Apertura económica no debe dejar de lado a "perdedores"
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El doctor Artana afirma que, «comparado con países de igual tamaño», nuestra economía sigue siendo cerrada en virtud de su promedio arancelario y participación del comercio en el producto. En el primer caso, un arancel promedio de 14% como el argentino no puede considerarse «alto» para el mundo en desarrollo: India, 31%; Rumania, 29%; México, 17%; Tailandia, 17%; Polonia, 14%; Corea, 12%; Colombia, 12%; Turquía, 10%, por tomar sólo una muestra representativa. En cuanto al «coeficiente de apertura» (exportaciones + importaciones como proporción del PBI), tomar la medición en los '90 no es significativo, dado que el atraso cambiario tiende a «inflar» el producto en dólares, y obviamente la participación del comercio externo aparece subestimada.
Bien reconoce el solvente economista -que por haber tenido responsabilidad de gobierno junto a López Murphy, sabe lo que implica tomar decisiones- que difícilmente los fenómenos económicos y sociales observados sean unicausales.
En tercer lugar, se detiene Artana sobre la conveniencia de un arancel uniforme. Impecable desde un punto de vista teórico (promueve la eficiencia, no distorsivo, inhibe lobbies sectoriales) pero, nuevamente, no es la práctica habitual en el mundo.
Es verdad que Estados Unidos y la Unión Europea tienen aranceles del orden de 5%. Pero ese promedio esconde escandalosos «picos arancelarios» en productos sensibles (alimentos elaborados, textiles y calzado, por ejemplo), fruto del «escalonamiento» (incrementar el arancel a medida que se avanza en la cadena de valor de un producto) que practican intensivamente estos países, y que los lleva a los mayores niveles de dispersión mundial en términos de estructura arancelaria. Es verdad que Chile cuenta con un arancel «casi» uniforme. Pero atribuir a este factor -e inclusive a toda su política comercial- el éxito económico trasandino de las últimas dos décadas, soslayando la solvencia macroeconómica y seriedad institucional que caracterizó a Chile desde la recuperación de la democracia, parece exagerado. Nosotros no tenemos un arancel uniforme, pero la pertenencia al Mercosur provee «previsibilidad» a nuestra política arancelaria extrazona y limita severamente el accionar de lobbies sectoriales.
Alcanzaría con preguntarles. En definitiva, la apertura no está en discusión. El Mercosur es la plataforma de despliegue de nuestra estrategia de inserción internacional y, así, se ha transformado en una política de Estado, una de las pocas que ostenta nuestro país desde que recuperó la democracia, sobreviviendo a cinco presidentes de diferentes ideologías y banderas partidarias. Mirando la agenda externa del bloque, es difícil catalogar de «cerrado» a un país que promueve activamente el regionalismo abierto como eje central de su política comercial externa, tanto en el ámbito Sur-Sur (Comunidad Andina, México, China, India, Sudáfrica) como en la esfera Norte-Sur (ALCA, Mercosur-Unión Europea).
En un mundo que no tiende hacia el libre comercio -o que lo hace con una lentitud exasperante-, los procesos de integración regional marchan a la vanguardia del proceso de apertura y, aunque no resulten óptimos desde el punto de vista teórico (ya que discriminan contra terceros mercados), constituyen un avance en el sentido correcto (de hecho, reducen el arancel efectivo y mejoran el nivel del acceso de nuestros productos). En el trayecto hacia una apertura definitiva, no debemos rasgarnos las vestiduras porque nos apartemos marginalmente del sendero óptimo teórico, muchas veces inalcanzable por cuestiones de economía política, interna y externa
Por último, tenga la plena seguridad el doctor Artana, y la sociedad en general, que quien hoy es canciller rinde culto a la transparencia de las políticas públicas.




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