De ópera bufa

Opiniones

«Si van solos a insultarte y hay que llamar amigos o contratados para defenderte, entonces ¡estás en problemas!» Esa reflexión casi sabia, susurrada por alguien ducho de la política, mínima llegada produjo en quienes desde el poder indujeron -e inducen- la presencia de esas brigadas de respuesta rápida (si se utiliza el lenguaje castrista) o de fascistas camisas pardas (para usar otra variante oral del demonio represor) como sistema para llegar a los característicos castrati invocando la existencia de un golpe de Estado y, rojo de protagonismo, trasladando esa culpabilidad a determinadas familias o clases sociales de dudosa existencia ya en la Argentina. Ni Scarpia se atrevía a tanto.

Irresponsable esa convocatoria y de la cual el comprometido gobierno se quiso prescindir -advirtiendo que no la avalaba- cuando ya las fuerzas de choque avanzaban por Avenida de Mayo para estrellarse contra los sonoros grupos instalados en la Plaza en defensa de los productores agrarios. Doble irresponsabilidad ya que alguien, en simultáneo, también ordenó el retiro de los efectivos policiales, invitando al guignol de una paliza colectiva, a una masacre de estadio de fútbol, sin importar víctimas, contando sólo con barras bravas de un solo lado. Como los Kirchner han sido una pareja de suerte, anoche y anteanoche la fortuna también les sonrió: esa violencia latente caminó por la cornisa sin llegar a explotar. Casi un milagro.

El rol que la Administración le otorga a D'Elía -a quien le podrían actualizar el libreto revolucionario, hacerlo más sofisticado y tentador en lugar de insistir con la lucha de clases o de barrio- supera sus propias expectativas existenciales, de ahí la emoción que deposita en sus ejercicios calisténicos, en su orgullo de «negro» (nunca menciona su obesidad, más notoria que el color de su piel) y en esa convicción de salvador de los pobres y de la democracia. Si no fuera subsidiado por el actual Estado, su lucha merecería un fascículo. Pero, aun cuando se reconocen profesiones indignas (verdugo, por ejemplo), ésta de rompehuelgas o de manifestaciones que tan bien le sienta a D'Elía no se sabe si les produce beneficios a sus mandantes (ya que a la sociedad, obviamente, no la representa).

Hasta ahora, él mismo se ha forjado su destino con cuestionables declaraciones, la toma de una comisaría, el asalto y escrache a una empresa petrolera y su adhesión ilimitada a las expresiones más violentas del jefe iraní. ¿Era esta ayuda beligerante, controvertida, la que imaginaba Cristina de Kirchner cuando empezó su gobierno? Ni ella debía suponer, entonces, que su gestión se deslizaría en tropicales prácticas chavistas, piloteadas por un personaje de ópera bufa. Hasta ahora. O hasta que la expresión musical cambie el sentido, ya que el desenlace del drama es conocido cuando uno no puede hacer lo que piensa.

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