28 de enero 2026 - 16:46

Qué hay detrás del regreso silencioso de El Hogar Obrero al supermercadismo porteño

Con edificios propios, marcas cooperativas y nuevas aperturas en la Ciudad, la histórica entidad vuelve a jugar en el supermercadismo porteño. Las claves de este fenómeno.

La sucursal de San Telmo inauguró en diciembre de 2024. 

La sucursal de San Telmo inauguró en diciembre de 2024. 

Mientras grandes cadenas ajustan, cierran locales o buscan comprador, una cooperativa centenaria avanza en sentido contrario. Sin anuncios rimbombantes ni planes de expansión agresivos, El Hogar Obrero volvió a ocupar un lugar en el mapa del consumo urbano de la Ciudad de Buenos Aires con la reapertura de supermercados propios y un esquema de crecimiento gradual que combina activos inmobiliarios recuperados, marcas propias y un modelo contracíclico.

Bajo la marca Supercoop, el formato histórico del Hogar Obrero ya cuenta con dos locales operativos en CABA, en San Telmo y Caballito, y proyecta al menos tres nuevas aperturas en los próximos meses: Balvanera, Saavedra y un local en Lobos, provincia de Buenos Aires, que funcionará bajo la marca Cooperativa Obrera. El dato sobresale no solo por el contexto de consumo retraído, sino porque marca un punto de inflexión para una entidad que durante años fue sinónimo de crisis y concurso preventivo.

Una empresa antes que una marca

Para entender qué está pasando hoy con El Hogar Obrero, hay que correrse de la idea del supermercado como único negocio. El Hogar Obrero nunca fue solo retail. Fundado en 1905 por referentes del socialismo argentino como Juan B. Justo, Nicolás Repetto y Ángel Giménez, nació como una empresa cooperativa de servicios orientada a resolver tres problemas centrales de los trabajadores: vivienda, consumo y crédito.

Durante gran parte del siglo XX, la entidad desarrolló un entramado que combinaba construcción de viviendas, financiamiento, producción y comercialización de bienes de consumo. En ese esquema, Supercoop fue una herramienta clave, no un fin en sí mismo. Inspirado en el modelo de supermercados estadounidenses, el formato se consolidó a partir de los años 50 y alcanzó su apogeo en los 80, cuando llegó a contar con más de 300 sucursales en todo el país y 14.500 empleados, articuladas con cooperativas productivas que abastecían desde alimentos hasta textiles.

Ese crecimiento también dejó una huella urbana profunda. El Hogar Obrero construyó edificios en barrios estratégicos de la Ciudad, muchos de ellos con locales comerciales en planta baja destinados al consumo cooperativo. Caballito, San Telmo y otras zonas porteñas quedaron marcadas por esa presencia, que durante décadas fue parte del paisaje cotidiano.

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Fundado en 1905 por referentes del socialismo argentino como Juan B. Justo, Nicolás Repetto y Ángel Giménez, nació como una empresa cooperativa de servicios.

Fundado en 1905 por referentes del socialismo argentino como Juan B. Justo, Nicolás Repetto y Ángel Giménez, nació como una empresa cooperativa de servicios.

La caída: del Plan Bonex al concurso

El punto de quiebre llegó a fines de los años ochenta. La hiperinflación y, sobre todo, el impacto del Plan Bonex de 1989, que convirtió compulsivamente los depósitos en bonos, provocaron una pérdida de alrededor del 70% del capital de la cooperativa. La crisis de liquidez fue inmediata y en 1991 El Hogar Obrero ingresó en concurso preventivo, iniciando un proceso de repliegue que se extendió durante décadas.

En ese período, Supercoop desapareció del mapa y muchos de los inmuebles de la entidad fueron alquilados a grandes cadenas privadas. La prioridad pasó a ser el saneamiento financiero, la venta de activos y la supervivencia institucional. El concurso recién se cerró formalmente en 2012, pero el impacto reputacional y operativo se arrastró mucho más tiempo.

Durante años, El Hogar Obrero fue citado como símbolo de una caída, más que como una organización en actividad.

El regreso: ladrillo, cercanía y control de costos

El movimiento que empezó a tomar forma en los últimos dos años marca un cambio de lógica. El Hogar Obrero dejó de alquilar parte de su patrimonio urbano y volvió a operar esos espacios, en primer término asociado con la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca, un actor consolidado del supermercadismo cooperativo en el interior del país.

La reapertura de Supercoop en San Telmo, a fines de 2024, fue el primer paso. En diciembre del año pasado se sumó Caballito, en un edificio construido en 1972 que supo albergar la casa matriz de la entidad. Allí, tras una inversión en modernización, se generaron 27 puestos de trabajo directos y una respuesta inmediata del público: alrededor de 2.000 operaciones en la primera jornada.

El patrón se repite en los próximos proyectos. Balvanera y Saavedra son locales de cercanía, insertos en barrios densamente poblados, con superficies acotadas y sin la lógica de hipermercado. El crecimiento no se apoya en alquileres dolarizados ni en grandes desembolsos de tierra, sino en activos propios que vuelven a producir consumo.

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A partir de los 90 Supercoop desapareció del mapa y muchos de los inmuebles de la entidad fueron alquilados a grandes cadenas privadas.

A partir de los 90 Supercoop desapareció del mapa y muchos de los inmuebles de la entidad fueron alquilados a grandes cadenas privadas.

Marcas propias: una idea vieja que vuelve a funcionar

En un mercado golpeado por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, Supercoop recupera otro rasgo histórico del modelo cooperativo: las marcas propias. Las líneas Cooperativa, Ecoop y Primer Precio concentran una parte relevante de la oferta, con productos de proveedores locales y valores sensiblemente más bajos que las primeras marcas.

Lejos de ser una novedad, se trata de una lógica que El Hogar Obrero aplicaba hace décadas, cuando el control de la cadena de abastecimiento era clave para sostener precios accesibles. Hoy, esa estrategia vuelve a cobrar sentido en un contexto donde las grandes cadenas ajustan surtido, promociones y formatos.

El esquema se completa con un diferencial central: la reinversión de excedentes. En lugar de maximizar rentabilidad financiera, el modelo cooperativo prioriza sostener precios, empleo y continuidad operativa, una lógica que vuelve a encontrar espacio en el consumo urbano.

Crecer cuando otros achican

El dato que termina de darle sentido a esta etapa es el contexto. Mientras una cadena importante cerró más de una decena de locales y otra busca comprador, El Hogar Obrero y la Cooperativa Obrera abren supermercados, invierten y generan empleo. No se trata de una expansión acelerada, sino de un regreso paciente, apoyado en activos propios y una lectura de largo plazo.

“La intención es que Supercoop vuelva a tener relevancia en la Ciudad, como la tuvo hace treinta años”, repiten desde la conducción, sin descartar nuevas inversiones inmobiliarias durante 2026.

Más que una historia de nostalgia, el regreso de El Hogar Obrero funciona como una anomalía en el retail argentino actual: una organización que supo caer, sobrevivir y ahora vuelve a crecer, no desde el marketing, sino desde el ladrillo, el barrio y una idea de consumo que parecía olvidada.

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