París - La esperada designación de Nicolas Sarkozy como «número dos» del gobierno del recién nombrado primer ministro francés, Dominique de Villepin, proyecta en el horizonte de los dos próximos años un potencialmente explosivo duelo en el poder.
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«Asumiré mis responsabilidades y mi deber. Qué dirían si decidiese mirar cómo el barco se hunde?», dijo Sarkozy ante los diputados de la conservadora y gobernante UMP, que preside, en una reunión del grupo parlamentario de la Asamblea Nacional, según dijo a la prensa, bajo el anonimato, uno de los presentes en ella.
Esa afirmación, así como su llegada a la reunión, provocaron sendas salvas de aplausos entre los diputados de la UMP, algunos de los cuales le habían lanzado previamente «¡no vayas!», poco después de saberse que era Villepin. Al elegir a su fiel, aunque fogoso, Villepin, Chirac busca un fin de mandato, hasta 2007, sin escaramuzas, frente a un determinado Sarkozy que, al enarbolar como bandera su «libertad de acción y de palabra», le habría hecho perder alguna que otra vez el sueño.
Entre su «hijo político», Villepin, y su rival, Sarkozy, que aspira a reemplazarlo en el Elíseo en 2007, Chirac, que «quería estar seguro de no ser humillado» en los próximos 22 meses, optó por el camino menos tortuoso, en contra, incluso, de la opinión de la mayoría de los franceses, de los diputados de la UMP y de su adorado Alain Juppé, según el vespertino «Le Monde». Otro temor de Chirac, al descartar la opción Sarkozy, era que éste le dijese, un año antes de las presidenciales, como él mismo hizo en 1976 cuando era primer ministro de Valéry Giscard d'Estaing, que se iba porque «no tenía los medios para aplicar su política» con el fin de preparar, con las manos libres, su carrera al Elíseo, según el mismo rotativo.
• Gobierno bicéfalo
Chirac crea de facto una especie de gobierno bicéfalo y sienta las bases de lo que puede ser un duelo explosivo en la cumbre del Poder Ejecutivo.
Sarkozy, de 50 años, que trató de oponersea Villepin, de 51, hasta el final, habría obtenido como condición para volver al gobierno lo que Chirac le negó hace sólo seis meses: acumular una cartera ministerial y la presidencia de la UMP.
Ese sería el precio que pagó Chirac, según la prensa, para firmar una especie de paz armada con Sarkozy, que considera al también ambicioso Villepin como un obstáculo en su camino para las presidenciales de 2007. Aunque hasta el mismo Sarkozy se decía «candidato a nada», lo cierto es que desde que hace un mes Villepin se propulsó abiertamente como candidato a Matignon (sede del Gobierno), el presidente de la UMP le ha lanzado algún que otro dardo. El último y más punzante data del pasado 26, cuando Sarkozy dijo que los únicos que tienen «el derecho de hablar en nombre de Francia» son los que «han afrontado, al menos una vez en su vida, el sufragio universal y conseguido reconquistar su confianza». Era una alusión más que directa a Villepin, que nunca se ha presentado a una elección.
La inclusión de Sarkozy en el gobierno trataría de evitar una guerra abierta, ya que la plataforma de la UMP le da una situación privilegiada para aguijonearlo y lanzar críticas a su política.
Será el duelo entre «el bajo y el alto, el fiscal y el abogado, el diplomático y el alcalde, el lírico y el mediático, el hombre de la escritura y el maestro de la imagen», señalaba el diario «Le Figaro», al destacar que todo opone a Sarkozy y Villepin.
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