Entre las primeras medidas que tomo Javier Milei apenas asumió la presidencia estuvo la de confirmar a Marco Lavagna al frente del INDEC -quien había asumido el cargo en 2019 tras una negociación entre Alberto Fernández y Sergio Massa, quien lo impulsaba- anunciando un proyecto para sacar el organismo de la órbita de economía.
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Dicen que “a cada Chancho le llega su San Martin”. Como el Arlequín de Carlo Goldoni, Marco Lavagna ha sido servidor de múltiples patrones y no tuvo pruritos en poner el INDEC al servicio de lo político. La ironía del caso es que en enero de 2023 Sergio Massa propuso blindar y devolverle al INDEC su autarquía, un tema cada vez más alejado en la agenda de los Libertarios.
Hoy, no tenemos más a Lavagna presidiendo el INDEC y el INDEC ha vuelto a estar firmemente bajo la égida del poder Ejecutivo/ministerio de Economía.
Pero arranquemos por lo último. El desastre que hizo el kirchnerismo con el INDEC entre 2007 y 2015 es harto conocido, y “la recuperación” de las estadísticas se convirtió en una de las banderas durante la campaña presidencial de Mauricio Macri.
Con la llegada del PRO al poder, Jorge Todesca -cuya consultora fuera una de las atacadas por Guillermo Moreno- asumió la dirección del organismo en diciembre de 2015 y se declaró una emergencia estadística por un año, dando casi pleno poder al director.
En un principio, la gestión de Todesca tuvo claros y oscuros (los cambios en la EPH, que favorecieron al gobierno, fueron por lo menos cuestionables), pero a grandes rasgos se la consideró correcta, logrando una normalización/profesionalización del organismo, que recuperó el reconocimiento de sus números por parte del FMI.
Los proyectos de autarquía
Esto comenzó a cambiar a fines de 2017. Durante el acto aniversario, en enero, Todesca había presentado un proyecto buscando que el INDEC recuperara su histórica autarquía. El proyecto quedó cajoneado hasta que en diciembre surgió desde la cartera de Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda, un nuevo proyecto que colocaría al INDEC bajo la órbita explícita de su cartera.
A lo largo de aquel año se conocieron algunos datos, como las estadísticas de ventas en supermercados, despachos de cemento y la medición de la pobreza -en particular los números de mayo para Córdoba que generaron un escándalo), disparando la furia del ministro. Mientras del INDEC había propuesto que una Bicameral del poder Legislativo lo controlara, desde el Ejecutivo buscaron que fuera un nuevo organismo integrado por los representantes de tres ministerios y el Banco Central.
Los vaivenes políticos hicieron que el pergeño de Dujovne quedara -¿puedo decir que por suerte?- en la nada, por lo que la Ley 17.622 de creación del INDEC, aun sin que nadie la respetara, continuó siendo su teórico marco rector.
En noviembre de 2019, a dos semanas de dejar el poder y en pleno descalabro económico (cero chance de que saliera aprobado, pero con esto pretendían cubrir un poco las apariencias y maniatar al gobierno que venía), ahora con Hernán Lacunza como ministro de Hacienda y el aval de Todesca, los macristas anunciaron otro proyecto de ley para convertir al INDEC en un ente autárquico… autárquico hasta ahí nomás porque lo ponían bajo la orbita del Jefe de Gabinete.
Durante la primera semana de 2023, el ministro de Economía, Sergio Massa -quien había asumido Economía en agosto del 22- le presentó a Alberto Fernández un nuevo proyecto de autarquía para el INDEC. El presidente lo firmó y el 26 de enero se incluyó en el temario de las Sesiones Extraordinarias (publicado en el Boletín Oficial). Es difícil sorprenderse si decimos que el tema no se trató y que obviamente no se aprobó.
Lo interesante del caso es que el proyecto de Massa era un avance sobre el macrista de 2019, ya que si bien copiaba mucho de lo de aquel (incluso la idea de un INDEC bajo la órbita de Economía -sea lo que sea que eso significaba-), le daba una mayor independencia al colocarlo bajo el control de una comisión bicameral del Congreso y un Consejo Directivo con representantes de las provincias, universidades y sindicatos (es claro que no podía faltar una “pata peronista”) en lugar de la Jefatura de Gabinete.
Llegamos así a principios de 2024 cuando desde el recién asumido gobierno mileísta anunciaron con bombos y platillos que enviarían al Congreso un proyecto para modernizar y darle una verdadera autarquía al INDEC. Lo que hicieron fue básicamente tomar lo de Massa y quitarle esa “pata Peronista”, lo que prometía que finalmente el INDEC recuperaría su autonomía económica y política.
Pasaron los días, pasaron los meses (en septiembre de 2024 Milei le aseguró personalmente a Lavagna que el proyecto sería enviado antes de fin de año), pasaron los años y el proyecto nunca cruzó la entrada de Av. Rivadavia 1864.
Un cambio en el algoritmo
Si bien no hay una ley específica, las buenas prácticas aconsejan que las entidades encuestadoras de precios actualicen su canasta de referencia cada 10 a 15 años como máximo, para reflejar los hábitos reales de consumo de los ciudadanos. La última vez que esto ocurrió seriamente entre nosotros, fue en 2005.
