El secretario del Tesoro de los Estados Unidos desde enero de 1995 hasta enero de 2001, Robert Rubin, junto a Jacob Weisberg han escrito el gran libro que por su contenido merecería ser leído atentamente por el lector, cualquiera sea su juicio personal sobre Clinton y su gestión presidencial.
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El eje del pensamiento de Rubin es lo que estima como la cualidad esencial de un gobernante para tener éxito en su labor, o al menos para equivocarse lo menos posible, que denomina en su libro «probabilistic thinking», concepto bajo el que involucra preguntas tan importantes como: ¿Qué podría suceder con determinada situación? ¿Qué pasaría si la presunción aceptada fuese errónea y no se diese en la realidad? ¿Qué consecuencias podrían producirse en esta eventualidad?
El gobernante y los analistas en función de gobierno o toda persona en puestos de responsabilidad, sean públicos o privados, tienen que examinar el rango completo de escenarios posibles, así como los costos y beneficios de cada una de las medidas que se consideran, dejando a un lado los favoritismos ideológicos o las modas intelectuales que puedan estar vigentes.
Para Rubin, la realidad del mundo actual es un rompecabezas muy complicado, pobremente entendido incluso por los mejores analistas, en el cual puede suceder y seguramente sucederá una gran cantidad de hechos impensados, sorprendentes, imprevistos, para enfrentar los cuales con probabilidades de éxito sirven muy poco las recetas de los grandes economistas o los modelos matemáticos construidos sobre supuestos distintos de los que marcan el surgimiento de una realidad objetiva diferente de la pensada.
• Fragilidad
Rubin tuvo un éxito extraordinario como conductor de la primera economía del mundo, pero jamás se engañó a sí mismo respecto de la fragilidad de toda concepción mental destinada a la comprensión del mundo fenoménico, dado que éste es por su propia índole notablemente volátil, sutil y elusivo aun para el más lúcido de los pensadores. Por sobre todas las cosas, siempre trató en su gestión pública de mantener «the big picture in mind» como el faro nocturno o la brújula orientadora en la noche cerrada y tormentosa de las severas crisis que debió afrontar, como la ayuda a México para capear el tequila, la explosión de los mercados del sudeste asiático en julio de 1997, el default de la deuda externa de Rusia en 1998, el cuasi colapso del Long Term Capital Managment en los Estados Unidos, la ruptura del tipo de cambio fijo en Brasil en 1999 y otros eventos no tan notorios.
Para Rubin, el actual gran déficit fiscal de la economía estadounidense va a hacer subir las tasas de interés en los títulos a 10 años de 4,4% a 7,3% en un futuro cercano, dado que, según estimaciones, por cada 1% de incremento del déficit en relación con el producto interno bruto, las tasas a largo plazo se incrementarían en 0,4%. A estos cálculos les caben las mismas reservas intelectuales que son propias de su pensamiento probabilístico, al igual que su convicción de que cuando el valor de capitalización total de las cotizaciones bursátiles supera 50% del PBI, es hora de que los inversores comiencen a sentirse preocupados.
El libro de Rubin puntualiza que la columna vertebral de su labor como secretario del Tesoro y la clave para despertar un fenomenal crecimiento económico como sucedió y para lograrun récord histórico de empleo sin ninguna amenaza inflacionaria radicó en el firme control que se logró en el gasto público y en la reducción y posterior eliminación del déficit, permitiendo una sustancial reducción de las tasas largas, lo que posibilitó financiar y hacer lucrativa la explosión de inversiones del sector privado que se produjo.
Todo libro notable deja una estela de enseñanzas del mismo tenor y tal vez la más remarcable es que nada sustituye al análisis sistemático de la realidad practicado con seriedad y humildad como guía para una acción de gobierno que, como el mismo Rubin señala, permita que de cada 4 decisiones sólo 1 se muestre errónea, en cuyo caso el éxito está presto a ser logrado.
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