24 de noviembre 2004 - 00:00

Caída del dólar no afecta a China

El escenario del mercado cambiario internacional está -una vez más- bastante conmocionado. Ahora, por la pronunciada declinación del signo monetario norteamericano contra algunas de las más importantes monedas, como el euro y el yen. Esto genera inevitablemente, ganadores y perdedores, y los ajustes consiguientes.

Respecto del euro ya se superó la barrera de 1,3 dólar, lo que supone tocar el punto más bajo de los últimos siete meses y alimentar una sensación generalizada que percibe que la tendencia a la baja de la moneda norteamericana contra el euro habrá de persistir.

Con relación al yen, hay quienes sospechan que la recuperación japonesa podría sufrir si la apreciación del yen continúa en ascenso. No obstante, el notable aumento de productividad alcanzado por las empresas japonesas en los últimos años está, por el momento, ayudándolas a que las oscilaciones cambiarias no tengan hoy el mismo efecto que tenían hace una década.

Además, es importante destacar que los exportadores japoneses han trasladado buena parte de su producción a otras jurisdicciones, incluyendo a China. En busca de salarios más bajos y mejor situación cambiaria, esto es de mayor competitividad. En los '90, la proporción de la producción de las empresas exportadoras japonesas que provenía del exterior era del orden de apenas 5%. Hoy es de más de 14% y, para dentro de cinco años, ella estará cercana a 20%. Todos, queda visto, se defienden del caos cambiario del mundo con técnicas similares en búsqueda de mayor eficiencia y productividad.

Los productores chinos, en cambio, desde que tienen su moneda -el renminbi- «atada» al dólar, con una relación de cambio fija de 1 dólar por cada 8,28 renminbis, no han sufrido, por ahora. En rigor, han ganado en competitividad. La caída del dólar es acompañada por la del renminbi.

Pero esto probablemente no durará, desde que en 2005 China deberá reconocer, de una manera u otra, la fuerte apreciación de su moneda. No obstante, por ahora, China gana. Sus productos son hoy más baratos tanto en Europa, como en Japón, gracias a la caída del dólar. De allí que sus exportaciones sigan en aumento. Del año pasado a lo que va de éste, ellas crecieron en un tercio. Se dice rápido, pero éste, con el tamaño relativo de la economía de China, es un salto cuantitativo gigantesco. Y preocupante, aunque haya estado acompañado por un aumento similar de las importaciones de China.

No todo es color de rosa para los chinos, sin embargo. A la declinación del dólar la ha estado acompañando una fuerte suba de los precios de muchas commodities que China debe necesariamente importar para alimentar a su gigantesco aparato productivo. Los casos de los fuertes aumentos de precios del crudo y del acero son un buen ejemplo de lo que señalo.

• Destino

La gran preocupación asiática en función de los reacomodamientos cambiarios que se están produciendo es el caso de Corea del Sur. En efecto, el won se ha apreciado más que ningún otro signo monetario de la región, lo que lastima la competitividad de las empresas surcoreanas. Su robusto nivel de crecimiento de las exportaciones está disminuyendo, y se espera que esta tendencia continúe.

Entiéndase bien, no es que las exportaciones surcoreanas estén cayendo. En verdad, ellas siguen creciendo, pero ahora algo más lentamente. Y están cambiando rápidamente de destino, apuntando más hacia Europa, cuyo euro también se ha fortalecido, lo que significa que con esa moneda se puede hoy comprar más, pero la contrapartida (para preocupación de los europeos) es que también se vende menos.

La calesita cambiaria no se detiene. En este escenario, los tipos de cambio fijo -tarde o temprano- son objeto de presiones externas, en dirección a su ajuste. Los del renminbi también, por lo que habrá que seguir de cerca su evolución el año próximo. Por ahora, parece no haber consenso acerca de cómo y cuándo. Pero es cuestión de tiempo. Los analistas ya se animan a sugerir una apreciación del renminbi respecto del dólar que estiman será de -por lo menos- entre 3%-5%, para el año próximo. En este escenario, no sorprende ciertamente que las compras de letras de tesorería norteamericanas hayan caído a niveles que hoy son apenas algo más de la mitad de lo que eran hace unos pocos meses.

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