El impacto del Covid-19 en las infancias y adolescencias

Opiniones

Dentro de las medidas preventivas por el Covid-19, se han suspendido las clases, lo que implica un nuevo desafío para las familias: asumir esa prioridad en el seno hogareño y ser los padres quienes conducen el proceso de formación pedagógica y curricular de sus hijos.

¿Cómo enfrentan las familias de menores recursos con niños la situación de pandemia? ¿Qué acciones vienen desplegando los gobiernos de la región para garantizar la alimentación, escolarización y cuidados de las infancias y adolescencias? ¿Cómo responde el sistema educativo a la escolarización en casa?

La pandemia que está provocando estragos en todo el mundo, en Latinoamérica tiene una dimensión particular. Nuestra región no sufre la cantidad de víctimas de otras, pero las múltiples desigualdades que son propias de nuestros países exponen otros tipos de padecimientos. Por eso se vuelve tan necesaria la acción de los Estados para dar respuestas rápidas y asistir a los más afectados por la crisis.

Este proceso obliga a un compromiso humanitario de cuidarnos entre todos y todas, especialmente a las infancias y las adolescencias que son las más afectadas por esas inequidades múltiples.

Respuestas de los gobiernos

En la región todavía se están delimitando los alcances del Coronavirus, y los gobiernos van tomando medidas que logren aislar los casos confirmados y evitar lo más posible su propagación. Hay ejemplos llamativos como los de Brasil, donde las absurdas acciones del gobierno invitan a pensar que los alcances de la tragedia pueden tener efectos estremecedores. De todas maneras, más allá de ese caso, lo que puede observarse hasta ahora es que, en mayor o menor medida, se van cumpliendo los hitos preventivos que recomienda la OMS en función del grado de penetración de la pandemia registrado para cada caso.

Dentro de esas medidas preventivas, se han suspendido las clases en buena parte de las naciones de Sudamérica, lo que implica un nuevo desafío para las familias: asumir esa prioridad en el seno hogareño y ser los padres quienes conducen el proceso de formación pedagógica y curricular de sus hijos.

Esta suspensión ha sido acompañada de planes de contingencia que buscan apuntalar la labor de los padres. Así, hay escuelas que envían material o tareas para que NNyA tengan el menor impacto posible, y también los Estados facilitan la difusión de programas educativos o aplicaciones digitales para complementar esa labor y abastecer a los padres de herramientas didácticas que colaboren en ese sentido.

Frente a la pandemia, en Argentina el Gobierno dispuso acompañar los procesos educativos con modalidad virtual durante el período de suspensión de las clases a través del plan “Seguimos educando” y también comenzó a repartir los dispositivos tecnológicos que la gestión anterior no entregó. En Chile se hizo lo propio y se anunció una plataforma tecnológica (“Aprendo en línea”) para seguir impartiendo educación a distancia. Ecuador, que fue uno de los primeros países en la región afectados por el brote del Covid-19, decidió la suspensión de clases a todo nivel durante un lapso determinado, y en paralelo promovió aulas virtuales de educación básica para acompañar a las familias en el proceso de formación de sus hijos e hijas.

Este cambio en curso de por sí implica una estratificación social lógica: no todos disponen de internet o infraestructura tecnológica o, aun reuniendo estas condiciones, no todos los niños y niñas tienen un acompañamiento familiar para apuntalar su formación mientras no puedan asistir al aula (sea por desconocimiento sobre la adecuada manipulación de estas herramientas o por cualquier otro motivo). La brecha digital impone desigualdades con impactos concretos en la niñez, en las dinámicas intrafamiliares y la relación entre escuela y familia, distante de ser armoniosa. Siendo los hogares quienes asumen el desafío de la escolarización de NNyA, se impone entonces un proceso de sobrecarga de las familias en los cuidados y en especial de las mujeres, con impactos en el bienestar de la niñez e inequidades que se amplifican.

