19 de febrero 2004 - 00:00

Un arma de Rajoy contra socialistas

No está claro que la tregua decretada por ETA en Cataluña sepulte las posibilidades de que la oposición socialista haga una buena elección el 14 de marzo y que incluso logre una representación que numéricamente le permita formar gobierno en el Parlamento. Según las últimas encuestas, realizadas después de conocerse la reunión del catalanista Josep Luis Carod con dirigentes de ETA que habría desembocado en la tregua ahora anunciada, las chances del candidato del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, lejos de declinar, aumentaron.

Pero un escenario que sí se presenta como muy difícil para los socialistas es tener a alguien legitimado con quien negociar en el Congreso, no precisamente porque no haya partidos dispuestosa sacar a los populares de La Moncloa.

Por un lado, lo que se da casi por descartado es que el candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy, va a ganar en marzo.
La duda es si le alcanzará para gobernar en solitario, sin alianzas parlamentarias, o si deberá apelar a los moderados de Convergencia i Unió -Cataluña-u otros menores, en cuyo caso, nada está asegurado.

Un mérito innegable de José María Aznar, al menos para sus intereses, es que logró formar consenso en la opinión pública y reducir el espectro de lo que los españoles consideran tolerable en cuanto a la organización terrorista ETA.


Por una eficaz ofensiva político-judicial, esta banda que comenzó a actuar en los setenta contra la dictadura de Franco, ahora se encuentra con un margen de acción mínimo. Su partido político afín, Batasuna (10% a 15% de los votos), está ilegalizado. Sus diarios y revistas, clausurados, aunque funcionan sustitutos. Hasta las «herriko tabernas», bares vascos en los que se juntaban los radicales, fueron cerradas y sus cuentas confiscadas bajo sospecha de que financiaban al terrorismo.

Aznar pudo determinar « corralitos» sobre con quién es lícito negociar en la política española. A tal punto que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que gobierna en Vitoria -una formación de insospechado currículum democrático que ayudó a que Felipe González y a Aznar fueran presidentes de gobiernoquedó prácticamente vedado como interlocutor. Será cierto o no, pero la mayoría de los españoles considera inaceptable negociar con el PNV porque se supone que no es lo suficientemente duro con ETA. Según dicen reiteradamente Aznar y sus funcionarios, «son socios». Sin el PNV, con una ahora más que nunca cuestionada Ezquerra Republicana (Carod), una Izquierda Unida en declive -y también acusada de no ser lo suficientemente dura con ETA-, Rodríguez Zapatero se quedaría casi sin ningún hipotético aliado. Por eso, el candidato socialista ahora repite que la única forma por la que él sucedería a Aznar en La Moncloa será si saca más votos que Rajoy. Misión difícil.

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