Si Kuwait en 1991 fue liberado por la “Operación Desierto”, hoy Argentina padece otra versión; un desierto financiero secado por Caputo y su equipo en la plaza monetaria. La economía local exhibe una combinación inédita de improvisación, sobrerreacción y volatilidad extrema que pondría celosos a veteranos operadores de Wall Street.
Bailando sobre el Titanic: Luis Caputo, Javier Milei y la coreografía financiera argentino
Argentina navega una crisis de volatilidad extrema, con tasas récord, déficit creciente y una economía real en caída. Sin embargo, el Gobierno insiste en un ajuste sin plan macro claro.
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Caputo, Milei y la coreografía financiera argentino.
La industria se desploma 11,3% interanual en julio, la construcción cae 21,8% y la confianza del consumidor baja casi 14 puntos, mientras el crédito real se desacelera a 1% en 30 días desde un 3,7% promedio mensual previo. La política monetaria oscila entre absorber excedentes de pesos y reinyectarlos, generando tasas interbancarias que saltaron de 32% a más de 76.66% TNA en cuestión de semanas, con volatilidad inédita (mínimo 23%, máximo 148% en operaciones de caución).
Frente a estos números, los lectores de finanzas internacionales deben preguntarse: ¿cómo sobreviviría cualquier Gobierno en este escenario?
Desarrollo cuantitativo
El gobierno de Javier Milei mantiene un respaldo social significativo, pero los datos fiscales y monetarios muestran fragilidad estructural. El superávit primario alcanzó 1,6% del PBI, insuficiente frente a un déficit fiscal de 3,7% y un pago de intereses de 5,2% del PBI. Para sostener la deuda, sería necesario un superávit primario del 4,5%.
La política monetaria, luego del desarme de las LEFIs por $15,5 billones y la colocación del Tesoro por $5,6 billones, creó un exceso neto de $9,9 billones -equivalente a un tercio de la base monetaria- disparando tasas de caución al 12% inicialmente, y luego al 80-150%, con ajustes sucesivos de encajes del 11,6% al 16,3% entre julio y agosto, niveles inéditos desde noviembre de 2019 (Macri). La volatilidad extrema impactó depósitos privados (-$6,3 billones) y totales (-$2,4 billones), encareciendo el crédito y frenando la actividad económica.
En el mercado cambiario, pese a un superávit comercial de $989 millones en julio y acumulado $3.750 millones hasta julio, la cuenta corriente sigue mostrando un déficit cercano al 2% del PBI, con fuerte formación de activos externos. El BCRA, tras recibir $2.000 millones del FMI, volvió a perder reservas, y las netas permanecen negativas. La política de acumulación de reservas y control del dólar se sostiene únicamente con tasas exorbitantes, no por mejoras genuinas en la balanza externa.
En materia de deuda y financiamiento, el Tesoro enfrenta la necesidad de renovar al menos 74% de los vencimientos restantes de 2025 (aprox. $45,6 billones) con depósitos propios de $12 billones, mientras los rollover en licitaciones recientes apenas alcanzan 61-100%, dependiendo del ajuste por vencimientos previos. Las tasas de LECAP y bonos encaje alcanzan niveles récord (hasta 81% anual efectivo), mostrando la presión extrema sobre el financiamiento interno.
En la economía real, la recuperación es heterogénea: agro, minería y servicios financieros lideran, mientras construcción (-21,8%), industria (-6,6%) y comercio (-5,3%) continúan rezagados. El PBI proyectado para 2025 se recorta en privado a 3.5% año contra año, con contracción probable de (-0,8% trimestre contra trimestre) en el tercer trimestre. La inflación mensual se ubica en torno al 2%, con un pass-through limitado del dólar a precios. La desaceleración del crédito y el aumento de morosidad amenazan la cadena de pagos, mientras la inversión extranjera directa cae 90,2% interanual en el primer trimestre, con desinversión industrial de (-$340 millones) y salida neta de $1.182, millones por (M&A) fusiones y adquisiciones.
En síntesis, Argentina opera con tasas de interés récord, rollover débil, reservas negativas y déficits fiscales crecientes, todo bajo un clima político confrontativo, hechos de corrupción y una gestión errática de liquidez. Caputo y Milei bailan sobre el Titanic financiero, mientras la economía real se hunde lentamente en un mar de volatilidad, déficit y endeudamiento insostenible. Haciendo abstracción de los aspectos sociales, con el marco teórico del gobierno, la estabilización posterior a octubre requerirá un plan macroeconómico sólido y reformas estructurales profundas; aumento del superávit primario, fortalecimiento del tipo de cambio real, reforma laboral, previsional e impositiva, y reestructuración de la coparticipación.
Sin estas medidas, la coyuntura seguirá marcada por improvisación, riesgo financiero extremo y vulnerabilidad social, recordando que incluso la mejor coreografía sobre el Titanic no evitará que el barco se hunda.
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