En los pronósticos que se desataron ayer sobre los eventuales papables, la prensa internacional insistió ayer en mencionar las chances del cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. Los vaticanistas entienden que una posibilidad cierta es que el próximo Papa surja de Latinoamérica, el subcontinente que alberga gran parte de los católicos del mundo.
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En concreto, las agencias internacionales recogieron la opinión de dos expertos vaticanistas: Marco Politi, del diario romano «La Repubblica», y Orazio Petrosillo, de «Il Messaggero», quienes no descartan que el sucesor del Papa sea por primera vez un latinoamericano. Para Petrosillo, a raíz de los últimos cambios en el cónclave que tendría que elegir al próximo Papa, los que cuentan con mayores posibilidades son el citado Bergoglio, al arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi; el de Viena, Christoph Schonborn; el de Bombay, Ivan Dias, y al alemán Joseph Ratzinger, prefecto de la congregación para la « doctrina de la fe» (ver nota aparte). Otro candidato bien emplazado es el cardenal negro Francis Arinze, 72 años, prefecto de la Congregación para el Culto Divino.
Para Politi, pese a que cree a Ratzinger es un candidato muy firme, Bergoglio podría ser considerado papable junto con un grupo de latinoamericanos, entre ellos el colombiano Darío Castrillón Hoyos, de 75 años, prefecto de la congregación para el clero, y el arzobispo de Tegucigalpa, y el brasileño Claudio Hummes, de 70 años, arzobispo de Sao Paulo. También se anota el hondureño Oscar Rodríguez Madariaga, de 62.
Al cardenal de Buenos Aires lo beneficia la edad, así como el prestigio ganado como un «centrista» entre los obispos. Bergoglio será uno de los grandes electores cuando se reúna el Colegio Sacro. En cambio, su condición de jesuita no lo ayuda. Además, se descuenta que los cardenales vinculados al Opus Dei no votarían a un jesuita. El actual pontífice intervino la Congregación General de la Compañía de Jesús en 1981, y desactivó el peso de la orden, que fuera fundada por Ignacio de Loyola en 1534. Juan Pablo II nombró interventores en la orden de los jesuitas, de quienes recelaba por su proximidad a la teología de la liberación. En 1983, Peter Hans Kolvenbach comenzó a dirigir la Compañía, y las relaciones se estabilizaronen la frialdad.
Actualmente, el Sacro Colegio que elegirá al sucesor de Juan Pablo II está compuesto por 120 cardenales de menos de 80 años, límite de edad para elegir en caso de cónclave, es decir de muerte del Pontífice. Los purpurados se reparten entre 59 europeos, 14 norteamericanos, 22 latinoamericanos, 12 africanos, 11 asiáticos y 2 de Oceanía.
Según las reglas fijadas por Pablo VI, el número de electores debe ser de 120, y muchos de ellos fueron elegidos por el actual Pontífice. Quienes consideran factible que el próximo Papa podría ser no europeo, recuerdan que la elección de Juan Pablo II el 16 de octubre de 1978 fue de hecho una ocasión poco ortodoxa para la tradición vaticana. Se trató del primer Papa polaco, y el primero no italiano en medio milenio.
De todos modos, la Iglesia Católica dispone de muchas opciones, entre ellas un cardenal de ascendencia judía, varios árabes y africanos, y hasta uno de procedencia musulmana para reinar sobre más de mil millones de católicos. Se vienen épocas de globalización y de diversificación de conflictos, y un papable que combine firmeza con comprensión de la diversidad podría encontrar un escenario compatible con su personalidad.
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