El café de especialidad gana cada vez más terreno en los bares de todo el país. De a poco, muchos argentinos empezaron a sofisticar ese ritual y aprendieron cómo diferenciar un buen cortado de otro que no lo es tanto, así como apreciar distintas variedades como el flat white, pedirlo con leches vegetales o deleitarse con los dibujos de corazones hechos con la espuma. ¿Pero qué pasa cuando alguien se propone lanzar “el mejor café, por la mejor causa”? Esa fue la idea de la ONG Asociar, cuya cara más visible es la del empresario Roberto García Moritán, cuyo objetivo es fomentar desarrollos socioproductivos en territorios vulnerables, principalmente de la provincia de Buenos Aires, y así generar empleo y autosustentabilidad entre quienes los habitan. Su primer lanzamiento fue el Café Florecer, que nace del encuentro con otros dos actores: Arabicca Coffe Roasters y Civic Thinkers.
Roberto García Moritán y su café solidario: "Hoy mi vida es lo social"
Junto a partners lanzó el Café Florecer, el primer emprendimiento bajo el ala de la ONG Asociar. Este, como otros proyectos futuros, busca dar empleo a personas de barrios vulnerables. En diálogo con Ámbito habló de su cambio de perfil y hasta confesó que le encanta "la política no partidaria".
-
¿Contratar una consultoría es admitir que un líder no puede con su trabajo?
-
Agua por Malvinas: Cada botellón, un gesto de memoria
Diogo Bianchi, la otra cara visible de Florecer, describió que cuando se habla de café de especialidad, donde se cuida desde la semilla hasta la taza, “el valor más importante por detrás de todo esto siempre va a ser el valor humano”. Por eso, se propusieron fue crear un producto alineado con esa forma de pensar. Este café ya se usa en talleres de baristas dictados en una fundación en Villa La Cava, por lo que “indirectamente tenemos ya mano de obra que está siendo beneficiada”. Y, en el futuro, la idea será emplear a personas de barrios populares en toda la cadena de producción, desde la venta minorista a la fabricación de vasos descartables.
Pero según anticipó García Moritán este no será el único emprendimiento con este objetivo. También planean inaugurar líneas de pastas, jabones y lavandinas. Alejado del manejo de los restaurantes peruanos La Mar y Tanta, el empresario aseguró en un mano a mano con Ámbito que su trabajo hoy está más abocado a lo social, enfocado a los emprendimientos dentro de Asociar (nacida hace 6 meses con la idea de nuclear empresas, gobiernos y barrios populares) y asegura que le “encanta la política, pero no partidaria”.
Periodista: ¿Qué podés contarnos del Café Florecer y de los emprendimientos con miras a ayudar a los barrios vulnerables?
Roberto García Moritán: Estamos muy felices de poder presentar Florecer, porque fue un laburo de muchos meses pensar que nuestro primer desarrollo productivo tuviera un significado, que fuera una metáfora de lo que venimos diciendo. Porque la palabra Florecer, desde su concepción, abarca no sólo nuestros valores, sino que en todo su proceso productivo distintas instancias que nos representan. Tienen que ver con la tierra, con la educación, con logística, con el esfuerzo, con el sacrificio, con identidades, estructuras, con trabajo en equipo. Para nosotros es muy importante haber empezado por acá. Venimos trabajando nuestra línea de jabones, lavandinas, pastas, pero esto tenía que ser lo primero, y arrancó con la idea de construir posibilidades. Porque no solo buscábamos financiar lo que hacemos, sino también integrar, darles posibilidades laborales en todas las instancias de la cadena de producción a personas que hoy están fuera del sistema, desde la recolección y la comercialización. Incluso pensamos en armar un concepto retail que sea bien representativo y que tenga una lógica de integración propia cultural de lo más popular de nuestro conurbano.
P .: Asociar también tuvo acciones durante la pandemia, como la sanitización en barrios vulnerables. ¿Cuándo se decidieron a ayudar frente a la Covid-19?
R.G.M.: Nuestro primer objetivo había sido el de la relación entre empresas, pero llegó la pandemia y la cuarentena. Ya veníamos con ideas de generar empleo en los barrios y de dar herramientas a la gente para hacer lanzamientos autogestivos. Pensamos alternativas y una de esas empresas nos dijo: 'les damos todos los productos que necesiten, salgan a sanitizar los barrios vulnerables de la provincia de Buenos Aires'. Nos juntamos los miembros de la organización y decidimos salir a ayudar. A medida que fuimos avanzando y recorriendo los barrios se fueron sumando empresas como AySA y La Mariposa, se sumaron bancos y esta idea que comenzó con acompañar a la gente, repartir lavandina y generar conciencia, terminó convirtiéndose en un pequeño movimiento.
