11 de diciembre 2006 - 00:00

Una trayectoria extensa y plena de controversia

Cuesta vincular mentalmente la imagen de un anciano nonagenario, canoso y con múltiples achaques de salud con la figura de un tirano sin escrúpulos. Pero ahí está. Augusto Pinochet. El mismo hombre que, a sus 91 años, arrastraba los problemas propios de la edad, presidió entre 1973 y 1990 un período dictatorial en Chile durante el que se cometieron brutales atrocidades por las que fue reclamado en múltiples ocasiones por la Justicia, aunque nunca llegó a ser condenado.

Bajo su autoridad, los organismos de seguridad hicieron desaparecer a unos 3.000 prisioneros políticos, decenas de miles de disidentes conocieron la tortura y la cárcel, y más de 30.000 chilenos tuvieron que exiliarse. Unos crímenes por los que acumulaba cerca de 300 querellas criminales por asesinato y secuestro en Chile y otros países.

  • Perfil bajo

  • La historia de Pinochet comenzó en Valparaíso. Allí nació el 25 de noviembre de 1915. Fue uno de los seis hijos de un funcionario aduanero. Sus antepasados habían llegado a Chile desde Gran Bretaña a comienzos del siglo XVIII. A los 18 años ingresó en la Escuela Militar y durante mucho tiempo no fue más que un oscuro oficial de Infantería de perfil bajo, eso sí, con los conceptos de « disciplina» y «obediencia» muy interiorizados.

    Se casó en 1943 con Lucía Hiriart Rodríguez, hija de un influyente político del Partido Radical. Con ella tuvo cinco vástagos: tres mujeres y dos hombres. A los varones les puso por nombre Augusto y Marco Antonio, una muestra de su admiración por la antigua Roma. El mismo se llegó a comparar en alguna entrevista con Lucius Quincius Cincinnatus, dictador romano del siglo V antes de Cristo.

    En octubre de 1972 fue nombrado comandante en jefe, con carácter interino, de las Fuerzas Armadas chilenas en sustitución del general Carlos Prats, quien fue designado ministro del Interior en el gobierno de Salvador Allende. Aunque nunca había manifestado ningún signo de oposición al presidente socialista, y cuando éste declaró Santiago de Chile zona militar en respuesta a las huelgas y disturbios, Pinochet anunció que si éstos persistían sacaría el Ejército a la calle.

    «Para liberar al país del yugo marxista», el 11 de setiembre de 1973 Pinochet y otros mandos militares, entre ellos el almirante José Toribio Merino y el general Gustavo Leigh, perpetraron un golpe de Estado en el transcurso del cual murió el presidente Allende durante el ataque al Palacio de la Moneda. Pinochet asumió el cargo de jefe supremo de la Nación el 27 de junio de 1974 y el 17 de diciembre de ese mismo año fue nombrado presidente.

    Pocas semanas después del golpe, un siniestro coronel y amigo de Pinochet, Manuel Contreras, constituyó una organización de policía secreta, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).

  • Inestabilidad

    A lo largo de su mandato, Pinochet vivió períodos de inestabilidad política y disturbios callejeros, como en 1983 y 1984, cuando la crisis económica provocó innumerables protestas populares que hicieron tambalear al régimen. El 7 de setiembre de 1986, un grupo de extrema izquierda intentó asesinarlo, y desde entonces se rodeó de mayores medidas de seguridad en todos sus desplazamientos.

    Tras perder en 1988 un referendo sobre su continuidad que él mismo convocó, en marzo de 1990 Augusto Pinochet abandonó la presidencia de Chile, aunque continuó como jefe de las Fuerzas Armadas. Además, antes de dejar el poder, se aseguró la facultad de nombrar a los jefes de las Fuerzas Armadas y la designación de nueve senadores. En marzo de 1998, cuando dejó la jefatura del Ejército, juró como senador vitalicio, cargo que le aseguraba la inmunidad.

    Cuando ya se había convertido en un anciano y las familias de las víctimas que sufrieron sus atrocidades se habían acostumbrado al olvido internacional de unos crímenes que ya quedaban demasiado lejos en el tiempo, el juez español Baltasar Garzón emprendió en 1998 un osado proceso judicial sin precedentes, que consiguió la detención de Pinochet en un hospital de Londres, donde había ingresado para una intervención quirúrgica.

    Durante 503 días Pinochet permaneció arrestado en Londres y, aunque finalmente el Reino Unido desestimó la petición de extradición solicitada por el juez Garzón debido al delicado estado de salud del anciano, en Chile se detonó una larga serie de causas judiciales. Hasta el día de su muerte ningún proceso fructificó, pero durante los últimos ocho años, Pinochet tuvo que mirar la cara de la Justicia.
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