¿Adiós a Wall Street? El plan de Luis Caputo para financiar la deuda argentina "en casa"

La idea de “arreglarse con lo propio” no es imposible, pero sí exigente. Requiere que el mercado local gane profundidad y que haya incentivos para movilizar ahorros fuera del circuito informal.

Caputo descartó volver al mercado internacional de deuda, y se concentra en la emisión local.

Caputo descartó volver al mercado internacional de deuda, y se concentra en la emisión local.

Mientras el contexto global se vuelve más hostil y el riesgo país se aleja de la zona que abría una ventana para realizar una emisión internacional, el Gobierno insiste en que buscará reducir su dependencia de Wall Street. El foco vuelve así sobre el mercado local y sobre cuánto margen real existe para refinanciar los vencimientos en dólares sin recurrir al crédito internacional.

Marzo arrancó con un cambio rotundo de sintonía en los mercados, aunque las semanas previas ya habían dejado señales potentes. Desde febrero, el BCRA aceleró el ritmo de compra de reservas respecto de enero y acumuló casi u$s3.000 millones en lo que va del año, mientras el Gobierno aprovechó las sesiones extraordinarias para exhibir avances en su agenda legislativa. Sin embargo, la dinámica reciente también dejó una señal menos cómoda, ya que la deuda argentina volvió a perder tracción relativa frente a otros emergentes y el riesgo país testeó nuevamente niveles más altos.

Esa combinación obliga a revisar una hipótesis que, a principios de año, había empezado a ganar terreno: la posibilidad de que Argentina aprovechara una ventana para volver al mercado internacional. Hoy, esa posibilidad luce bastante más lejana. En los últimos días, el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente volvió a golpear a los activos de riesgo, y los bonos argentinos no escaparon a esa dinámica. En ese contexto, el riesgo país regresó a la zona de los 570 puntos. Más allá de la volatilidad diaria, el dato de fondo es que el índice volvió a alejarse de la zona inferior a los 500 puntos, que era el umbral a partir del cual empezaba a tener sentido discutir una salida al mercado internacional en condiciones más razonables.

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En este marco, Luis Caputo volvió a insistir esta semana en que la estrategia del Gobierno no pasa por volver a emitir deuda en los mercados internacionales. En palabras del ministro, la prioridad es reducir la dependencia de Wall Street y desarrollar el mercado de capitales local para disminuir la vulnerabilidad frente a los cambios de viento del exterior.

La definición no es menor porque ordena la discusión. Si el Gobierno descarta, al menos por ahora, una emisión global, entonces la pregunta ya no es si Argentina quiere (puede) volver a Wall Street, sino cuánto puede estirar el financiamiento doméstico para cubrir sus necesidades en moneda dura. Y ahí es donde cobran relevancia tanto la reciente colocación del AO27 como el análisis del perfil de vencimientos hacia adelante.

La emisión de la semana pasada del AO27 funcionó justamente como una primera prueba de mercado. El Tesoro reabrió el canal local hard dollar con una colocación cercana a u$s250 millones, con vencimiento en octubre de 2027. No parece casual el timing ni tampoco el tramo elegido. Se trata de un vencimiento ubicado dentro del actual mandato presidencial y, por lo tanto, con menor prima política. De hecho, este bono hoy cotiza con una tasa del 5,6%, mientras que el soberano ley local más próximo de la curva, el AL29, rinde 9,2%.

Pero una cosa es testear apetito y otra muy distinta es resolver un programa financiero exigente sólo con ahorro doméstico. Los pagos de deuda en moneda dura muestran un salto muy fuerte en 2027. El total asciende a u$s 33.100 millones (u$s14.300 millones entre soberanos y BOPREAles), mientras que para lo que resta de este año todavía quedan obligaciones por US$ 14.200 millones.

En otras palabras, la idea de “arreglarse con lo propio” no es imposible, pero sí exigente. Requiere que el mercado local gane profundidad y que haya incentivos para movilizar ahorros fuera del circuito informal. En este sentido, el Gobierno también avanzó desde lo legal. La ley de Inocencia Fiscal va en ese sentido. Mientras tanto, la reforma laboral crea un nuevo jugador institucional de largo plazo a través del Fondo de Asistencia Laboral (FAL). En la práctica, implicaría la aparición de un nuevo jugador doméstico de ahorro de largo plazo, el cual podría manejar fondos de forma “estructural” y con capacidad de financiar proyectos/instrumentos de largo plazo tanto públicos como privados. No necesariamente implica un incremento del ahorro interno instantáneo per se (era un ahorro que se canalizaba vía ANSES), pero sí podría mejorar su aplicación y capitalización.

Pero todo esto requiere de un contexto político y macro que no deteriore la confianza. Ahí aparece, además, una tensión evidente. Cuanto más hostil se vuelve el mundo, más lógica parece la prudencia oficial respecto de Wall Street. Aunque, al mismo tiempo, ese mismo deterioro externo también complica la construcción de una curva doméstica hard dollar suficientemente profunda. El mercado local no está aislado del contexto global y si sube la aversión al riesgo, también se encarece el precio que exige el inversor argentino para inmovilizar dólares. En síntesis, no creemos que la ventana externa esté cerrada, pero hoy está bastante más entornada que hace unas semanas. Y mientras el riesgo país siga lejos de la zona que habilita una emisión razonable, el test más inmediato no será en Nueva York, sino en casa.

Jefe de Estrategia de PPI

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