"China está lista para embarcarse en un nuevo régimen"

Opiniones

(Personificado como Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»-, este experto en mercados internacionales se refirió a la posibilidad de inminentes cambios en la valuación de la moneda china, donde lo verdaderamente importante -dijo- es que las autoridades de ese país ya han dado el mensaje de que está todo listo para embarcarse en un nuevo régimen. El analista cree que la amenaza de EE.UU. de gravar todas las importaciones desde China disparó la decisión. Y prevé también que el euro podría retroceder frente al dólar. Este el diálogo que se mantuvo con Gekko.)

Las apuestas sobre el yuan están al rojo vivo. Se dice que China está presta para revaluar su moneda. Hay quienes afirman, inclusive, que los cambios podrían ejecutarse tan pronto como esta misma semana. ¿Es así?

Gordon Gekko: Hubo quien sugirió el viernes pasado que las autoridades chinas estaban, ese mismo día, probando el terreno de un nuevo régimen cambiario. La paridad del yuan, de hecho, se disparó por encima del «techo» admitido...


P.:
No duró mucho. Y el vocero del banco central chino -el llamado Banco del Pueblo-subrayó que se trató de un error técnico y no de la introducción de nuevas reglas de juego... ¿Es una desmentida creíble?

G.G.: Las devaluaciones no se anuncian por anticipado. Las revaluaciones, tampoco. En un sentido estricto, el vocero dijo una gran verdad: el viernes no se produjo un cambio de régimen.


P.:
Hoy el yuan mantiene una paridad fija con el dólar. Si no me equivoco, a una razón de 8,30 por unidad. ¿Cómo es que la paridad del yuan, siendo fija, pudo escaparse en alza?

G.G.: Se permite una fluctuación muy pequeña dentro de una franja de 0,3%. Desde la crisis asiática en 1997-1998, en los hechos, la cotización del yuan oscila entre 8,2760 y 8,28. El viernes se desplazó -y se habrá mantenido una media hora- en 8,27. Bastó para desatar una revolución en los mercados de divisas, a pesar del feriado en Tokio...


P.:
No parece un margen muy abultado. No para un profano. ¿Nunca ocurrió un desliz similar?

G.G.: Ha sucedido. Aunque en contadas ocasiones. Pero, en ninguna de ellas, el mismo día en el que un diario económico oficial publicase en su portada que China está preparada para flexibilizar su régimen cambiario y en condiciones de hacerlo «en cualquier momento».


P.:
No es fácil discriminar entre un error involuntario y un globo de ensayo. Pero uno se inclinaría por lo segundo...

G.G.: Lo importante es el mensaje. Una semana atrás, el titular del banco central -Zhou Xiaochuan- ya había manifestado que no subsistían obstáculos serios, técnicos ni políticos para reformar las reglas del yuan. El mensaje es el mismo: China está lista ya para embarcarse en un nuevo régimen.


P.:
¿Cómo es que la reticencia china a resolver el asunto -con su experiencia en tejer dilaciones infinitas- parece evaporarse tan de golpe? La presión de la Administración Bush habrá sido formidable...

G.G.: El secretario del Tesoro Snow lanzó un ultimátum luego de la reunión del G-7. Pero uno puede pensar que la iniciativa del senador demócrata Schumer fue el verdadero acelerador...


P.:
El proyecto que plantea gravar con un arancel de 27,5% a todas las importaciones desde China...

G.G.: Correcto. El Senado debe tratarlo en julio. Bush puede vetarlo, desde luego, pero ello implica pagar un costo político. La jugada china facilita una salida más prolija, EE.UU. no viola las reglas de la OMC y le permite a Bush anotarse el éxito, lo cual debe verse como una buena inversión a plazo de Pekín.


P.:
¿Cómo son los tiempos? ¿Cómo será el nuevo régimen del yuan? ¿Y cuáles, las consecuencias?

G.G.: No hay una respuesta definitiva para las dos primeras preguntas. Lo que hoy parece inminente se puede estirar con cargo a la intrincada parsimonia oriental. Y se puede ensayar una gama muy amplia de regímenes cambiarios...


P.:
Todo es posible menos una flotación limpia...

G.G.: Hay disponibles muchísimas alternativas -que a su vez se pueden combinar entre sí- que son enteramente compatibles con la voluntad de mantener, en todo momento, un férreo control de la situación. Empezando por ampliar las bandas de fluctuación o por cambiar el soporte de la fijación y nada más, adoptando una canasta de monedas...


P.:
Sube el yen y también las demás las monedas de la región. Aun antes que se modifique una coma en las normas cambiarias de China...

G.G.:Así es. Es muy tentador pensar en un «overshooting» -una sobrerreacción en las monedas de los vecinos de China (en aquellas que flotan)- que comience ahora, antes de los cambios, pero que se extienda después; sobre todo si las autoridades chinas eligen un camino de ajuste gradual y como resultado el yuan se aprecia muy poco inicialmente.

P.:
¿Cómo queda parado el euro?

G.G.:A priori, el resultado es ambiguo. Pero no me sorprendería un ápice si retrocediese frente al dólar en forma importante.

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