El comportamiento de los precios al consumidor en EEUU es "excelente"
(El experto en mercados internacionales personificado como el banquero de la película «Wall Street», Gordon Gekko, considera que la marcha de la inflación en Estados Unidos no da lugar para mayores preocupaciones. De todos modos, señala que la Reserva Federal se mantiene vigilante y con el dedo en el gatillo para seguir subiendo la tasa de corto por la presión de los precios de la energía. Este fue el diálogo que mantuvo con este diario.)
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Gordon Gekko: El comportamiento de los precios al consumidor es excelente, máxime dadas las circunstancias que gobiernan los mercados energéticos.
P.: ¿Cuánto de transitorio encubre este notable comportamiento?
G.G.: Llevamos cuatro meses consecutivos que pueden juzgarse como intachables. En mayo y junio, los precios de la energía declinaron y ello ayudó sobremanera. Pero en abril y en julio esos precios treparon 4,5% y 3,8%, respectivamente y en ambos meses el costo de vida escaló 0,5% mientras la inflación subyacente no varió en abril y apenas avanzó 0,1% en julio. Esto no es un mero golpe de buena fortuna.
P.: ¿Cuánto subió la energía? Y ¿cuánto los precios al consumidor?
G.G.: En el último año, la energía se encareció 14,2%. Los precios minoristas, por su parte, subieron sólo 3,2%. La inflación considerada sin los componentes volátiles de la energía y los alimentos, a su vez, registró una marca mucho más modesta: 2,1%. Y esta medición incluye un alza de 6,3% en el renglón del transporte; un coletazo obvio del shock de precios de la energía.
P.: Todo dentro de andariveles aceptables.
G.G.: Eso pienso. De hecho, el comportamiento reciente es mucho más auspicioso aún. Si usted analiza lo acontecido en los últimos tres meses verá que los precios trotan a un ritmo de 1,9%; en franca desaceleración con respecto a la lectura de 3,2% del período de doce meses. La inflación subyacente, en tanto, trepa un magro 1,6%.
P.: Pese a ello, la Fed no baja la guardia. Y promete más ajustes en las tasas de interés. ¿Por qué?
G.G.: La suba de la energía, quizá contra todos los pronósticos, no ha cesado de remontar vuelo ni tampoco ha frenado el auge de la economía global. Es un cuadro más tirante que el que la Fed tenía en mente para estos tiempos. Obliga a mantenerse vigilante. E impide cantar victoria.
P.: La amenaza de inflación que desvela a la Fed es una inflación de los precios de la energía.
G.G.: Totalmente. Los costos laborales unitarios también han comenzado a trepar -después de evolucionar a lo largo de tres años en baja-, pero, hoy por hoy, ese proceso puede considerarse más un problema de futura erosión en los márgenes de ganancias (récords) de las empresas que un pasaporte para renovados aumentos de precios.
P.: Greenspan dejó entrever, varias veces, su impresión de que la suba del petróleo no estaba tan lejos de revertirse.
G.G.: Lo recuerdo bien; yo también compartía esa visión. Pero el hecho es que no se verifica y todavía tenemos el invierno boreal por delante.
P.: La temporada de mayor demanda.
G.G.: Correcto. Para peor, el mercado de energía está operando con muy bajas reservas excedentes -menos de dos millones de barriles diarios-, o sea, en condiciones «just in time»; a tiro de no tener con qué cubrir una perturbación seria de la oferta si ésta llegara a presentarse. Y, mientras tanto, la demanda no cabecea.
G.G.: No es lo que hubiéramos presagiado. Basta con repasar los pronósticos para darse cuenta. Pero es precisamente lo que está ocurriendo. Es verdad que hay países como China donde los precios finales de la energía se fijan políticamente y la suba de los costos no se ha trasladado a los usuarios en forma plena; de ahí, la tenacidad de la demanda. Pero las aerolíneas y las demás empresas de distribución, correos y logística norteamericanas que forman parte del índice Dow Jones Transportation sí pagan los precios de mercado y a juzgar por la marcha de los papeles -flirteando en los niveles récord históricos absolutos de toda la serie- todavía tienen una espalda ancha como para dar batalla.




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