Otro tema es la alimentación. En Latinoamérica muchos establecimientos educativos funcionan como comedores donde los niños y niñas cubren buena parte de su alimentación diaria. Según la ONU, 85 millones de alumnos en América Latina y el Caribe acuden a estos lugares, y para 10 millones de ellos estos sustentos son los más importantes que reciben en el día. El llamamiento que hace el organismo internacional para garantizarlos está siendo implementado por los distintos países, de modo que el aislamiento no afecte la normal nutrición de los más necesitados. En ese sentido, el gobierno argentino ha anunciado un operativo especial de distribución de alimentos y un cambio en la modalidad de la tarjeta alimentaria que se distribuye entre los más vulnerables y que les permite comprar alimentos y bebidas sin alcohol. Por otro lado, el de Brasil es el segundo programa de alimentación escolar más grande del mundo después del de India, en consonancia con los enormes niveles de desigualdad que afronta ese país.

Debates

Recientemente, un Webinar organizado por Equidad para la Infancia, entidad dedicada a la difusión y producción de conocimiento orientado a superar los problemas que acontecen en la infancia, y Fundación ARCOR, reunió a una serie de especialistas que abordaron los múltiples impactos en la niñez desde que se desató la pandemia.

Algunas conclusiones fueron:

  • La pandemia Covid-19 expuso las debilidades de un sistema educativo poco preparado para actuar en crisis, aún en contexto de crisis permanente como la que se vive en países de la región. Las acciones gubernamentales de los países de América Latina pasaron de un primer momento destinado a medidas preventivas, impulsando protocolos de cuidado, al intento por darle continuidad a la enseñanza en entornos virtuales. A posteriori, frente a la súbita suspensión de clases, la agenda cambia por completo y pasan a refuncionalizarse recursos que ya existían, pero donde lo que se evidencia es la notoria falta de equipamiento para evitar discontinuidades en esa enseñanza.
  • Se está debatiendo acerca de la conveniencia de seguir con los tradicionales contenidos curriculares o si debieran reforzarse actividades culturales, la educación física en el hogar, y los principios de solidaridad y empatía que exige una situación de cuarentena como la actual.
  • Como reto es necesario revisar los supuestos que subyacen a las prácticas educativas, donde se invisibilizan las múltiples inequidades que operan en las infancias latinoamericanas. Asimismo, se señaló que es crucial planificar cómo será la transición hacia la escuela en la post pandemia, siendo necesario pensar a las crisis como un elemento constante en nuestra realidad.
  • Se alertó sobre una profundización de las desigualdades en la región. La pandemia expone las desigualdades existentes en nuestras sociedades. La crisis está impactando en el país que hoy es el epicentro del Covid-19 en el mundo: Estados Unidos. Allí, la crisis golpea mayormente a niños y niñas de familias latinas, cuyos padres trabajan en servicios, que es el sector económico más afectado por la fuerte caída en actividad. Hoy estas familias no están pudiendo afrontar los costos de escolarización e incluso la primera potencia mundial está registrando fuertes problemas de acceso a internet en algunas de sus grandes metrópolis.
  • Se enfatizó que en nuestros países la pandemia tiene lugar bajo sistemas de salud sumamente precarizados. A la falta de acceso a la tecnología en muchos hogares pobres, se le adiciona la creciente violencia doméstica. En países muy desiguales como Brasil, a estos aspectos se le yuxtapone una crisis alimentaria muy profunda.
  • En este contexto resulta crucial atender a la situación y cuidados de sectores sumamente invisibilizados, como los niños y las niñas sin cuidados parentales, sobre los cuales las estrategias de los gobiernos parecen ser insuficientes, exponiendo un vacío estructural y persistente.

De aquí en más, se impone el desafío de ser proactivos en la contención de los sectores más afectados por las iniciativas de aislamiento y cuarentena. Los hijos e hijas de los más damnificados por la inequidad distributiva deben ser prioridad en las agendas a desplegarse en los próximos meses. Las capacidades del Estado en lo inmediato en Latinoamérica deben estar puestas en lograr amalgamar lo más posible las indicaciones generales para disuadir la pandemia con las iniciativas tendientes a actuar inmediatamente sobre los sectores más afectados por dichas medidas, que son los que menos tiempo tienen para resistir la inevitable caída en la actividad económica que se viene para toda la región.

(*)Coordinadora Académica del Diploma Superior de Desigualdades y Políticas Públicas Distributivas de la FLACSO |desigualdades@flacso.org.ar

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