26 de julio 2004 - 00:00

Debate: Artana 2 - Bielsa 2 (ahora definen por penales)

Nuevamente el canciller Bielsa salió a responder a Daniel Artana. El origen del debate fue un artículo publicado por el economista de FIEL en este diario en donde señalaba que el acuerdo entre empresarios para solucionar las diferencias comerciales entre la Argentina y Brasil era "la peor opción". Le contestó Bielsa, respondió Artana, y en este artículo se expone, por último, la visión del canciller argentino. Interesan los diferentes puntos de vista, más cuando se trata de algo tan importante -y siempre descuidado-, como la negociación comercial y los diferentes acuerdos que se logran dentro y fuera del Mercosur.

En la edición de Ambito Financiero del miércoles-21 de julio, Daniel Artanaresponde a una nota de mi autoría publicada el martes anterior en este mismo diario. Allí, expuse una serie de argumentos orientados a explicar por qué, desde la perspectiva del gobierno nacional, las medidas adoptadas para resolver la situación comercial recientemente planteada con Brasil no son -como Artana aseguraba en una nota previa-la «peor opción».

Coincido enteramente con el columnista en que el debate de ideas es fundamental para mejorar las decisiones de política pública; las suyas, que revelan una genuina preocupación por el país, se agradecen. No obstante, para que estos debates no se conviertan en disquisiciones puramente teóricas, es preciso enmarcarlos en la realidad política, económica y social en la cual están inmersos.

A propósito de dicho encuadre, quisiera hacer los siguientes comentarios. En su nota del miércoles, el analista se refiere a la protección adicional que supone el resultado de las negociaciones entre los sectores privados de línea blanca de la Argentina y Brasil considerando, con un cuidadoso lenguaje teórico, que son los consumidores quienes pierden con esta protección. Llevando a un extremo este razonamiento, el óptimo estaría dado por un arancel cero para todos los productos y con todo el mundo, siendo el mercado el que asignara los recursos de acuerdo con las ventajas comparativas.

• Lejanía

La realidad, sin embargo, es diferente. Durante la década pasada, la aplicación de políticas que buscaron la apertura comercial como un fin en sí misma dejó en evidencia lo lejos que estamos de aquel mundo doctrinario. Además, si bien la teoría indica que una limitación de la oferta podría tender a incrementar los precios y afectar a los consumidores, hay que contemplar que éstos lo son porque reciben un ingreso por su trabajo, y en un contexto de fuerte desempleo, el gobierno debe velar por las fuentes de trabajo sin las cuales no habría consumo ni disquisición posibles. En el transcurso de los años noventa, se consideró que la instrumentación de políticas industriales no era necesaria porque el funcionamiento del libre mercado las tornaba superfluas. Aunque el dinamismo inaugural del Mercosur parecía mostrar que esa estrategia era capaz de dar frutos permanentes, con el correr del tiempo fue quedando cada vez más claro que dicho enfoque debía ser complementado con el diseño de políticas activas, que impulsaran un desarrollo equilibrado y sustentable. La trascendencia del Mercosur como política de Estado exige necesariamente su armonización con las políticas y con las prioridades nacionales. En ese marco, los acuerdos que están alcanzando los sectores privados de la Argentina y Brasil constituyen un elemento más en el proceso en el cual estamos embarcados con los socios del bloque, que debe atender las delicadas situaciones coyunturales internas de sus miembros, al tiempo que se desarrolla un proyecto estratégico para nuestro país y la región.

• Estímulo

Nuestra tarea en tanto gobierno es, en consecuencia, arbitrar permanentemente entre la coyuntura y los objetivos de más largo plazo, disponiendo de un Estado no desmantelado en condiciones de cumplir un cometido tan irrefutable como el expuesto. Más allá de las consideraciones de los economistas, como Artana, que siempre nos resultan útiles, los funcionarios públicos debemos apreciar una multiplicidad de elementos y variables, no sólo desde una perspectiva del consumo, sino desde la óptica global de las políticas tendientes a promover el bienestar del conjunto. El articulista lo sabe, porque también fue funcionario público.

No deja de estimularme, entonces, que el doctor Artana aliente la aplicación de medidas directas de promoción sectorial, tales como créditos blandos y subsidios directos a las empresas, así como que otros actores de la política alineados con lo que en términos genéricos se llama el «liberalismo» hayan incorporado a sus agendas el escándalo de la pobreza y sus consecuencias en la convivencia social. Ciertamente, a medida que las restricciones fiscales actuales sean superadas, el gobierno nacional podrá profundizar el fortalecimiento de una política industrial, congruente con aquellas sugerencias.

Dejá tu comentario

Te puede interesar