Victoria personal del presidente Bush
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El triunfo republicano rompió así la tradición política de que generalmente el partido en el gobierno sufre un desgaste que lo lleva a perder escaños en la primera prueba electoral.
Desde 1934, con Franklin Delano Roosevelt, el partido en el gobierno no había conseguido aumentar su número de escaños dos años después de la llegada de un presidente a la Casa Blanca.
Bush realizó una campaña trepidante, en la que visitó 17 estados en los últimos cinco días, y batió el récord de recaudación de dinero por parte de un presidente a favor de otros candidatos, con unos 150 millones de dólares.
La Casa Blanca había plan-teado estas elecciones con el objetivo de colocar al presidente como líder indiscutible del Partido Republicano y de la nación. Además, Bush y sus asesores lograron definir la agenda política de las elecciones totalmente a su favor.
En julio pasado, tras la ola de escándalos empresariales que hundieron las Bolsas, da-ñaron a decenas de millones de inversores y arrojaron sombras sobre el pasado empresarial de Bush y su vicepresidente, Dick Cheney, la Presidencia afrontaba serios problemas. En pocas semanas, la Casa Blanca puso en primer plano la cuestión de Irak, que se convirtió en uno de los ejes de la campa-ña republicana.
Dentro de una estrategia totalmente coordinada, los candidatos republicanos a las dos cámaras prestaron casi la misma importancia a las cuestiones de seguridad nacional, convencidos de que el país, tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, sería más receptivo.
• Sin liderazgo
En el lado contrario, los demócratas, que no tienen un líder con carisma a escala nacional, no lograron hacer valer sus preocupaciones acerca de la incertidumbre de la economía. Aunque el país ha vuelto al déficit fiscal, el crecimiento económico es menor del esperado, ha aumentado el desempleo y el déficit comercial está en niveles sin precedentes, los demócratas no lograron movilizar al electorado con esos argumentos.
El triunfo personal de Bush se extendió también a Florida, el estado donde logró su discutida victoria del año 2000. Allí, el gobernador Jeb Bush, hermano del presidente, fue reelegido con un importante margen de votos sobre el demócrata Bill McBride, en una elección que se había convertido, por parte de ambos partidos, en una cuestión «personal».
El presidente se manifestó «especialmente complacido» por el triunfo de su hermano, dijo el portavoz de la Casa Blanca.
Bush pasó la decisiva noche electoral en la residencia de la Casa Blanca con algunos de sus principales colaboradores, y realizó unas 30 llamadas a candidatos republicanos ganadores.




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