Zapatero se precipita hoy en Irak para no tener que huir después
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A pesar de ello, pueden vislumbrarse en el pensamiento de Zapatero dos consideraciones básicas: I) la necesidad de avanzar rápida y sorpresivamente en el tema sobre la base de la doctrina del «hecho consumado» y así evitar presiones internacionales -especialmente, de EE.UU. y Gran Bretaña- en los próximos setenta días tendientes a disuadirlo o condicionarlo y II) obtener una tregua temporal frente a las amenazas del terrorismo internacional, luego del atentado del 11 de marzo, mientras transita su período de adaptación en las nuevas funciones de gobierno y estructura refuerzos en el sistema de Seguridad Interior. A ellas podría agregarse una tercera razón, que es la de intentar «despegarse» tempranamente del complicado giro desfavorable que está tomando para las fuerzas aliadas la situación en el escenario bélico, que impediría un posterior retiro de las tropas españolas de la escena del combate sin pagar el alto precio de que se la caracterizara como una «huida», en el mejor de los casos.
Si ello es efectivamente así, los tres objetivos han sido -en principio- curiosamente, y por el momento, logrados. En efecto; las críticas recibidas de EE.UU. y Gran Bretaña han sido duras, pero no contienen elementos tendientes a que se revierta la decisión tomada, sino sólo a negociar las condiciones progresivas del retiro y el grado de protección que recibirán los efectivos durante ese tiempo.
El líder chiita Moqtada al Sadr, por su parte, ha ordenado a sus seguidores no atacar a las tropas españolas por tres meses, y algunos ven en ello también una señal encubierta de que España tampoco recibirá, en ese tiempo, ataques del terrorismo internacional en su propio territorio.
Finalmente, también es claro que I) los últimos acontecimientos ocurridos en Irak, II) el salto al cerco informativo impuesto por la administración Bush por parte de ciertos medios de comunicación exponiendo públicamente las imágenes de los ataúdes de soldados estadounidenses caídos en combate, III) el resurgimiento en la prensa norteamericana de la pretensión de denominar a la guerra de Irak «el nuevo Vietnam», y IV) la confirmación de la noticia de que la red terrorista Al-Qaeda planeaba volar el sábado el estadio inglés de fútbol en el cual sostendrían su «test match» el Liverpool y el Manchester United con el objeto de perpetrar una «masacre televisada mundialmente» y que pudo ser -felizmente-neutralizado, han bajado los decibeles de las primeras críticas al jefe del gobierno español.
Sin embargo, por debajo de estas sensaciones de victoria rápida y éxito ligero puede esconderse una historia trágica y de consecuencias absolutamente perjudiciales. No vaya a ser que la comunidad internacional pueda llegar a inferir -erróneamente- que la mejor manera de combatir el terrorismo internacional es pactar con él -directa o indirectamente- realizando lo que ellos pretenden o exigen, aunque se invoquen, para ello, razones diferentes o -lo que es peor- que el terrorismo internacional llegue al convencimiento de que digitando elecciones en diversos países, bajo la política del miedo, podrá obtener de los gobiernos democráticos una suerte de retribución por haber generado el vuelco electoral, sobre la base de un pacto mutuo de no agresión convirtiendo el caso de España como el primer ensayo de laboratorio.
Tal pensamiento sería desastroso para el mundo entero y, además, absolutamente falaz, independientemente de lo que cada uno pueda pensar respecto de la guerra de Irak. Como premio adicional a los primeros días de gestión de Zapatero, el Tribunal Constitucional español también rechazó el recurso de inconstitucionalidad que había presentado en su momento el anterior partido del gobierno respecto del plan Ibarrexte que propende a la separación del País Vasco y la concertación de un tratado de libre asociación con España. Si bien los fundamentos dados por el tribunal son meramente procesales y no zanjan el fondo jurídico de la cuestión, constituyen un revés muy fuerte para el partido hoy opositor (PP) y el anterior gobierno de Aznar.




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