27 de julio 2004 - 00:00

¿Avalancha de Brasil o mito?

Algunos sectores empresarios locales empezaron a reclamar por la avalancha de bienes brasileños. Lamentablemente existe un viejo mito en la Argentina que algunos sectores utilizan para lograr que los gobiernos los protejan y poder vender más caros sus productos dentro del país. Parece que los brasileños logran aumentar su competitividad a través de la devaluación de su moneda y de esa forma inundan con su mercancía la economía argentina.

No hay casi relación histórica entre la evolución de los términos de intercambio argentino-brasileño y la importación argentina de los productos del país vecino.
En cambio, también se observa que éstas dependen de la evolución de la economía local. Por ello, a principios de 1999, cuando se produjo la fuerte devaluación del real brasileño, las exportaciones de dicho país al nuestro no aumentaron abruptamente. Esto ocurrió debido a que nuestra economía estaba en medio de una continua recesión. En tanto, a pesar de la fuerte devaluación de la Argentina en 2002, a finales de dicho año comenzamos a reactivarnos y, por ende, a demandar más productos brasileños. Esto parece lógico, ya que si alguien se queda sin trabajo, por barato que le quieran vender, no podrá comprar nada. En tanto, si se saca la lotería, gastará sin importarle los precios.

Valga aclarar que esta relación importaciones-términos de intercambio e importaciones-nivel de actividad, funciona también a la inversa. Por ello, cuando la Argentina devaluó su peso, tampoco pudo venderle más a un Brasil que pasaba por una recesión. En tanto, la actual reactivación de nuestro vecino está incrementando sus compras de productos locales.

• Respuesta

Por otro lado, supongamos que usted es productor de harina y vende sus productos a Brasil y a otros países del mundo. De pronto se levanta una mañana y se entera que el gobierno local decidió devaluar y que el dólar vale el doble. Esto implica que sus costos de producción en la moneda estadounidense son de la mitad. ¿Le ofrecería usted a los brasileños venderles harina a la mitad de su valor internacional o buscaría colocarlo en todo el mundo a dicho precio y quedarse con una ganancia más suculenta? Descuento la respuesta. Entonces, ¿por qué suponemos que los empresarios brasileños son más estúpidos o que desean subsidiarnos generosamente el consumo de sus productos?

Ahora hagamos de cuenta que usted gana $ 1.000 y le dan crédito por $ 200. Esto significa que podrá gastar hasta $ 1.200. Si mañana le aumentan el sueldo en $ 500, usted aumentará su gasto. Sin embargo, si bien lo usará en otros comercios, lo incrementará más en aquellos que son relativamente más baratos. Por ello, cuando los argentinos decidimos gastar más y, por ende, importamos más, lo hacemos en mayor medida de Brasil, ya que está más cerca (menor costo de fletes) y no debemos pagar aranceles. De todas formas, primero, el conjunto de los residentes decide qué quiere gastar (o sea cuánto ahorrará o se endeudará) y luego en dónde lo hará. Si le impedimos gastar en Brasil, lo harán en otros lugares a precios más altos, o sea, logrando un bienestar económico inferior.

¿Por qué se quejan algunos competidores argentinos de productos importados brasileños? Algunos de ellos son sumamente ineficientes
, por lo que la devaluación argentina y la posterior recuperación de la economía funcionó inicialmente como un bálsamo. La importación de bienes competitivos se volvió prohibitiva por el alto valor del dólar y sus costos « argentinos» en dicha moneda disminuyeron en más de tres veces. De esta forma, como la demanda argentina de los bienes que ellos producían cayó menos que las importaciones de esos productos, ellos pudieron aumentar sus ventas domésticas.

Sin embargo, el posterior aumento de la demanda interna no solamente significó un mayor mercado para sus bienes, sino una tendencia al aumento de sus costos locales, a los que sumaron la suba de salarios por decreto. Por lo tanto, la relación de su precio en dólares respecto de los costos se empezó a reducir. Para colmo, si uno quiere aumentar la producción tiene costos crecientes, por lo que el crecimiento de la demanda interna empezó a ser atendido por los productos importados, cuyos precios eran más competitivos.

Los precios internacionales son como el tope de una bañera. Si empezamos a llenarla aumentando el gasto doméstico, al principio el agua empezará a subir adentro de la misma. Sin embargo, cuando supere el valor mundial, el excedente de demanda interna se desbordará al mercado externo. Ahora, si yo incremento ese límite con restricciones o aranceles a la importación, el nivel de agua (los precios domésticos) tenderá a subir más y será mayor la cantidad de agua que quede en la bañera (demanda). Los productores podrán satisfacer la mayor demanda sustituyendo importaciones con el aumento de precio que permite la suba del valor de su ingreso.

• Contradicciones

Esto muestra nuevamente la contradicción de algunas políticas que buscan un mayor tipo de cambio real, con las que se pretende un mayor bienestar económico argentino. Cuando se pide un mayor valor real del dólar, lo que se requiere es que el precio de los bienes que se importan o exportan tenga un mayor valor relativo respecto del costo argentino. Dentro de este último, el rubro principal son nuestros sueldos. Por lo tanto, lo que se pide es un aumento del precio de los bienes respecto de los salarios, lo cual implica un aumento de sus precios y una caída del poder adquisitivo de los argentinos. Una vez que se da esto, el gobierno empieza a subir los sueldos por decreto, bajando la relación entre los precios de los bienes y su costo, por lo que reclaman nuevas devaluaciones para aumentar dicha relación (tipo de cambio real).

Si nuestro objetivo es maximizar el bienestar de nuestros ciudadanos, deberíamos buscar aumentar la competencia de nuestros productores para contener la suba de precios. El rol de los empresarios debe ser buscar maximizar sus ganancias brindando mejores y más baratos bienes y servicios a los argentinos. En cambio,
los sistemas proteccionistas invierten esta relación y ponen a los consumidores al servicio del rendimiento de los sectores empresarios privilegiados.

Es notable, pero son los gobiernos definidos como « progres» los que más se llenan la boca sobre la necesidad de mejorar el bienestar de la comunidad y de profundizar la integración con nuestros « hermanos del Mercosur». Sin embargo, son los que más abusan del proteccionismo que termina dañando el proceso de integración y el poder adquisitivo de los salarios para beneficiar a algunos sectores productivos.

(*) Economista y director general de la consultora EXANTE.

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