Un nuevo magnicidio conmueve el Líbano

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Beirut (Reuters, AFP, EFE, ANSA) - El general François al-Hajj, director de Operaciones Militares y principal candidato a sustituir a Michel Sleiman al mando del Ejército libanés en caso de que éste sea elegido presidente de la República, murió ayer en un atentado con coche bomba en Beirut.

Al-Hajj, cristiano maronita de 54 años, y uno de sus guardaespaldas murieron por la explosión de un coche bomba al paso del vehículo en el que se trasladaba en el barrio cristiano de Baabda, al este de Beirut. La explosión se produjo cinco minutos después de que el general abandonara su domicilio en la zona de Sibia, rumbo a su oficina del Ministerio de Defensa, situado en una de las zonas más protegidas del Líbano.

La Agencia Nacional de Noticias libanesa (ANN) señaló que el cuerpo de Al-Hajj fue despedido 150 metros fuera del coche por la fuerza de la explosión y encontrado posteriormente en un agujero en el suelo causado por una bomba israelí lanzada durante la guerra de junio-julio de 2006.

Al-Hajj fue descrito por un ex responsable del Ejército, citado por la emisora LBC, como uno de los oficiales más importantes de las Fuerzas Armadas, que desempeñó un papel esencial en el despliegue de las tropaslibanesas en el sur del país tras la guerra entre Israel y el grupo proiraní Hizbollah.

Según algunos oficiales del Ejército, Al-Hajj coordinaba también las operaciones de la FINUL (fuerza de la ONU) en el sur del Líbano y era el principal candidato para suceder al comandante en jefe del Ejército, Michel Sleiman, en caso de que éste sea elegido presidente del país.

Sleiman, que se perfila como candidato de consenso tanto de la oposición prosiria como de la mayoría parlamentaria para ocupar la jefatura de Estado, está pendiente de una reforma constitucional que no termina de madurar que le permita ocupar ese cargo.

  • Acusaciones

    Según la carta magna, para que una persona ocupe dos altos cargos de la República deben transcurrir dos años desde que cesa en el desempeño de las funciones del primero para llegar al segundo.

    Desde el 24 de noviembre, el Líbano está sin presidente, luego de que el mandato del prosirio Emile Lahud hubo concluido sin que el Parlamento lograra elegir un sucesor.

    El asesinato de Al-Hajj, el primero de un alto mando militar desde que en 2004 comenzó una cadena de atentadosque acabó con la vida del ex primer ministro libanés Rafic Hariri y de numerosos políticos y periodistas antisirios, fue condenado por todas las fuerzas políticas, que mostraron también su preocupación por la crítica situación que atraviesa el país.

    Asimismo, como en los asesinatos anteriores, surgieron vehementes acusaciones contra los servicios secretos de Siria, país que pretende tutelar al Líbano e influye en sus asuntos internos a través de su alianza con Hizbollah, un grupo sospechado por el atentado de 1994 a la AMIA en Buenos Aires.

    El patriarca cristiano maronita, monseñor Nasrallah Sfeir, condenó el atentado y se preguntó «si son las victorias ( militares) del general Al-Hajj las que están detrás de su muerte». Hajj fue el encargado de dirigir las operaciones contra los combatientes islamistas del grupo radical Fatah al-Islam que se enfrentaron durante más de tres meses al Ejército libanés en el campo de refugiados palestino de Naher el-Bared.

    Siria salió de inmediato a resguardarse de las sospechas por el nuevo asesinato político y, en una nota publicada por la agencia oficial SANA, responsabilizó veladamente a Israel, asegurando que es el beneficiario del ataque.

    En la misma línea se expresó el general Michel Aoun, uno de los jefes de la oposición, quien advirtió contra «la explotación local y occidental» de la muerte.

    EE.UU. condenó el ataque, cometido en «un momento crucial para el Líbano, que busca mantener un gobierno democráticamente elegido y para elegir un nuevo presidente», según dijo el portavoz Gordon Johndroe.

    De manera similar se expresóla Unión Europea a través de su representante para Política Exterior y Seguridad, Javier Solana, quien señaló que «éste es el último de una serie de ataques odiosos a la integridad del Líbano».
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