Cómo prevenir la corrupción judicial
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Si la información suministrada, a su vez, resulta falsa, o si se omite denunciar lo que conforme a la ley corresponde, es previsible que se inicien acciones civiles de responsabilidad y se impongan así multas que no exceden los 10.000 dólares.
Las presentaciones aludidas son recibidas y revisadas, en primer lugar, por un Comité integrado por quince jueces federales con representación geográfica diversificada, quienes pueden, caso a caso, pedir aclaraciones o información adicional a quienes los presentan.
• Seguimiento
El Auditor General Federal («Comptroller General»), por su parte debe (en función de lo dispuesto en la sección 108 de esa norma) seguir regularmente la cuestión, e informar si las normas son -o no- respetadas. Además debe practicar las correspondientes auditorías, incluyendo algunas imprevisibles, esto es, cuyos sujetos pasivos sean determinados al azar.
Todos los años, en función de su obligación, el auditor general presenta al Congreso Federal un informe detallado de gestión, denominado «Información Financiera. Implementación de la Ley que gobierna al personal del Poder Judicial». Copia del mismo se envía, entre otros, al presidente de la Suprema Corte y al Director de la Oficina Administrativa de los tribunales de los Estados Unidos.
Las normas que exigen la presentación de los informes y declaraciones se previeron, originalmente, para los funcionarios del Poder Ejecutivo federal. Pero su alcance se extendió al Poder Judicial (fuero federal), en 1989. Hace apenas quince años, entonces. Unos 2.500 funcionarios judiciales concretan cada año las presentaciones. Incluyendo a los empleados judiciales de mayor jerarquía. Religiosamente.
Hasta 1986, solamente cuatro jueces federales norteamericanos fueron objeto de procedimientos de desafuero y terminaron siendo destituidos. En la segunda mitad de la década de los ochenta (1987), de pronto tres jueces federales fueron destituidos en rápida seguidilla: Hastings, Nixon y Clairborne, de Florida, Mississippi y Nevada, respectivamente. Ultimamente, estos procedimientos han decrecido notablemente.
• El nivel de los Estados
Una rápida búsqueda a través del «Lexis-Nexis» arroja, como resultado no imprevisto, que también a nivel de los distintos Estados que componen la Unión hay normas de esta naturaleza.
Así, por ejemplo, también el estado de Florida (FSA Const. Artículo 2,8 («Etica en la función de gobierno») exige que, todos los años, sus propios jueces presenten declaraciones informando acerca de su evolución patrimonial y financiera. Massachusetts (M.G.L.A. 268 B, 5) y Pennsylvania (65 Pa. CSA 1104), hacen -cada una de ellos- lo propio con los jueces que conforman sus respectivos Poderes Judiciales.
La necesidad de una prevención mínima acerca de la posibilidad de la corrupción parece entonces haber permeado desde el nivel federal a los niveles estatales. Como debe ser. Porque la honestidad e independencia en la labor de los juzgadores son requisitos absolutamente indispensables del llamado «debido proceso legal».
• Para meditar
Es hora de modernizar nuestro marco normativo y organizar un esquema -moderno- de declaraciones juradas patrimoniales y financieras para los jueces, en línea con el que ya existe respecto de los funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional. El mismo, para ser eficiente, debería estar complementado, a su vez, por un esquema paralelo de auditorías que permita verificar si la información suministrada es completa y correcta. Los responsables de verificar y controlar las auditorías deberían, como en los Estados Unidos, poder interrogar a los funcionarios y empleados de los juzgados, quienes, con frecuencia, son testigos silenciosos de las «anomalías», que «viven» de cerca. Es la forma probablemente más rápida y eficiente de acercarse a la verdad. Importantísimo.
Las normas deberían extender la exigencia de transparencia a los familiares inmediatos de quienes están alcanzados por ellas, obligándolos a tener que presentar, también ellos, las declaraciones -complementarias- del caso. De lo contrario, la forma de evadir la verdad resulta demasiado fácil.
(*) Profesor visitante. Universidad de Michigan.




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