2 de julio 2008 - 00:00

"El BCE subirá sus tasas, y la Fed lo seguiría"

El especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, el banquero de la película «Wall Street», opina que luego de una primera suba de tasas que podría ocurrir esta semana, el Banco Central Europeo se tomará su tiempo para evaluar las consecuencias y para decidir cómo seguir. «Si la dinámica del crudo no cede, y dado que la elección presidencial se celebra seis días después de la reunión de octubre, no me sorprendería que la Fed revisara su posición. Podría intentar una suba en agosto», dijo.

El BCE subirá sus tasas, y la Fed lo seguiría
Periodista: Ya está confirmado. Comenzó el mercado «bajista» (bear) en Wall Street. Quizás, a esta altura, después de tantos sofocones, no sea sorpresa para nadie.

Gordon Gekko: No crea. No hace mucho se pensaba que lo peor de la crisis ya había pasado.

P.: Mientras las acciones se hunden, el informe ISM anticipa que la producción industrial de EE.UU. habría repuntado en junio, por primera vez desde enero. Considerando otra novedad favorable, el aumento del consumo personal en abril y mayo, ¿puede ser que la economía real esté más sólida que Wall Street?

G.G.: La economía se mantiene a flote. Con dos recesiones sectoriales a cuestas (la inmobiliaria y la automotriz), avanza a marcha lenta. La Bolsa, en cambio, está inmersa en pleno proceso de rápida contracción. No es contradictorio. Ocurre que la Bolsa mira hacia delante. No objeta el presente. Es el futuro lo que no la convence.

P.: Por fortuna no es un oráculo infalible. Después de todo, los récords absolutos del Dow Jones datan de octubre pasado.

G.G.: Correcto. Pero es una voz que tiene peso. Equivocada o no, conviene prestarle atención. En octubre apostó a la capacidad de la Fed de enderezar rápido la situación. Recuerde que la baja de tasas -el recorte inicial de medio punto- se produjo a mediados de setiembre.

P.: Y no acertó. A pesar de un torrente de reducciones de tasas de interés que las llevaron de 5,25% a 2%, las condiciones financieras volvieron a complicarse y la economía nunca salió del atolladero.

G.G.: Los máximos de octubre señalaron un horizonte despejado, de recuperación franca, que no se verificó. Pero la Bolsa tuvo un acierto notable. No convalidó la opinión mayoritaria de que la economía se precipitaba, de buenas a primeras, en el pozo de una recesión.

P.: Hasta ahora. El flamante mercado «bajista» le acaba de bajar el pulgar a la expansión. Descuenta, esta vez sí, el fin próximo del ciclo que comenzó en 2001.

G.G.: Con las acciones de los bancos cayendo a plomo, es un mensaje creíble y muy contundente.

P.: Otra vez la Fed y los bancos centrales aparecen involucrados en la gestación del movimiento. Nada fue igual desde que comunicaron la voluntad de endurecer sus políticas sin esperar, como de costumbre, a que cicatrizaran las heridas recientes.

G.G.: Sucede que hay menos grados de libertad que en el pasado. El petróleo pone muchísima presión. En materia de inflación, todos los bancos centrales están en «offside» si se toman, al pie de la letra, sus propios límites de tolerancia.

P.: Finalmente, el pez por la boca muere.

G.G.: La credibilidad es el activo más valioso en la hoja de balance de un banco central. Es natural que se lo quiera conservar. Mire: el anticipo de la inflación minorista de junio en la eurozona arroja una variación de 4%. El mandato del Banco Central Europeo (BCE) es que debería ser levemente inferior a 2%. Hace ocho meses que no se cumple y, para peor, la inflación de junio trepó al doble.

P.: El discurso duro de los bancos centrales bastó para agrietar las paredes de los mercados de acciones. Pero no alcanza para frenar el embate alcista de las materias primas.

G.G.: La suba de las materias primas se truncó en marzo, con la notable excepción del crudo. Es el crudo el que se desbocó. El que tracciona al arco completo de los commodities y desestabiliza el cuadro de las presiones inflacionarias.

P.: ¿Habrá que disparar un cañón para matar a una mosca molesta?

G.G.: Por eso se prefiere hablar. Pero, como usted dijo, las palabras tal vez no alcancen. Aunque es curioso que en un tema muy sensible -el dólar-, la retórica, hasta el momento, resultó suficiente.

P.: Tiene razón. Nadie ha querido arriesgarse cruzando de nuevo el Rubicón de 1,60 vendiendo dólares en procura de euros.

G.G.: La decisión de sugerir un piso para el dólar puede elaborarse como una contribución del G-7 a la tarea de estabilizar tanto el mercado de cambios como los de materias primas.

P.: ¿Este jueves el BCE subirá las tasas? ¿O frenará a último momento?

G.G.: Entiendo que no hay vuelta atrás.

P.: ¿A pesar de la presión de los políticos?

G.G.: Con más razón todavía.

P.: Será el primer cañonazo.

G.G.: Tal vez envuelvan el proyectil en celofán. Para minimizar el daño colateral.

P.: La discusión pasará a ser si habrá o no repetición. ¿Usted que cree?

G.G.: El BCE se tomará su tiempo para decidir qué conviene. Querrá ver qué daño causa su intervención en el blanco y cuánto escombro en el sistema financiero, los mercados de capitales y la actividad real. En el pasado, la cadencia de ajustes del BCE supo ser una vez cada dos o tres encuentros. Saltear una reunión no sería nada extraño.

P.: ¿Cree que la Fed le seguirá pronto sus pasos?

G.G.: La Fed tiene menos presión sobre las espaldas porque su propio mandato dual -estabilizar empleo e inflación- le otorga mayor espacio de maniobra. Y la variable que usa como guía -el deflactor del gasto de consumo personal sin energía ni alimentos- se preserva en 2,1%. Aun así no puede desligarse de lo que ocurre con la inflación minorista general -4,2% con promesas de alza- y de ahí el viraje de su discurso. Si la dinámica del crudo no cede, y dado que la elección presidencial se celebra en noviembre (seis días después de la reunión de octubre), no me sorprendería que la Fed revisara su posición. En cuyo caso podría intentar una suba en agosto, iniciativa que ya tiene un voto a favor, el de Richard Fisher. Habrá que convencer a los demás de que el sistema financiero puede soportarlo. Los ajetreos de estos días, por cierto, proveerán un buen chequeo.

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