Cuando conocemos a alguien, una de las primeras preguntas que hacemos es: “¿A qué te dedicás?”. Muchas veces respondemos con nuestra profesión, el cargo que tenemos o la empresa que dirigimos.
Cuando el trabajo se convierte en tu identidad: ¿quién sos fuera de tu profesión?
En muchas pymes se ve cuando el dueño tiene dificultades para delegar. Conoce a los clientes, revisa cada presupuesto y quiere estar al tanto de cualquier decisión. A veces piensa que nadie va a hacer las cosas como él. Mientras tanto, los empleados esperan su aprobación y los proyectos se demoran cuando no está disponible.
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Una empresa necesita personas capaces de asumir responsabilidades sin consultar cada paso.
Para quienes construyeron una empresa desde cero, esa relación puede ser todavía más fuerte. Pasaron años tomando decisiones, resolviendo problemas y estando disponibles para todo. Con el tiempo, pueden acostumbrarse a que cada asunto importante pase por ellos.
En muchas pymes se ve cuando el dueño tiene dificultades para delegar. Conoce a los clientes, revisa cada presupuesto y quiere estar al tanto de cualquier decisión. A veces piensa que nadie va a hacer las cosas como él. Mientras tanto, los empleados esperan su aprobación y los proyectos se demoran cuando no está disponible.
El problema también aparece cuando llega el momento de cambiar de función. Una persona puede haber sido excelente para poner en marcha un negocio, pero la empresa que tiene hoy necesita una manera distinta de trabajar. Quizás llegó el momento de formar responsables de área, compartir decisiones o dejar que otros propongan soluciones.
Hay empresarios que saben que necesitan estos cambios y aun así los postergan, les preocupa perder autoridad, dejar de estar al tanto de todo o que los demás piensen que ya no son necesarios. Después de tantos años siendo la persona a la que todos consultan, dar un paso al costado puede ser más difícil de lo que parece.
Esto se vuelve especialmente visible en las empresas familiares, el fundador puede querer que sus hijos participen, pero seguir tomando todas las decisiones. Los hijos, por su parte, pueden tener nuevas ideas y encontrarse con que nunca llega el momento de llevarlas adelante. Así, una sucesión que debería prepararse con tiempo termina postergada durante años, hasta que una urgencia obliga a resolverla.
Preparar una sucesión lleva mucho más que elegir un nombre, conviene que las responsabilidades estén claras, que otras personas conozcan el funcionamiento del negocio y que puedan tomar decisiones mientras el fundador sigue presente. Esperar a que el dueño se retire para empezar a organizar todo deja a la empresa dependiendo de una sola decisión.
Algo parecido pasa con quienes ocupan cargos de dirección, Hay gerentes que siguen en puestos que ya no disfrutan porque sienten que cambiar de trabajo sería perder todo lo que consiguieron. Cuando el prestigio pesa tanto, las decisiones profesionales pueden quedar más ligadas a cómo nos van a ver los demás que a lo que queremos hacer.
También conviene mirar qué pasa fuera del horario laboral. Si una persona organiza toda su semana alrededor de la empresa, posterga encuentros y deja de lado actividades que disfrutaba, con el tiempo puede encontrarse con que casi todo lo que hace está relacionado con su trabajo. Entonces, cuando piensa en vender el negocio, jubilarse o reducir su participación, le cuesta imaginar cómo va a usar ese tiempo.
Una empresa necesita personas capaces de asumir responsabilidades sin consultar cada paso. Quien la dirige puede empezar por elegir decisiones que hoy pasan por sus manos y que otro integrante del equipo ya está preparado para tomar. También puede revisar qué tareas conserva por costumbre y cuáles necesitan realmente su participación. Delegar va a permitir que otros crezcan y que el funcionamiento del negocio tenga menos interrupciones.
Después de muchos años de trabajo, alguien puede seguir disfrutando de su profesión y al mismo tiempo querer dedicarle menos horas. También puede descubrir que le interesan otras actividades o que prefiere ocupar un lugar diferente dentro de la empresa. Poder elegir esos cambios con tiempo da más posibilidades de organizar el futuro del negocio y de la propia vida. La pregunta es si la empresa está preparada para funcionar cuando quien la creó decida ocupar otro lugar.
Dr. en psicología, docente, autor y conferencista
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