En marzo de 2024 el INDEC anunció que se estaba implementando la actualización de la base del IPC, en junio esto se confirmó y a principios de septiembre vino el anuncio que ya estaba todo listo y para noviembre publicaría por fin un IPC optimizado que reflejase los cambios en los hábitos de consumo según la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-18.
Antes de seguir con la historia, veamos de qué estamos hablando.
Ok, 2017-18, esta encuesta es vieja y está lejos de reflejar los brutales cambios en los gastos y consumos que tuvimos en los últimos ocho años, pero es la última medición que tenemos de la ENGH. De hecho, si quiere un consuelo, “casi tontos”, es infinitamente mejor que la canasta previa que se basa en lo que los argentinos consumíamos hace 22 años.
Por si no lo recuerda, ya casi nadie usa hoy CDs, cámaras digitales, MP3, teléfonos fijos y contestadoras, videocaseteras, agendas de papel… en aquel entonces los automóviles consumían en promedio casi 9L cada 100 km, hoy estamos en 7.5; consumíamos 2188.4 KWh per cápita el año pasado llegamos a 3.100/3200 KWh; entonces ingeríamos unos 95 kg de carnes (63 vacunos) por habitante al año, el año pasado habrían sido 116 (pero menos de 50 vacunos); nos pasábamos unas 4 horas por día frente al televisor (3 TV abierta, 1 paga) escuchando 3 horas de radio, hoy la cosa se dio vuelta, es 1 hora de TV gratuita y 3 pagas, con 5 horas de radio (antes había unas 1.350 estaciones en todo el país, hoy son casi 6.200 entre físicas y virtuales); claro que mucho de esto lo hacemos a través de nuestros teléfonos satelitales, con los que nos enganchamos unas 6 horas al día.
Las cosas y nuestros hábitos de consumo cambiaron mucho, muchísimo, así que el IPC del INDEC hace tiempo dejó de reflejar la verdadera inflación que sufrimos los argentinos.
Como dijimos, la nueva base está lejos de ser precisa, pero las cosas mejorarían un poco. El número de precios relevados crecería 56% a medio millón y el de las fuentes 43% a 24.000; vivienda y servicios cuya ponderación en el índice actual es de 9.44%, pasarían a 14.5%, transporte de 11% a 14.3% y comunicaciones de 2.83% a 5.2%, mientras alimentos y bebidas no alcohólicas caería de 26.96% a 22.7%, y salud de 8.03% a 6.4% (ya sé, coincido… con una población que envejece y la liberación de las prepagas, esto luce como un disparate).
Volviendo a la historia. Finalmente llegó noviembre y nada pasó (si bien todo estaba listo); luego vino diciembre y ya nadie hablaba del tema; cambió el año, en enero la niebla del olvido, en abril, tratando de salvar el papelón, Junior dio alguna explicación no del todo coherente deslizando que la reforma ya estaba lista para ser implementada a la brevedad.
Pasó “la brevedad”, y la orden “de arriba seguía siendo la misma, “pisar el nuevo índice”. En agosto, Lavagna reconoció que “Terminamos los trabajos (con la nueva base) en marzo pasado y estamos esperando poder implementarla”, pero “estamos en momentos que no son los más indicados para hacer estos cambios, que son muy sensibles, y estamos esperando el momento para hacerlos”, “Son índices que siempre generan muchos ruidos para un lado y para el otro”. En castellano: no hacemos los cambios porque podrían afectar las chances electorales del Gobierno.
“Si todo sale bien -¿?- esperamos después de las elecciones poder implementar el cambio, estamos con una discusión técnica si conviene hacerlo justo después de las elecciones o conviene desde lo técnico, es lo más indicado conviene empezar el año 2026 con el índice nuevo para tener los años bien comparables. Pero sí, lo que tenemos que esperar es este proceso que termine”, había dicho.
En el informe del Índice de Precios al Consumidor difundido en septiembre, se confirmó que a partir de enero de 2026 los precios se estimarían con la nueva base, lo que se ratificó en octubre.
El problema es que el “sincericidio” de Lavagna comenzaba a arrinconarlo. Había admitido que pateaba la actualización del IPC, que le sumaria unos puntitos al índice, por cuestiones electorales.
Luego del escandalete de diciembre pasado por la medición de la actividad económica, la alicaída imagen de Marcos estaba más que deteriorada. Así que cuando unos días atrás, alguien volvió a cursarle desde economía la orden de volver a pisar el nuevo índice, se quejó.
Junior, cuya actuación hasta aquí había sido fue casi un remedo perfecto de aquel “Gianni Della Nata” (…le pertenezco señor), tuvo un atisbo de rebeldía al verse entre la espada y la pared.
La sublevación, de quien hasta aquí había sido un fiel soldado de los libertarios, hizo que Milei ardiera. “El Toto” decidió entonces ponerse el traje de Guillermo Moreno, darle una patada a Lavagna Jr, posponiendo indefinidamente el cambio de base del IPC -en teoría sería hasta agosto, cuando según ellos la inflación rondaría el 0%-, evidenciando una intervención “de facto”.
