La nota de Andrés Cisneros en el diario Ambito Financiero del día 3 de junio motiva la necesidad de algunas aclaraciones imprescindibles
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La misión que se me encomendó tenía el objetivo de fortalecer la tarea que muy bien viene realizando nuestra Embajada en Bolivia, aprovechando la larga experiencia que tengo después de largos años de recorrer América latina y otras regiones del mundo, hablando y relacionándome con dirigentes políticos y sociales de diversa extracción política e ideológica. Muchos de ellos, hoy son parte de los gobiernos de sus países, otros lo eran en el momento que yo los conocí y hoy militan en la oposición. En el caso de la hermana República de Bolivia, conozco a una serie de personas que, da la casualidad -o no-, hoy es protagonista de la conflictiva situación que atraviesa.
Entonces fui a entrevistarme con ellos -están mencionados en la nota de Cisneros- para acercarle a nuestro gobierno una visión más abarcativa de lo que allá está sucediendo. Si todo pudiera resolverse por teléfono o por televisión o leyendo los diarios, entonces, quizá no hiciera falta ni que existieran representaciones diplomáticas, ni embajadas, sólo consulados que resolvieran los problemas administrativos. Pero como las relaciones entre países las llevan adelante personas, éstas deben tener contacto directo y en muchos casos, como en éste, hacía y hace falta tener un conocimiento de lo más profundo, de lo subterráneo; y si tenemos la posibilidad de acceder a él como en esta oportunidad, la aprovechamos para comprender mejor lo que ahí está pasando. Marco Aurelio García, que viajó en misión oficial enviado por Brasil, se entrevistó con miembros del gobierno de Bolivia, entre otros con el presidente Mesa, porque su gobierno le encomendó otro trabajo, y eso no es mejor ni peor que lo que yo hice, es otra cosa. La Cancillería argentina nunca dijo que la visión de Marco Aurelio fue superficial, sino que tuvo como objetivo principal tener un conocimiento de superficie, lo que es bien distinto. Mal podríamos decir lo primero cuando sabemos -porque me lo dijo cuando nos encontramos- que también tuvo encuentros con Evo Morales y otros dirigentes sociales.
• Relación armoniosa
Ninguno de los objetivos planteados para mi misión ni el hecho que yo la realizara, implica desvalorización profesional para los integrantes de nuestra Cancillería. Lo he aclarado desde el primer día y lo reitero: tengo una relación armoniosa con mis compañeros de la Subsecretaría de Relaciones Latinoamericanas en la que trabajo. La misión que realicé fue discutida con los funcionarios que corresponde antes de viajar, ellos recibieron mis informes mientras estuve en Bolivia, y se los transmití personalmente apenas llegué, y no recibí al respecto ningún cuestionamiento. Yo aprendo de ellos todos los días y trato de aportar todo lo que puedo. Creo que la Cancillería tiene la obligación, como otros organismos del Estado, de aprovechar todos los conocimientos de nuestra sociedad en lo específico de la tarea que le corresponde a cada uno. De esto se trata, de aportarle a los importantes conocimientos aquilatados en nuestros funcionarios de carrera los que podemos agregar desde otros ámbitos de la acción política.
Párrafo aparte merece la referencia hacia nuestro embajador en Bolivia como un político de nivel provincial jujeño, con pergaminos políticos comarcales. Esta caracterización que pretende ser despectiva sobre el embajador Horacio Macedo, habla por sí sola del pensamiento de Cisneros, que entiende la diplomacia como una tarea elitista y tecnocrática, al margen de la política.
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