública la inquietud sobre el futuro del país. Ese fenómeno, además de expandirse en los últimos meses, se concretizó en críticas hacia la persistente ineficacia económica del sistema socialista instaurado por el Comandante.

    Raúl Castro, hermano de Fidel y presidente interino desde el 31 de julio del año pasado, expuso, en su resonante discurso del pasado 26 de julio en Camagüey, un programa de gobierno en el que vislumbró una política económica reformista. Este inesperado anuncio, según consideran varios observadores locales, tenía el propósito de apaciguar la impaciencia social por medidas que reconduzcan la economía local hacia una productividad real.
  • Dejá tu comentario