24 de julio 2026 - 16:32

La carrera por liderar el desarrollo de inteligencia artificial genera deudas ocultas multimillonarias en las grandes tecnológicas

Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle acumulan pasivos fuera de balance por u$s1,65 billones. Se vinculan con gastos en centros de datos y capacidad de procesamiento para inteligencia artificial.

Meta acumularía unos u$s420.000 millones en deudas por fuera de su balance, casi tres veces mayores al pasivo que figura en su balance.

Meta acumularía unos u$s420.000 millones en deudas por fuera de su balance, casi tres veces mayores al pasivo que figura en su balance.

Detrás del boom también se está gestando una nueva fuente de vulnerabilidad financiera: el crecimiento de los pasivos fuera de balance, obligaciones que las empresas aún no registran como deuda tradicional pero que deberán afrontar en los próximos años.

Un informe elaborado en Japón por Nikkei y difundido esta semana, basado en el análisis de los estados financieros de Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle, calcula que esas cinco compañías ya acumulan u$s1,65 billones en "deuda oculta".

Esta cifra es equivalente al 122% de la deuda que actualmente figura en sus balances. Se trata de compromisos de largo plazo asociados principalmente a contratos para construir, alquilar y operar centros de datos destinados a inteligencia artificial, según el informe.

La magnitud del fenómeno refleja el cambio de escala que atraviesa la industria. Hasta hace pocos años, las inversiones tecnológicas se financiaban mayormente con flujo de caja propio.

Sin embargo, la necesidad de desplegar enormes capacidades de procesamiento para entrenar modelos de IA está obligando a las compañías a comprometer recursos durante períodos de hasta diez o quince años, muchas veces mediante contratos que todavía no aparecen como deuda financiera bajo las normas contables vigentes.

Un recurso contable válido, pero no inocuo

Los especialistas aclaran que no se trata de una maniobra ilegal ni de un ocultamiento contable. Las obligaciones permanecen fuera del balance porque corresponden a contratos cuyos activos aún no entraron en funcionamiento.

Mientras los centros de datos permanecen en construcción o las instalaciones todavía no prestan servicios, esos compromisos se informan en las notas de los estados contables, pero no incrementan formalmente el endeudamiento de las compañías.

El caso más llamativo corresponde a Meta, que acumularía alrededor de u$s420.000 millones en obligaciones por fuera de su balance, aproximadamente tres veces superiores a la deuda financiera que declara oficialmente.

Oracle aparece como otro de los casos más significativos: sus compromisos asociados a infraestructura de IA crecieron de manera explosiva durante los últimos cuatro años, impulsados por su estrategia de convertirse en uno de los principales proveedores de capacidad de cómputo para modelos de inteligencia artificial.

Las grandes tecnológicas firman contratos de largo plazo con operadores de centros de datos, empresas energéticas y fabricantes de infraestructura, garantizando pagos futuros independientemente de que la demanda efectiva de servicios de IA alcance o no las proyecciones actuales.

Esos acuerdos permiten acelerar la construcción de capacidad informática sin necesidad de registrar inmediatamente toda la inversión como deuda.

El fenómeno coincide con un crecimiento sin precedentes del gasto de capital del sector. Diversas estimaciones proyectan que los grandes "hiperescaladores" destinarán más de u$s700.000 millones a infraestructura de IA durante 2026, mientras algunos bancos de inversión consideran que la inversión global podría acercarse a u$s3 billones hacia 2028.

El impacto en el sistema financiero

Esa expansión también está transformando el mercado financiero. En lugar de depender exclusivamente de préstamos bancarios tradicionales, las tecnológicas recurren cada vez más a emisiones de bonos, fondos de crédito privado, vehículos de propósito específico (SPV) y sociedades conjuntas para financiar la construcción de centros de datos.

El resultado es una arquitectura financiera mucho más compleja que traslada parte del riesgo fuera de los balances corporativos.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS) advirtió recientemente que este tipo de estructuras puede dificultar la evaluación real del nivel de apalancamiento de las compañías.

Según el organismo, la creciente utilización de financiamiento fuera de balance para proyectos de IA obliga a inversores y reguladores a analizar no sólo la deuda registrada, sino también los compromisos contractuales de largo plazo que aparecen en las notas de los estados financieros.

La preocupación no radica únicamente en el volumen de las obligaciones, sino también en la incertidumbre sobre la rentabilidad futura de las inversiones.

Construir un centro de datos especializado para inteligencia artificial implica compromisos multimillonarios que pueden tardar varios años en recuperar su inversión.

Si el crecimiento de la demanda de IA resultara inferior a las expectativas actuales o la evolución tecnológica volviera obsoletas determinadas instalaciones antes de tiempo, esos contratos igual seguirían generando pagos durante muchos años.

Las nuevas dudas de Wall Street

De hecho, el creciente costo del capital ya comenzó a influir en la percepción de los mercados. En los últimos meses, varios analistas de Wall Street señalaron que la principal incógnita dejó de ser la capacidad tecnológica de las grandes plataformas y pasó a ser la rentabilidad económica de semejante nivel de inversión.

El aumento de las tasas de interés y el mayor costo del financiamiento hacen que cada dólar destinado a IA sea observado con mucho más detenimiento por los inversores.

Alphabet constituye uno de los ejemplos más visibles. La compañía elevó nuevamente sus previsiones de gasto de capital para sostener el desarrollo de infraestructura de IA.

Esta decisión coincidió con un deterioro de su flujo de caja libre y generó preocupación entre algunos accionistas respecto del ritmo de inversión y de la necesidad de seguir recurriendo al mercado de deuda.

Mientras tanto, bancos de inversión como Morgan Stanley están diseñando nuevas estructuras financieras para sostener la expansión de la infraestructura de IA.

Bonos respaldados por contratos de grandes tecnológicas, financiamiento específico para GPU y vehículos destinados exclusivamente a centros de datos se multiplican a medida que el mercado intenta absorber una demanda de capital sin precedentes.

Los analistas coinciden en que las cinco grandes tecnológicas cuentan con balances sólidos, elevados niveles de liquidez y una capacidad de generación de ingresos muy superior a la de cualquier otro sector.

Sin embargo, sostienen que la verdadera dimensión del riesgo sólo puede evaluarse incorporando los compromisos fuera de balance, ya que representan obligaciones económicas reales aunque todavía no figuren como deuda tradicional.

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