24 de febrero 2026 - 14:41

Bioceres: disputa accionaria, default y una asamblea clave exponen la pelea por el control de la gigante del agro

La votación del 25 de febrero será decisiva en medio de acusaciones cruzadas. Los socios deberán decidir si avanzan con acciones legales contra exdirectivos.

Bioceres cotiza en el Nasdaq bajo el símbolo BIOX.

Bioceres cotiza en el Nasdaq bajo el símbolo BIOX.

La asamblea de accionistas convocada para el 25 de febrero se convirtió en el nuevo punto de inflexión de la crisis que sacude al grupo Bioceres un conglomerado biotecnológico nacido en Rosario que hoy atraviesa una disputa de control con ramificaciones financieras, judiciales y bursátiles. Lo que formalmente aparece como un conflicto societario es, en rigor, una pelea por el mando de la estructura que domina patentes, licencias tecnológicas y participaciones en compañías estratégicas del agro, y que se agravó tras una decisión clave: la solicitud de quiebra de la sociedad original, Bioceres SA, apenas días después de un cambio de directorio, movimiento que detonó sospechas internas sobre la intencionalidad del proceso.

El enfrentamiento se desató tras el recambio accionario ocurrido en 2025, cuando el poder interno pasó a un bloque inversor vinculado al empresario uruguayo Juan Sartori, quien consolidó influencia a través del vehículo Union Group Venture Limited. Ese movimiento colocó en la cúspide del organigrama corporativo a Moolec Science, sociedad internacional que pasó a ser la cabecera del grupo y desde donde se toman las decisiones estratégicas. Desde sectores fundadores sostienen que ese reposicionamiento accionario fue el paso previo a una reconfiguración integral del conglomerado; desde el entorno del nuevo controlante lo presentan como una reorganización necesaria para enfrentar la crisis.

Sartori no es un actor menor en el tablero financiero. Además de su carrera política, fue candidato presidencial y luego senador en Uruguay, construyó un perfil de inversor global con participaciones en sectores diversos, desde agronegocios hasta activos alternativos. Su nombre aparece vinculado a operaciones en compañías agrícolas como Adecoagro, inversiones en el ecosistema cripto asociadas a Tether y activos deportivos internacionales, incluido el club inglés Sunderland AFC. Ese historial explica por qué su desembarco en el capital fue leído por el mercado como la llegada de un jugador con lógica financiera antes que científica, interpretación que alimenta hoy la disputa entre accionistas.

Cómo se gestó la disputa de control

Bioceres surgió en 2001 impulsada por productores y científicos con la idea de desarrollar biotecnología aplicada al agro. Con el tiempo armó una estructura multinivel que incluyó adquisiciones y fusiones, entre ellas la creación de Bioceres Crop Solutions, la firma listada en Nasdaq que concentra buena parte del valor tecnológico del ecosistema. Esa compañía cotizante no está en default ni en concurso, pero quedó en el centro del conflicto porque su control depende indirectamente de la cadena accionaria superior.

El vínculo con Sartori se remonta a 2019, cuando una SPAC vinculada a su grupo se fusionó con activos de Bioceres y dio origen a esa sociedad listada en Wall Street. Ese paso marcó la internacionalización definitiva del proyecto y también la entrada de capital financiero global en una estructura hasta entonces dominada por accionistas ligados al sector agropecuario argentino.

El quiebre interno se produjo a mediados del año pasado, cuando el bloque accionario asociado al nuevo inversor logró mayoría en la estructura superior. Desde ese momento comenzaron cambios en la conducción y en la estrategia corporativa que hoy son cuestionados por el management histórico.

Default, quiebra y frente judicial abierto

El episodio que aceleró la crisis fue el deterioro financiero de la sociedad local original. La empresa incumplió pagos de pagarés bursátiles por unos u$s5,3 millones y acumuló pasivos adicionales por decenas de millones. Tras la asamblea del 15 de diciembre de 2025 se removió al directorio previo y se designó una conducción reducida; dos días después, esa nueva administración resolvió solicitar la quiebra, presentada formalmente el 26 de diciembre ante la justicia santafesina. La velocidad de esa secuencia es interpretada de manera opuesta por cada sector: mientras el actual bloque de control sostiene en los documentos presentados ante la SEC que la insolvencia hacía inevitable esa decisión, accionistas históricos consideran que el colapso fue funcional a una estrategia de reordenamiento societario.

Ese giro marcó una ruptura total con la estrategia anterior, que, según reconstrucciones societarias y versiones internas, buscaba renegociar deuda y sostener operaciones. A partir de allí comenzó una escalada judicial. Exdirectivos promovieron acciones para impugnar decisiones de la asamblea y un tribunal civil dictó medidas cautelares que suspendieron parcialmente sus efectos, lo que dejó el tablero corporativo en un limbo legal.

El frente podría ampliarse tras la asamblea del 25, donde está previsto tratar una eventual “acción social de responsabilidad”, figura prevista en la ley societaria para reclamar daños a exadministradores si se considera que sus decisiones perjudicaron patrimonialmente a la empresa. De prosperar, abriría litigios contra autoridades anteriores y elevaría la tensión interna.

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Todas las miradas apuntan a  Juan Sartori, un empresario que fue senador y candidato presidencial de Uruguay y hoy está en el centro de la escena de la crisis que atraviesa Bioceres.

Todas las miradas apuntan a Juan Sartori, un empresario que fue senador y candidato presidencial de Uruguay y hoy está en el centro de la escena de la crisis que atraviesa Bioceres.

El trasfondo financiero y el activo estratégico

Más allá del conflicto interno, el factor económico sigue siendo determinante. Cada sector interpreta de modo distinto el origen del default: mientras el bloque actual lo atribuye a problemas heredados, el grupo fundador sostiene que la situación se agravó luego del cambio de control. En documentos regulatorios internacionales vinculados a sociedades del entramado se explica además que la pérdida de control sobre subsidiarias con patrimonio negativo puede generar ganancias contables por desconsolidación, un efecto técnico que mejora resultados financieros sin implicar ingreso de efectivo y que hoy forma parte de las discusiones entre accionistas.

Dentro del ecosistema aparece también Rizobacter, compañía emblemática del negocio biológico agrícola. Sectores cercanos a su conducción sostienen que mantiene solidez operativa y valor tecnológico propio, aunque reconocen que el ruido societario impacta en la percepción del mercado.

Para inversores y analistas, el punto central es estructural: en un esquema corporativo multinivel, controlar la sociedad madre equivale a dominar indirectamente todos los activos relevantes, aun sin poseerlos en forma directa. Por eso la discusión actual excede el destino de una firma puntual. Lo que está en juego es quién ejercerá el poder efectivo sobre una plataforma biotecnológica que durante dos décadas articuló ciencia, capital y producción agroindustrial.

El desenlace inmediato dependerá de lo que ocurra en la asamblea y en los tribunales que intervienen en el expediente. Pero el trasfondo es más profundo: definir si el futuro del grupo quedará en manos del bloque inversor que hoy controla la estructura o si los accionistas históricos logran recuperar influencia. En otras palabras, no se discute solo una reestructuración financiera, sino el control de uno de los desarrollos tecnológicos más ambiciosos surgidos del agro regional.

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