8 de junio 2005 - 00:00

Cómo fracasar a la argentina

Seguramente el directorio de General Motors no haya prestado mucha atención a la política argentina. Tampoco los sindicalistas que nuclean a sus trabajadores, ni sus accionistas, ni quienes han suscripto bonos de la primera compañía automotriz del mundo. Pero General Motors luego de más de 75 años como líder está ahora en serios riesgos de tener que hacer el default.

En un mundo que la tecnología acerca y reduce espacios, que profundiza la competencia de las empresas para ofrecer mejores bienes y servicios a los consumidores y al menor precio posible General Motors debe cobrar en el precio de cada automotor que vende y antes de poner un tornillo en él nada menos que u$s 1.600 que son el costo promedio por unidad para cubrir las conquistas sociales de sus trabajadores y sindicalistas, en especial los subsidios a la atención de salud de los jubilados de General Motors y de sus pensiones.

• Presiones

Cuando todo era rosa y nadie podía amenazar el liderazgo empresarial de General Motors los sindicalistas presionaron con huelgas, sus líderes eran muy populares porque podían obtener grandes conquistas sociales a costa de los accionistas y de la empresa. Dado que los que producen ganan mucho dinero ¿por qué no redistribuir algo entre los trabajadores? ¿Suena conocido, o no?

Además, el directorio ni siquiera puede reestructurar sus fábricas sin consentimiento del sindicato por ejemplo, ni hacer planes de producción sin asegurar trabajo a cada línea de ensamblaje.

Todo muy lindo, pero así es como General Motors ha llegado a tener que seguir produciendo sólo en los EE.UU. unos 89 modelos de automóviles mientras su más fuerte competidor, Toyota fabrica 26. Un verdadero costo de manejo de stocks, de acuerdos ineficientes con proveedores, de ineficiencia en las cadenas de montaje, de sobrecostos de marketing y venta y por supuesto un drenaje permanente de dinero hacia cuestiones improductivas relegando la investigación y desarrollo. Los sindicalistas aun hoy se niegan a revisar los convenios colectivos de trabajo que tienen varias décadas y durante las cuales General Motors no ha dejado de ir declinando cada día. Sus argumentos son que «desde siempre hemos estado en situaciones de dificultad y la compañía ha salido adelante». Los directivos «compraron» la paz con los sindicatos con el dinero de los accionistas, de los bancos y bonistas que financian a la compañía y mientras se otorgaron suculentos sueldos. Los accionistas, bancos y bonistas jamás analizaron la «imposible» caída de General Motors, al menos no hasta hoy, porque es una compañía gigante y emblema del capitalismo norteamericano. Ahora los cómplices del fracaso -los directivos y sindicalistas de General Motors- han empezado la fase demagógica de querer colectivizar su fracaso y los pasivos creados pidiendo ayudas al gobierno de su país, como nuestros gobernantes piden al FMI, al BID y al Banco Mundial, etc.

Ahora suena mucho más conocido aún. Suena a nuestros sindicalistas y políticos, a nuestra izquierda que siempre promete que se puede vivir de lo ajeno, de redistribuir lo que algunos están ganando como si fuera un pecado o fruto del robo, no de haber servido a los clientes, de haberles dado algo que a ellos les resultó útil y beneficioso. Las conquistas demagógicastienen su precio, en la Argentina y en los EE.UU., y es el que ahora enfrenta a General Motors con su posible quiebra, a sus acreedores con el default de la empresa.

• Disimulo

La irresponsabilidad y los errores se pagan, no se pueden evitar. Y los directivos de General Motors como sus sindicatos, no han sido menos irresponsables en la situación de su empresa que los de Enron o Worldcom en sus quiebras. Han disimulado su defraudación a la empresa bajo la mentirosa y falsa demagogia de la «justicia social», de repartirse lo ajeno a favor de otros. Han disimulado su robo a los accionistas y bonistas mediante el «tranquilizador y solidario» argumento de ayudar a quienes menos tenían, a los que se jubilaban beneficios eternos y «gratuitos», claro que eran gratis para ellos pero muy caros para la empresa, es decir sus accionistas, trabajadores actuales, bonistas, etc. La culpa ahora es de los de afuera, de la tasa de interés de los acreedores. Pero como ellos son una industria emblemática deben ser auxiliados.

Que es decir que piden a su gobierno que los contribuyentes norteamericanos sean obligados a pagarle por sus malas decisiones, a pagar una fiesta donde no fueron invitados, ni lo serán. Cada vez suena más conocido.

En Enron o Worldcom se inventaban ganancias, valorización de activos, etc. En General Motors como en la Argentina se crearon pasivos impagables y se los disimuló con la esperanza que la bomba explotara en manos de otros, muchos años adelante y las culpas estuvieran disimulados por el paso del tiempo.

General Motors no tiene su futuro exitoso asegurado, más bien los escollos en el camino y la falta de visión de sus directivos recuerda a la dirigencia argentina. Hay diferencias, por supuesto, General Motors no puede obligar a nadie a comprarles sus automotores pero el Estado argentino sí nos sube los impuestos y nos mantiene prisioneros de sus políticas. En otras palabras, General Motors no puede postergar las decisiones que debe tomar, porque en las empresas los errores y fracasos se pagan con la quiebra. Los Estados condenan a la pobreza a sus ciudadanos.

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