P .: ¿Cómo ven el presente y el futuro de Asociar?
R.G.M.: Nuestro objetivo fue siempre generar empleo, entonces esto que hacemos lo vamos a seguir haciendo siempre, siempre y cuando la Argentina nos habilite. Pero nos sirve sobre todo para crear un vínculo de confianza con la gente. Decirles que estamos para ayudar en momentos difíciles, pero que también queremos dejar algo más, un legado, colaborar para una conformación cultural. Seguimos conociendo en profundidad la Provincia y seguimos asistiendo, pero en donde generamos buen vínculo con referencias trabajamos otras cuestiones como en la educación, como por ejemplo, llevamos un programa digital para capacitar programadores para que tengan una salida laboral. Al trabajar con referentes empezamos a generar vínculos de confianza en desarrollos productivos.
P.: ¿Cómo hiciste para que convivieran o dejaran de convivir esta tarea con la actividad de los restaurant La Mar y Tanta?
R.G.M.: Hoy estoy con esto. Tengo muy buenos socios que están operando La Mar y Tanta, que hicieron un gran trabajo y saben más que yo. Mi vida hoy es lo social. Tenemos desafíos enormes junto con los referentes de los barrios con los que trabajamos para darles herramientas a la gente y que así se vuelvan autosustentables e independientes. Nuestra aspiración es poder colaborar en democratizar los barrios.
P .: Hablás de un fuerte interés en lo social y de democratizar. ¿Alguna vez pensaste en dedicarte a la política?
R.G.M.: Me encanta la política, no partidaria. La verdad es algo que no nos planteamos todavía, tenemos mucho por hacer desde nuestro lugar. El día que lleguemos a un techo nos sentaremos con los del equipo y lo replantearemos, pero hoy podemos dar más desde donde estamos.
P .: Fue un año difícil para todos y también lo fue para vos, desde las dificultades en el sector gastronómico hasta la muerte de tu exsuegro Jorge Brito. ¿Cómo te hizo crecer este 2020 como persona y como empresario?
R.G.M.: Salimos a poner el pecho, a repartir lavandina, alimentos. Comprendimos que era un momento en que no había que pensar en las penas sino en soluciones y lo hicimos. La pandemia nos volvió mejores personas.
La gastronomía, en su año más difícil
Fue famosa la foto de Roberto García Moritán haciendo delivery para La Mar y Tanta. Pero también Diogo Bianchi, desde Hacienda Café hizo lo propio. Ambos contaron sus anécdotas de cómo sortearon este año difícil y qué anécdotas quedaron, tras la experiencia.
Roberto García Moritán: Las pymes en Argentina somos de ponerle el alma, el amor y el cuerpo. Todos nos convertimos en multifunción. Hice deilvery, pero me podías haber visto cualquiera de esos días haciendo cócteles, atendiendo el teléfono o más tarde sirviendo una mesa. Si me preguntás una anécdota, te cuento una de cuando hice delivery, que fue en los momentos más estrictos del aislamiento y había controles de circulación por todas partes. Una noche me para la policía. Les dije 'estoy repartiendo comida' y me miraron con desconfianza, no me creían. Les volví a decir 'te juro que sí' entonces miraron que en efecto tenía comida y el permiso de esencial. Sorprendidos, me dejaron seguir.
Diogo Bianchi: Yo dejé de vender mis productos desde mi empresa y les dejé esa tarea a mis clientes. Les dije, véndanlos ustedes y páguenme cuando puedan. Era la única manera que teníamos para salir adelante todos y de los 24 lugares que tengo como clientes, solo uno cerró. Nos apoyamos entre nosotros no para generar ganancia, sino nuestra supervivencia. Si un cliente me pedía café Arabicca, yo mismo le decía que le comprara directamente a otro de mis clientes. Y una de las cosas inusuales que me tocó hacer fue el armado del packaging de mis productos, porque la persona encargada de esa tarea es grande y tuvo que quedarse en su casa. Entonces, estuve en la mía sellando y poniendo etiquetitas, mientras mis hijos saltaban al lado.
- Temas
- café
- Empresas
- Trabajo
- barrios populares








Dejá tu comentario