28 de enero 2004 - 00:00

Déficit en EE.UU. es porque ricos no pagan impuestos

Hasta los conservadores están empezando a admitir que George W. Bush no habla en serio cuando afirma que está haciendo algo con respecto al creciente déficit presupuestario. En el mejor de los casos -tomando prestado el lenguaje que ya es clásico en el mensaje sobre el Estado de la Unión-, su administración está inmersa en un programa que apunta a la reducción del déficit. Sin embargo, estas admisiones han ido acompañadas de una «leyenda urbana» sobre sus supuestas fallas. Según informes astutamente engañosos de la Fundación Heritage y otras fuentes de orientación similar, el déficit está creciendo debido a que Bush no es tan conservador como debería: el presidente está permitiendo un crecimiento descontrolado en el gasto interno. Este mito está enfocado a desviar la atención del verdadero culpable: recaudaciones fiscales sumamente reducidas, principalmente de empresas y de los ricos.

¿Está creciendo real-mente de manera excesiva el gasto interno? Considérenlo: haciendo a un lado los subsidios agrícolas, ¿qué programas domésticos han recibido generosos aumentos en el presupuesto en los últimos tres años? ¿La educación? No seamos ingenuos: el programa Ningún Niño Queda Atrás está convirtiéndose a grandes pasos en una broma enfermiza.

De hecho, muchas dependencias gubernamentales presentan una severa carencia de recursos. Por ejemplo, el mes pasado, la directora de la policía del Servicio de Parques Nacionales admitió ante el periodismo que su oficina enfrentaba serias carencias presupuestarias y de personal, y fue despedida casi de inmediato.

• Aclaración

Un reciente estudio por parte del Centro sobre Prioridades Presupuestarias y de Política aclara los tantos. Si bien el gasto general del gobierno ha aumentado rápidamente desde 2001, la mayor parte del incremento puede atribuirse a los desembolsos en Defensa y en Seguridad Territorial, o a otros gastos directos del gobierno, como el seguro para el desempleo, que automáticamente sube cuando la economía está deprimida.

¿Por qué, entonces, enfrentamos la perspectiva de enormes déficit?
Una parte de la respuesta está en el repunte del gasto en la defensa y la seguridad territorial. La razón principal para explicar los faltantes, sin embargo, es que los ingresos han caído. Los ingresos por impuestos federales como parte del ingreso nacional actualmente están en su nivel más bajo desde 1950.

Por supuesto, la mayoría de la población no siente que sus impuestos hayan descendido marcadamente. Y están en lo cierto: los gravámenes que recaen sobre todo en los estadounidenses de ingresos medios --como el impuesto al salario-siguen rondando niveles históricos por lo elevados. La declinación en los ingresos públicos provino casi por completo de impuestos que son pagados, en su mayoría, por 5% de las familias más ricas: el ingreso personal sobre la renta y el impuesto sobre las ganancias corporativas. En la actualidad, estos gravámenes combinados abarcan una porción menor del ingreso nacional en comparación con cualquier año desde la Segunda Guerra Mundial.

Esta declinación en los aportes que hace el sector más acaudalado de la sociedad es el resultado, en parte, de las reducciones fiscales de Bush, que representan más de la mitad del déficit proyectado para este año. Sin embargo, probablemente también refleje
una epidemia de elusión y evasión fiscal. Todos los que deseen entender qué le está ocurriendo al sistema fiscal deberían leer «Perfectamente legal», el nuevo libro de David Cay Johnston, periodista impositivo del «New York Times»; allí se muestra cómo las ideologías han vuelto seguro a Estados Unidos para las personas ricas que no tienen ganas de pagar impuestos.

Quedé particularmente asombrado por la descripción de Johnston acerca de las audiencias del Comité de Finanzas del Senado, entre 1997 y 1998. Los senadores
Trent Lott y Frank Murkowsky acusaron al Servicio Interno de Recaudaciones (IRS por sus iniciales en inglés, el organismo recaudador de Estados Unidos) de tácticas similares a las de la Gestapo, luego de lo cual el Congreso estadounidense aprobó nuevas reglas que restringieron severamente la capacidad del IRS para investigar a presuntos evasores fiscales.

Solamente más tarde, cuando las cámaras ya no estaban filmando, quedó en claro que todo el asunto era una estafa:
la mayoría de las acusaciones no eran ciertas, y había buenas razones para creer que el testigo estrella, quien describió dramáticamente cómo agentes del IRS lo humillaron, realmente estaba participando en una evasión fiscal de grandes proporciones (con el tiempo terminó pagando 23 millones de dólares, insistiendo en que él no había hecho nada malo).

• Objetivo final

Esa maniobra formó parte de una estafa mayor. Lo que actualmente está agotándose en Estados Unidos es la estrategia conocida en la derecha como «matar de hambre a la bestia». El objetivo final consiste en derogar programas gubernamentales que ayudan a los más desposeídos y a la clase media y usar los ahorros resultantes para reducir los impuestos de los ricos. Está claro que, a pesar de la ofensiva ideológica detrás de esas movidas, la opinión pública nunca votaría a favor de semejantes recortes.

Por lo tanto, la derecha política ha utilizado engañosas tácticas de venta para socavar la aplicación de leyes fiscales y buscar la aprobación de recortes impositivos para los contribuyentes de mayores ingresos. Y ahora que el déficit ha salido a la luz, la derecha insiste en que
es el resultado de un gasto descontrolado, el cual debe reducirse.

Si bien esta estrategia ha sido notablemente exitosa hasta la fecha, ofrece también una gran oportunidad para la oposición. Así que, a continuación, una prueba para los contendientes demócratas: dejando a un lado sus propuestas, ¿cuál de ustedes puede explicar al pueblo estadounidense, de la mejor manera, la estafa presupuestaria que está en marcha?

* Especial de "The New York Times"

Dejá tu comentario

Te puede interesar