Es importante no olvidar el contexto internacional favorable a los políticos tecnócratas que se respiraba en el mundo hacia fines del siglo XX. Estos personajes, que fueron protagonistas de las reformas neoliberales en muchos países de diversos continentes, gozaban de un prestigio internacional. La idea de que los technopols eran portadores de recetas universales estaba en su esplendor.
Memoria activa 2001 (Parte 22)
Cavallo, político tecnócrata internacional. "Tienen que irse acostumbrando a Cavallo y a algunos otros Cavallos que vengan por acá" Abdalá Bucaram, presidente de Ecuador, agosto de 1996.
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Según Torres Reina (2012), la presencia de asesores externos y organizaciones internacionales de financiamiento ha sido una constante de las políticas económicas y exteriores de América latina, y tiene un origen en los Estados Unidos. Los políticos tecnócratas, dicen las perspectivas más críticas -como las de este autor- han sido una forma de viabilizar los postulados de las agencias gubernamentales de Washington en otros países del hemisferio.
Estas “sugerencias, recomendaciones e imposiciones” se planteaban como generalizables a un amplio conjunto de países, sin contemplar las especificidades económicas y sociales de cada uno de ellos (Torres Reina); se buscaba asimilar, a través de estas recomendaciones, al conjunto de las economías nacionales según el exitoso modelo económico norteamericano. Estos intereses, dirá el autor, han estado representados en algunos por los políticos norteamericanos, en otros por las corporaciones internacionales, o por los grandes grupos financieros. Los centros académicos estadounidenses preparan cuadros técnicos que luego transfieren tesis formuladas para otros ámbitos en América Latina. Los tecnócratas, con contactos en los centros académicos, fluctúan entre el funcionariado, los organismos internacionales y los centros académicos nacionales e internacionales, replicando siempre los modelos oportunamente aprendidos.
En este marco hay que entender la vida internacional de Cavallo tras su paso por la función pública durante el gobierno de Carlos Menem. Pero aunque pudo inclinarse por la vida académica en Estados Unidos, como Zedillo (México), ese destino lo aburría. Descartó convertirse en profesor y dedicó años de su vida a ser asesor de otros gobiernos. A exportar, en suma, su experiencia con la convertibilidad.
Así fue como llegó a Ecuador. Aunque nunca fue nombrado oficialmente como funcionario o asesor presidencial, tras la asunción de Abdalá Bucaram como presidente de ese país el 10 de agosto de 1996 -Cavallo estaba recién salido del gobierno menemista-, el economista argentino Domingo Cavallo ya estaba en Quito conversando con el entonces novel mandatario. Tanto Cavallo como Bucaram declararon ante la prensa favorablemente sobre esa posibilidad: “yo les pregunto a todos esos genios (ecuatorianos) de la economía: ¿Las medicinas que toman, las descubrieron adentro (del país)? ¿Las operaciones de corazón abierto las descubrimos adentro? No, fue afuera”, dijo entonces Bucaram.
Un párrafo especial merece la convocatoria de Cavallo a Moscú en 1998, tras la feroz crisis del rublo del año anterior. Según informaban los diarios argentinos en ese entonces, el ex ministro de Economía había sido invitado por Boris Yeltsin y el entonces primer ministro, Viktor Chernomyrdin, para asesorar a su gobierno para “resolver la crisis”. Y agregaba que Rusia debería ser ayudada por Occidente con un virtual plan Marshall, con el apoyo financiero de Estados Unidos, Alemania y el Fondo Monetario Internacional, para establecer una suerte de “currency board” (esquema de convertibilidad) y recuperar así la confianza interna y externa. Los diarios creaban gran expectativa: decía La Nación que el ex ministro estaba “aparentemente incómodo porque se había filtrado la noticia de la invitación”, pese a lo cual Cavallo no negaba nada ni rehusaba a hacer declaraciones. Y decía cosas como que “Occidente no puede desentenderse de la grave situación rusa porque la inestabilidad política y económica de un país de esa importancia repercute sobre todo el mundo”, o que “hubo contactos discretos (...) con la conducción del FMI y del Tesoro norteamericano para saber si una propuesta de colaboración suya con Rusia contaría con el beneplácito de Michel Camdessus y del gobierno de Washington, ya que sólo una iniciativa de apoyo occidental integral puede ser exitosa”. Agregaba el cronista de La Nación: “desde ambos lados hubo un caluroso vía libre para el asesoramiento de Cavallo. Visto desde Washington, la intervención personal de un economista de la Argentina permite evitar, frente a la opinión pública rusa, la posible crítica interna a un plan exterior venido de los Estados Unidos”. La Nación no disimulaba su inclinación de mostrarlo a Cavallo como un héroe tecnocrático internacional. En la mencionada nota, decía que “mientras tomaba un cortado y una medialuna, muchos parroquianos del lugar lo saludan y lo felicitan por la sorpresiva noticia de su asesoría a Rusia” y que “la cuestión rusa lo atrae como un imán”. Cavallo era elevado a la categoría del salvador internacional.
La función del político tecnócrata, tal como describe Torres Reina, aparece asociada a la del consultor y el funcionario internacional. La totalidad de los economistas del período delarruísta se desempeñaron como consultores o fueron contratados por organismos internacionales después de la gestión. José Luis Machinea fue Secretario General de la CEPAL-Minnesota Boy-, Domingo Cavallo asesor de gobiernos (al igual que Carlos Bastos); Ricardo López Murphy volvió a la Fundación Investigaciones Económicas Latinoamericanas, habitual contratista de gobiernos y organismos, y Llach hizo lo propio en diferentes instituciones. Ello nos lleva, por un lado, a preguntarnos sobre la naturaleza de la función del tecnócrata-consultor. Así suelen denominarse aquellos profesionales que ofrecen sus servicios en forma eventual y en un marco de contratación. El que estos funcionarios puedan vender por igual sus servicios a gobiernos de cualquier país, incluido el suyo, abre todo tipo de preguntas acerca de la representación de los dirigentes. En general, los estados establecen límites de nacionalidad para ejercer cargos electivos (los presidentes y primeros ministros, casi siempre, deben ser nacidos en los territorios o tener la nacionalidad. Pero los políticos tecnócratas, como hemos visto, pueden ser transnacionales sin demasiada dificultad.
No obstante, tal como veíamos en aquellas publicaciones periodísticas, el caso de Cavallo parecía especial. Se construía una figura política, nutrida del prestigio internacional que reflejaban las coberturas mediáticas. Cavallo, finalmente, era un dirigente político con aspiraciones. Y en su decisión de aceptar el cargo que le ofrecía De la Rúa, tal vez había una especulación política. Más allá de la representación, se decía que Cavallo tenía un prestigio de tecnócrata infalible. Si ingresaba al gobierno de De la Rúa y resolvía la crisis, tal vez sería el próximo presidente.
(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani
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