Dilema: ¿cómo mantener alto el dólar sin generar inflación?

Opiniones

El resultado inflacionario de junio demostró que la batalla contra la inflación no estaba ganada y que el cumplimiento de los objetivos de aumentos de precios corre serios riesgos si el Banco Central sigue priorizando el sostener el tipo de cambio nominal.

La Argentina ha asumido como estrategia de política monetaria la de «metas de inflación». En nuestro país, no es el Ministerio de Economía el que fija los objetivos de suba de precio para el año siguiente. Por ende, no es cierto lo que dicen en el gobierno que se están cumpliendo porque se ubicaría dentro del rango (8%-11%) que éste fijó en el presupuesto. En el caso argentino, el que determina las metas es el Banco Central, quien las proyectó, en 2004, entre 5% y 8% para el corriente período.

Sin duda, el motivo más importante para mantener baja la suba de precios es su fuerte impacto negativo sobre los sectores más pobres de la sociedad. Sin embargo, también, es muy importante cumplir con las metas de inflación fijadas; ya que, de no hacerlo, dejaría de tener sentido y credibilidad la estrategia de política monetaria y cambiaria. De esta forma, nuestro país sería menos predecible y confiable y la inversión se vería resentida afectando negativamente las posibilidades futuras de crecimiento económico y del empleo.

Hasta ahora el Banco Central ha logrado sostener el tipo de cambio con fuertes compras de divisas que no derivaron antes en una aceleración de la inflación debido a que una parte creciente de ellas las obtuvo a cambio de deuda y no de pesos. Esta acumulación creciente de pasivos remunerados de la autoridad monetaria (que supera los u$s 9.500 millones y significa más de 40% de las reservas) no es todavía preocupante debido a que aún es bajo el monto y las tasas de interés que paga. Sin embargo, los grandes endeudamientos empezaron por ser pequeños y, además, en los últimos meses los rendimientos internos han sido fuertemente crecientes.

• Informe cuestionable

Por otro lado, el BCRA dice en sus informes que ha estado cumpliendo con el programa monetario; ya que el stock de base monetaria promedio se mantiene por debajo del rango superior que fijase el año pasado para el presente. Sin embargo, tampoco esto es estrictamente cierto. El rango superior del programa es el compatible con el límite inferior de la meta de inflación, 5%. Si hay baja inflación es que existe suficiente demanda de moneda y, por ende, puedo emitir más. En tanto, si la gente no quiere tanta base monetaria, la inflación es más alta y debo emitir menos. Por eso, el máximo de inflación pautada, 8%, es compatible con el rango inferior del programa monetario. Esto quiere decir que, para cumplir con las propias metas que se fijó, la autoridad monetaria debería llevar la base monetaria al piso de su programa, ya que se espera más de 8% de inflación, y no mantenerlo cerca del techo como lo está haciendo.

Esta actitud del Banco Central no se tradujo antes en un aumento de la inflación debido a que: a)
Estuvo bajando el dólar. La Argentina está viviendo un cambio de precios relativos. Con la devaluación, los únicos que pudieron recomponer los valores de sus productos fueron aquellos que dependían de la demanda externa o competían con productos importados. En tanto, los que proveen mayormente o totalmente al gasto doméstico quedaron fuertemente rezagados debido a la fuerte crisis económica. En la medida que el PBI se fue recomponiendo era natural que tendieran a querer mejorar los precios de aquello que vendían. El índice de precios al consumidor (IPC) está compuesto mayormente por este tipo de bienes y servicios; por lo que la recuperación de sus valores relativos pega mayormente allí, donde generalmente se mide la inflación. La mejora que debe darse es para recuperar posiciones respecto del aumento del dólar; por lo que se puede dar por un aumento del IPC o por una baja de la moneda estadounidense en términos de pesos. Por eso, el haber permitido que el dólar descendiera durante los últimos tres meses ha moderado coyunturalmente la suba de los precios al consumidor. Sin embargo, es poco probable que el gobierno permita que esta baja continúe; por lo que todo el ajuste futuro se dará en los valores minoristas medido en pesos.

b) Durante el segundo trimestre, el pago de Impuesto a las Ganancias y bienes personales generó un fuerte aumento estacional de la recaudación. Por otro lado, el Estado nacional no tenía grandes pagos de vencimientos internos para enfrentar; por lo que realizó un ahorro que contrajo la demanda interna. De esta forma, hubo una menor presión para un cambio de precios relativos y, por ende, para la suba del IPC. Sin embargo, en el tercer trimestre y aún sin suponer una «Elección Feliz» (replicando la «Navidad Feliz» de fines de 2004), el sector público será expansivo; ya que desahorrará para enfrentar pagos de deuda doméstica. Así, presionará al aumento del gasto interno y a que continúe la suba de los precios minoristas.

c)
A partir de mayo y hasta finales de julio, la demanda de circulante en poder del público crece fuertemente por razones estacionales. La gente ahorra para irse de vacaciones y cobra el aguinaldo; lo cual la lleva a tener más pesos en el bolsillo. Mientras aumenta el atesoramiento de moneda el Banco Central puede emitir para comprar divisas sin preocuparse de que se vuelva un incremento de la demanda interna que presione sobre los precios internos. Sin embargo, a más tardar a principios de agosto se produce una fuerte merma estacional del circulante en poder de la gente; ya que empiezan a gastar lo atesorado.

Es cierto que el cambio de precios relativos no depende del Banco Central; pero éste sí determina a qué niveles de inflación se produce.
Si prioriza emitir aumentando artificialmente la demanda interna para sostener el valor del dólar, entonces la suba de precios internos será mucho más alta que si pone en primer lugar el cumplimiento de las metas de inflación. En este caso, por lo menos, debería llevar la base monetaria al piso del programa prefijado y dejar al gobierno nacional que sostenga el tipo de cambio con el superávit primario y con la colocación de deuda en el mercado doméstico. ¿Cuál es el sentido que un Banco Central que no necesita prever el pago de pasivos en dólares futuros se endeude para prever las cancelaciones que deberá hacer el gobierno? ¿Por qué el Ministerio de Economía no paga los costos de tener cubiertas sus necesidades de divisas futuras? Esto no solamente genera una peligrosa tendencia al déficit cuasi fiscal y pone en riesgo el cumplimiento de las metas de inflación, sino que pone en duda la tan mentada independencia de la autoridad monetaria.

No cumplir con las metas de inflación que fijó el Banco Central para 2005 implicará que la estrategia de política monetaria y cambiaria asumida pierda toda credibilidad debiendo definirse alguna otra para el futuro. Por lo tanto,
el nivel de incertidumbre aumentará fuertemente y con él caerán los niveles esperados de inversión, de crecimiento, empleo y bienestar económico de los argentinos.

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