7 de noviembre 2002 - 00:00

Victoria personal del presidente Bush

Washington - El presidente de EE.UU., George W. Bush, logró un gran triunfo político en las elecciones legislativas del martes, en las que el Partido Republicano recuperó el control total del Congreso tras una campaña en la que él fue el principal protagonista.

Bush, quien basó la campaña en su estrategia de dar prioridad a las cuestiones de defensa y seguridad nacional, invirtió en estas elecciones todo su capital político, sobre todo en apoyo de los candidatos clave en escaños y estados que iban a decidir las mayorías.

El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, aseguró que «tanto el presidente como el Partido Republicano han hecho historia» en estos comicios, que habían sido considerados como un referéndum sobre la gestión de Bush.

Según varios analistas, Bush ha logrado, en cierto modo, el mandato personal que no obtuvo en las elecciones de 2000, cuando tuvo menos votos que el demócrata Al Gore y fue declarado el vencedor por la Corte Suprema.

A partir de ahora, el presidente tendrá prácticamente carta blanca para su política exterior, en la que el Senado se había convertido en un obstáculo incómodo, sobre todo en la cuestión de Irak.

En la política nacional, Bush se ve libre de obstáculos para su programa de aumentar las reducciones de impuestos (a pesar del déficit fiscal) y de nombrar a juristas conservadores para puestos de juez federal. Además, podrá lograr la aprobación del nuevo Departamento de Seguridad Nacional, que está atascado en el Senado debido a disputas sobre la gestión del personal.

El triunfo republicano rompió así la tradición política de que generalmente el partido en el gobierno sufre un desgaste que lo lleva a perder escaños en la primera prueba electoral.

Desde 1934, con Franklin Delano Roosevelt, el partido en el gobierno no había conseguido aumentar su número de escaños dos años después de la llegada de un presidente a la Casa Blanca.

Bush realizó una campaña trepidante, en la que visitó 17 estados en los últimos cinco días, y batió el récord de recaudación de dinero por parte de un presidente a favor de otros candidatos, con unos 150 millones de dólares.

La Casa Blanca había plan-teado estas elecciones con el objetivo de colocar al presidente como líder indiscutible del Partido Republicano y de la nación. Además, Bush y sus asesores lograron definir la agenda política de las elecciones totalmente a su favor.

En julio pasado, tras la ola de escándalos empresariales que hundieron las Bolsas, da-ñaron a decenas de millones de inversores y arrojaron sombras sobre el pasado empresarial de Bush y su vicepresidente,
Dick Cheney, la Presidencia afrontaba serios problemas. En pocas semanas, la Casa Blanca puso en primer plano la cuestión de Irak, que se convirtió en uno de los ejes de la campa-ña republicana.

Dentro de una estrategia totalmente coordinada, los candidatos republicanos a las dos cámaras prestaron casi la misma importancia a las cuestiones de seguridad nacional, convencidos de que el país, tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, sería más receptivo.

• Sin liderazgo

En el lado contrario, los demócratas, que no tienen un líder con carisma a escala nacional, no lograron hacer valer sus preocupaciones acerca de la incertidumbre de la economía. Aunque el país ha vuelto al déficit fiscal, el crecimiento económico es menor del esperado, ha aumentado el desempleo y el déficit comercial está en niveles sin precedentes, los demócratas no lograron movilizar al electorado con esos argumentos.

El triunfo personal de Bush se extendió también a Florida, el estado donde logró su discutida victoria del año 2000. Allí, el gobernador
Jeb Bush, hermano del presidente, fue reelegido con un importante margen de votos sobre el demócrata Bill McBride, en una elección que se había convertido, por parte de ambos partidos, en una cuestión «personal».

El presidente se manifestó «especialmente complacido» por el triunfo de su hermano, dijo el portavoz de la Casa Blanca.

Bush pasó la decisiva noche electoral en la residencia de la Casa Blanca con algunos de sus principales colaboradores, y realizó unas 30 llamadas a candidatos republicanos ganadores.

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