Algo nos une con los EE.UU.: estanflación
En coincidencia con la fuerte embestida del gobierno argentino contra los Estados Unidos, surgen datos que unen a los dos países. El gran temor en Wall Street y en todos los centros financieros del mundo es que EE.UU. caiga en una recesión con alta inflación. Una estanflación. La Argentina ya tiene una altísima inflación. Y empieza a crecer menos. Un tema para seguir de cerca.
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Si a la suba en la recaudación del IVA DGI le restamos el crecimiento (versión oficial) de la economía y la mejora en la efectividad recaudatoria, queda claro que la suba promedio de los precios es mucho mayor y supera 22%. Al usarse un deflactor minimizado, se infla artificialmente el crecimiento del PBI. Un mundo tan feliz como irreal. Nuestro reiterado pronóstico de 26% de inflación para 2007 -lo mantuvimos a lo largo de todo este año- está siendo validado por las mediciones efectuadas tanto por direcciones de estadísticas provinciales como por las estimaciones de otros estudios privados. Diversos organismos provinciales que no forman parte del cómputo oficial del IPC nacional registraron subas superiores incluso a las de San Luis y Mendoza (que sí integran el IPC nacional), con alzas que oscilan entre 26% y casi 28% interanual. Como única reacción a la escalada inflacionaria, el gobierno ha gastado el año subestimando groseramente los índices de precios. Sólo el BCRA ha hecho algún esfuerzo en los últimos meses por desacelerar la expansión de medios de pago hasta un ritmo -de todas formas alto- de 25% interanual. La inflación creciente dificulta cada vez más la recomposición gradual de precios relativos: la prometida y postergada suba de 15% en las tarifas energéticas no alcanzará a recuperar tan siquiera la inflación de 2007, prolongando la desinversión en el sector. La franja de inflación en la que hemos ingresado tiene una natural tendencia a realimentarse sola. En estos niveles los contratos se indexan formal o informalmente y se genera una carrera entre la inflación y los salarios que resulta difícil de evitar. Los niveles de pobreza e indigencia -más allá de las fantasías oficiales- están y continuarán creciendo.
Ocurre que el modelo K, marketeado como productivista y proexportador, es en realidad consumista y proimportador. La producción y las exportaciones son desalentadas por el insuficiente nivel de inversiones en activos fijos -la inversión extranjera directa sigue precipitando su caída- mientras que el constante impulso al consumo estimula el crecimiento de las importaciones, que triplica -en cantidades- el de las exportaciones. El gasto por importaciones -demanda que excede a la oferta interna de productos- implica un desahorro que debe ser compensado o financiado con ahorro externo. El reducido nivel de ahorro interno, en tanto, se orienta a financiar el consumo antes que la producción: los préstamos para consumo representaban a fin de 2003 17% del total del crédito bancario; hoy constituyen 36,2%.
El frente externo tiende a deteriorarse. Los nuevos impuestos a las exportaciones aportarán al fisco ingresos equivalentes a 1% del PBI, pero la declinación del excedente comercial -que podría acentuarse con las nuevas retenciones y el permanente estímulo al consumo-acarrearía una caída al menos similar en el superávit de cuenta corriente. El saldo comercial de 2008 -de no mediar variaciones significativas en los términos de intercambio- se podría reducir a poco más de la mitad del de este año. Y esta situación se podría agravar si se registra una previsible retracción de los flujos de comercio a nivel global que afecte los precios de las materias primas.



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