31 de mayo 2002 - 00:00

Un arma temible sin controles

Un misil con una carga nuclear lanzado desde Pakistán o la India tardaría entre tres y cinco minutos en golpear el país vecino. Las dos naciones carecen de un sistema escalonado de alerta, de líneas de comunicación directa ante una hipotética crisis nuclear y de los más elementales sistemas de prevención para evitar la utilización unilateral de bombas atómicas en caso de que uno de ellos interpretara erróneamente las intenciones del otro.

Estas son algunas de las conclusiones que se pueden extraer de varios informes militares y de las declaraciones de mandos de los dos ejércitos. La coincidencia en todos los casos es la misma: el riesgo de que el subcontinente indio viva la primera guerra nuclear de la historia es real.

Sólo los líderes de ambos países y sus más estrechos colaboradores conocen el número exacto de armas nucleares a su disposición, pero diversos estudios calculan que la India podría tener 95 y Pakistán 50.

«La situación es mucho más peligrosa que en cualquier momento de la Guerra Fría, a excepción de la crisis de los misiles cubana de 1962. Los programas de prevención simplemente no existen», admite un general retirado paquistaní que prefiere mantener el anonimato.

Si durante la Guerra Fría el elevado número de misiles en poder de soviéticos y norteamericanos fue una medida preventiva dado que ambos países podían destruirse mutuamente, en el caso de la India y Pakistán sucede lo contrario: la tentación de utilizar las armas nucleares primero aumenta ante el temor de que un ataque del enemigo deje al otro sin capacidad de respuesta.

EE.UU. y la Unión Soviética trabajaron después de la crisis de 1962 en la mejora de las medidas de seguridad y prevención, establecieron líneas de comunicación directa, mejoraron la estructura de mando que controla los botones nucleares y negociaron acuerdos que reducían las posibilidades de un ataque unilateral. Sin embargo, la India y Pakistán han sido, hasta ahora, incapaces de tomar alguna de esas medidas.

Los gobiernos indio y paquistaní, en cambio, han emprendido desde 1998 una carrera por incorporar cuanto antes sus armas nucleares a buques de guerra, submarinos y misiles.

•Extremismo

«Ese despliegue aumenta el riesgo de que las armas nucleares sean utilizadas durante una crisis por un error de cálculo», denuncian el físico indio M. V. Ramana y el paquistaní A.H. Nayyar en un artículo conjunto publicado en la revista «Scientific American».

A la ausencia de medidas de seguridad se une la propagación del extremismo en ambos países.
La India vive un resurgimiento del nacionalismo hindú que ha quedado patente con las recientes masacres de musulmanes en el Estado de Gujarat. Por su parte, los servicios de Inteligencia paquistaníes, así como un sector importante de su ejército, siguen todavía la línea islámica más extremista que llevó el país a apoyar al régimen talibán en Afganistán.

Las fuerzas armadas indias han realizado en el último año maniobras sobre la base de un hipotético ataque atómico.
Abdul Kalam, director del programa de misiles del gobierno indio, admite que sus armas nucleares «han sido ensayadas para ser utilizadas en una operación militar». «Nuestras fuerzas armadas se entrenan pensando en ese escenario», añade Kalam.

¿En manos de quién estaría la decisión de lanzar un primer ataque? Estados Unidos cree que la ausencia de claros sistemas de mando sobre los programas nucleares hace especialmente peligrosa la situación.
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Pakistán cuenta ahora con la Autoridad de Control y Comando Nuclear con el presidente,
Pervez Musharraf, a la cabeza. Por su parte, el gobierno de la India ha creado un Comité de Seguridad Nuclear presidido por el primer ministro y supervisado por los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa. A pesar de ello, en el caso de que sobrevenga una crisis, los técnicos encargados del lanzamiento de los misiles podrían no saber quiénes exactamente tienen la autoridad última para dar la orden de apretar el botón.

Tratándose de países que han convertido sus misiles en monumentos nacionales que adornan plazas y calles, no es de extrañar que el gobierno estadounidense se muestre preocupado sobre una confrontación regional y haya vuelto a reiterar que el riesgo de guerra atómica en el subcontinente es real.

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