Vuelve la calma a China tras los choques por violencia étnica
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Patrullan las calles las fuerzas de seguridad para evitar nuevas protestas de los clanes de la minoría uigures.
El Congreso Mundial Uigur, de la disidente exiliada Rebiya Kadeer, afirmó que entre 600 y 800 personas murieron en las violencias.
Las autoridades anunciaron el miércoles por la noche que la situación estaba bajo control en esta ciudad de dos millones de habitantes.
Las fuerzas del orden, que la víspera gritaban "¡Protejan al pueblo!, ¡Preserven la estabilidad!", desplegaron este jueves en los camiones que surcaban la ciudad carteles en donde se podía leer "Traigamos la paz a la ciudad", pero también "Aplastemos a los separatistas".
No se vio ninguna aglomeración de gente armada, a diferencia de los días anteriores, y los transportes públicos volvieron a circular durante la mañana, como los taxis, en las grandes arterias de los barrios hanes.
Tras un cierre oficial de tres días, algunos comercios abrieron sus puertas este jueves. Por temor a nuevas violencias, muchos otros permanecieron cerrados.
"¿Cómo la vida puede retomar un curso normal con tantos soldados?", se preguntó por su parte una mujer llamada Li.
El bazar -gran mercado oriental en medio del barrio uigur- no reinició sus actividades. Para algunos, el cierre del bazar ilustra bien la diferencia de trato de las comunidades.
"Allá, en la parte china (china han, ndlr), los autobuses circulan, los negocios están abiertos, pero aquí no. Aquí no hay autobuses y los negocios están cerrados. ¿Es un trato igualitario esto?", dijo el propietario de una tienda de ropa.
Los uigures acusan regularmente a los hanes de tratarlos como ciudadanos de segunda clase y utilizan la excusa de una amenaza separatista para reprimirlos política, cultural y religiosamente.
Según la disidencia uigur en el exilio, los disturbios del domingo estallaron luego de una brutal represión a una manifestación pacífica.
Los disturbios que sacuden al Xinjiang "alcanzaron una dimensión de atrocidades", afirmó el miércoles el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, cuyo país mantiene lazos culturales y religiosos con los uigures, y pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que estudiara el tema.
China lo descartó, afirmando que el gobierno "tomó medidas acordes a la ley", según declaraciones del vocero de la cancillería Qin Gang.



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