Que la decisión fue intempestiva, la deja a las claras el último Informe de Política Monetaria del Banco Central (difundido el 29 de enero) que arranca el apartado técnico 3/Actualización del IPC-INDEC Cambios esperados y sus implicancias: “En febrero de 2026, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) comenzará a publicar la inflación”.
¿Qué pasó? Al principio, desde el Gobierno intentaron justificar la desvinculación por una pelea con el “Pichichi”, uno de los funcionarios menos gravitantes y de menor poder en la administración Milei. Obvio que si esto generó algo fueron sonrisas de incredulidad.
Como la versión no cuajó, a las pocas horas los ministros Adorni y Caputo saltaron al rueda declarando “(Lavagna) renunció porque se ha estado trabajando en la nueva metodología del INDEC y Marcos tenía como fecha implementarlo ahora” (se refiere al valor de enero, que se conocerá el día 10), agregando que “con el Presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar un cambio una vez que el proceso de desinflación estuviese totalmente consolidado” (es decir cuando la inflación rondara el 0%).
La realidad es que más allá de los dichos ministeriales, la verdad es que lo sucedido no se entiende, lo que significa que hay algo que no conocemos.
Es cierto que, aunque a algunos no les guste, el plan del gobierno en el frente inflacionario no está funcionando como se previa. Con el nuevo índice, la cosa se podría peor, pero tampoco tanto peor.
Aunque limitada, la medición de la inflación más respetada en el mundillo académico es la de Martin Gonzales Rozada (de la UTdT); para todo 2024 le dio, con su base más “moderna”, 133.6% en lugar del 117.8% del INDEC (13.4% más). El año pasado 33.6% contra el 31.5% del INDEC (6.66% más). Para este enero, cuando el gobierno apuesta a algo parecido al 2.5% sus números rondarían 2.8-2.6% (8% más -ojo que no cuenta el cambio de base-).
Como se ve, más allá del salto durante el mes de traspaso, la diferencia entre la vieja y la nueva base es en realidad casi marginal, por caso, si este año se cumplen las expectativas privadas sobre la inflación que van entre el 20%-25%, con el cambio de base estaríamos hablando de 21.9%-27.3%.
El que a Hierro Mata…
De las líneas anteriores podría parecer que Todesca (quien murió en 2020) y Lavagna Jr. fueron una especie de héroes de las buenas estadísticas. Pero la verdad es que nada más lejos de ello.
A fines de enero de 2007, Graciela Bevacqua, a cargo del IPC desde 1992, fue “inducida” por el secretario de Comercio Guillermo Moreno a renunciar, tras negarse a modificar los datos de la inflación. Ahí comenzó el desastre.
Bevacqua se dedicó a la actividad privada y sus informes pasaron a ser los más respetados de la época, en tanto el oficialismo de entonces le inició una serie de causas judiciales -fue sobreseída en todas- buscando acallarla.
Dado su status de “heroína de las estadísticas”, entre las primeras medidas de Mauricio Macri en diciembre de 2015 estuvo su reincorporación al INDEC, solo para ser desplazada al poco tiempo cuando se negó a “apurar las estadísticas”. Posiblemente pocas cosas pintan mejor a Todesca que este “incidente”.
Pero el hijo de Roberto no se quedó atrás. El 22 de octubre de 2024, le pidió la renuncia (en buen castellano: “le dio una patada”) a Analía Calero, la Directora de Estadísticas y Precios, argumentando “cuestiones operativas y forma de trabajo”. ¿El pecado de Analía?: tener el índice listo desde principios de aquel mes y haber logrado el beneplácito del FMI, junto a la actualización del índice de precios de la construcción y del de salarios.
La orden que recibió “Gianni” de arriba fue, “no se difunde”. Analía que en 2021 había sido puesta a cargo de la elaboración del nuevo índice desde 2021, protestó, hacia tres años que venía trabajando con el asunto. Pregunta: ¿Fue su “forma de trabajo”, trabajar bien?
Un caso similar tuvimos en agosto del año pasado, cuando Lavagna le abrió la puerta a Guillermo Manzano (un histórico del INDEC) a cargo de la dirección de Estadísticas de Condiciones de Vida, en castellano, el que mide la pobreza y el trabajo y a Georgina Giglio la encargada del IPC (una técnica irreprochable, acusada por sus ideas políticas), cuyos mayores pecados seguían siendo hacer bien su trabajo.
Hasta ahora el Gobierno ha utilizado todo su poder para minimizar lo que significa el despido de Lavagna y la nueva intervención del INDEC.
En un juego de pinzas tenemos a la máquina mediática de los libertarios limando la figura de Marco para que “se quede en el molde”, acusándolo de liderar una estructura que buscaba implementar un nuevo índice de precios que desprestigiaría al Gobierno, con el monje negro de Sergio Massa por detrás.
Por el otro tenemos a los voceros mediáticos buscando instalar la idea de que lo que es un escándalo institucional, en realidad no le importa a nadie (veremos qué dicen si la causa se judicializa) intentando tapar el sol con su dedo.
En el medio, los argentinos…













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